Rendidos ante Dios
Iglesia Gracia Campus Pastor
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Continuamos con esta cautivadora historia, a la vez bastante complicada. Hemos visto que no es una familia con un historial perfecto. Hay muchas cosas pasando: hay pecado, hay engaño, hay mentira. Todo esto entrelazado en la historia de José. Pero a la vez nos hemos dado cuenta de que la Biblia no solamente nos está mostrando esta historia en aislamiento para aprender sobre José, simplemente no. Es parte de lo que Dios está haciendo, pero a la vez nos damos cuenta de que esta historia está entretejida en muchas otras historias.
La historia de sus hermanos, hemos estado viendo cómo ellos están cargando con esta culpa del pasado; la historia de su padre, Jacob, y su temor de perder a otro hijo y, a raíz de todo esto, cómo Dios está cumpliendo la promesa que le hizo a Abraham, el abuelo de Jacob. Y a la vez la historia de José, sus hermanos, Jacob, pero a la vez es la historia del pueblo de Israel. Estos 12 hijos de Jacob iban a formar con sus familias las 12 tribus que finalmente iban a conformar el pueblo de Israel. Y ultimadamente, por medio del linaje de este pueblo de Israel, iba a descender el tan esperado Mesías, quien iba a venir a rescatar al mundo.
Ustedes pueden darse cuenta en Mateo capítulo uno, que Jesús es descendiente de Judá, quien es uno de los hermanos de Jacob y un personaje que va a tener un papel muy importante en el capítulo que vamos a estudiar hoy. Una historia entrelazada entre muchas otras historias, Dios cumpliendo su propósito de redimir a su pueblo y traerlo hacia él. ¿Y cómo terminamos la semana pasada? El capítulo 43 terminó de esta manera: "Y entonces los hermanos festejaron y bebieron libremente con José". ¿Cómo terminamos la semana pasada?
Con una gran ironía. Los hermanos, que estaban llenos de temor al tener que ir a ver a José nuevamente, trayendo consigo a Benjamín, el hermano menor que Jacob quería proteger, cambiaron ese temor y ahora están disfrutando de la generosidad y la hospitalidad de José, aquel a quien ellos habían traicionado y vendido. Mira la ironía. Alguien a quien habían rechazado, abandonado y vendido, ahora están sentados a su mesa festejando y bebiendo como si nada hubiese pasado. ¿Pueden ustedes saborear la ironía de lo que está sucediendo en ese momento? Y justo en ese contexto, cuando ante sus ojos ya todo había salido bien, lo logramos.
Vinimos otra vez con Benjamín, devolvimos el dinero, llevamos alimento, Benjamín está bien, Simeón lo sacaron de la cárcel. Ya ahora sí estamos bien, podemos volver a casa. Justo en ese momento, cuando pensaron que lo peor ya había pasado, que el susto ya había pasado, justo ahí empieza el capítulo 44, que dice así: "Cuando los hermanos estuvieron listos para marcharse, José dio las siguientes instrucciones al administrador del palacio". Este administrador van a ver que forma parte del plan que José está haciendo, y José le dice a su administrador: "Llena sus costales con todo el grano que puedan llevar y pon el dinero de cada uno nuevamente en su costal".
José le da instrucciones al administrador, pero el versículo dos dice lo siguiente: "Luego, pon mi copa personal de plata", José, ¿adónde vas con esto?, "Ponla en la abertura del costal del hermano menor", del menor de sus hermanos, Benjamín, a quien ellos querían proteger, quien Jacob no quería que fuese a Egipto. "Pon mi copa personal en su costal junto con el dinero de su grano. Y el administrador, el mayordomo, hizo tal como José le indicó". Entonces, ¿qué es lo que está pasando? Una vez más, lo hemos visto en las últimas semanas, José está poniendo a prueba a sus hermanos.
Está viendo si puede confiar en ellos o no. Y esta vez lo que arma es un complot. Es todo un plan para probar y revelar si ellos siguen siendo los mismos que una vez lo vendieron y lo abandonaron o si verdaderamente han cambiado. Y este es el punto. La idea es brillante y está cuidadosamente relacionada con la historia de cuando estos hermanos vendieron a José. Cuando uno la lee, ve que hay muchas similitudes y esto está cuidadosamente planeado por José y esto es lo que José está tratando de hacer.
Antes, capítulo 37, ellos no tenían ninguna razón para deshacerse de José. Nada más estaban celosos. Antes no tenían ninguna razón, pero ahora José les va a dar todas las razones lógicas y necesarias para justificar que ellos abandonen a Benjamín. ¿Ven lo que José está haciendo? Antes ustedes me abandonaron solo porque sí, ahora les voy a dar muchas razones para que abandonen a Benjamín, a ver si siguen siendo los mismos. Los va a poner bajo las peores circunstancias, acusándolo de robarse una copa personal de plata valiosa del mismo José, el segundo hombre con más poder en todo Egipto.
Versículo tres: "Luego, los hermanos se levantaron al amanecer con la barriga llena", bien descansaditos, bien tranquilos, "y emprendieron el viaje con sus burros cargados". Ya llevan alimento para todas sus familias, todo había salido bien. Cuando habían recorrido solo una corta distancia, apenas habían llegado a las afueras de la ciudad, es decir, no habían llegado ni a la esquina, cuando de repente José le dijo al administrador, este administrador está ahí obrando en todo este complot, le dijo: "Sal tras de ellos y detenlos.
Y cuando los alcances, pregúntales: ¿Por qué han pagado mi bondad con semejante malicia? ¿Por qué han robado la copa de plata de mi amo, la que usa para predecir el futuro? Qué maldad tan grande la que han cometido". Luces, cámara, acción. Empieza la actuación y este administrador se debió haber ganado un Óscar porque lo hacía tan real cuando él sabía que él mismo lo había puesto ahí. Y empieza la actuación, el complot que José había preparado. Y justo nuevamente, cuando ellos pensaban que literalmente ya iban de salida, ya habían cantado victoria, todo había salido bien, el administrador viene con esta acusación. Versículo seis: "Cuando el administrador del palacio alcanzó a los hombres, les habló tal como José le había indicado".
Y mira cómo responden ellos, los hermanos. Dice: "¿De qué habla usted? ¿Qué le pasa? ¿De qué está hablando? ¿Cómo se le ocurre? ¿Nosotros haciendo algo malo, cómo se le ocurre semejante acusación?" Y nosotros decimos: ajá. Dice, respondieron los hermanos: "Nosotros somos sus siervos y nunca jamás haríamos semejante cosa". Y ahora ellos van a explicar su argumento y dice: "¿Acaso no devolvimos el dinero que encontramos en nuestros costales? Lo trajimos de vuelta desde la tierra de Canaán. ¿Por qué robaríamos oro o plata de la casa de su amo?"
Y la lógica es buena. Ellos cuando vinieron esta segunda vez, trajeron consigo el dinero que habían encontrado en sus costales. Entonces dice: "Si nosotros devolvimos ese dinero, ¿qué le hace pensar que vamos a robar esta copa?" Pero ahora sus propias palabras, las palabras de los hermanos, los van a complicar aún más, porque ellos están convencidos de su inocencia. Entonces, ellos proponen esta sentencia. Mira la sentencia que ellos proponen.
Versículo nueve dice así: "Mira, administrador, si usted encuentra la copa en poder de uno de nosotros, que muera el hombre Que la tenga. Ellos están seguros de que son inocentes. Que muera el que la tenga y el resto de nosotros, mi señor, seremos sus esclavos.
Esta es una sentencia común en el mundo antiguo, la esclavitud como un medio para pagar una deuda, específicamente cuando no hay dinero, pero en este caso, lo que esto está reflejando es que ellos están sumamente confiados. Yo conversaba con un amigo de este tema, otro pastor, de la idea de que esto refleja que ellos tal vez vivían en una burbuja en la que pensaban que su vida estaba aislada, hermética y controlada. Y en esa burbuja en la que vivían, estaban seguros de qué hicieron, de qué no, y no conciben la idea de que haya un agente externo que pueda venir a influir e impactar su burbuja.
Y eso los lleva a tener esta arrogancia de decir: ¡Jamás! Sin saber que Dios los estaba probando, usando a José como un instrumento. Y lo peor de todo es que José ni se daba cuenta de lo que Dios estaba tratando con ellos. José solo quería probar su inocencia, pero esto, antes de seguir, debería ponernos a pensar a nosotros, porque muchas veces pensamos que nuestra vida está en aislamiento, en una burbuja controlada, hermética, que nadie puede impactar, que ni el gobierno, ni las finanzas globales, ni la guerra; vivimos en una burbujita.
Y la realidad, que podemos ver tan solo al levantar la cabeza y mirar a nuestro alrededor y al leer las Escrituras, es que realmente no existe tal cosa como esa. Nosotros no tenemos la potestad de aislarnos, de protegernos, de cuidar nuestra vida, sino que estamos a la merced de la voluntad de Dios, qué Dios está haciendo, qué agentes externos utiliza Dios para probar nuestra vida, para impactar nuestra vida. Y en medio de todas esas implicaciones, no nos abandona, continúa con nosotros, pero no podemos garantizar la seguridad de nada.
No podemos ser tan arrogantes. Versículo 10, mira lo que dice el administrador: "El que la encuentra muera y los otros serán esclavos", y el administrador dice: "Eso es justo", responde el hombre. "Pero no, solo el hombre que haya robado la copa será mi esclavo. Los demás quedarán libres". El mayordomo, el actor, sabiendo el plan de José, suaviza un poco la sentencia y dice: "No, no necesito que alguien muera ni que todos sean esclavos, solo el que tiene la copa". Versículo 11: "Entonces, ellos bajaron rápidamente sus costales de los lomos de sus burros y los abrieron".
Versículo 12: "El administrador del palacio revisó los costales de cada uno de los hermanos, desde el mayor hasta el menor". Obviamente, lo quería hacer más dramático. Esa es la escena, el clímax del complot, del conflicto. Entonces, va uno por uno y los hermanos están ahí: "Yo le dije que no", y cuando revisa al último, al menor, encontró la copa en el costal de Benjamín. ¿Cómo puede ser eso posible? Versículo 13: "Al ver eso, los hermanos se rasgaron la ropa en señal de desesperación y luego volvieron a cargar sus burros y regresaron a la ciudad".
En esta primera oportunidad que tienen para dejar a Benjamín, ya no lo dejan. Ahora vuelven con él. Pero nuevamente, saboreemos el momento. Cantando victoria, felices, saliendo de Egipto, de un pronto a otro, devastados por lo que ha acontecido. Lo mismo pasa con nosotros. Muchas veces pensamos que vamos en una trayectoria perfecta, que nada nos puede pasar y algo pasa y nuestra vida es completamente impactada de manera positiva o negativa. No tenemos control de nuestra burbuja.
Es una historia dolorosa. Hace poco mi país iba ganando un partido de fútbol tres a cero. Tres a cero contra una isla del Caribe que hace cinco años no jugaba fútbol. Y ya ganamos, qué bueno. Y el otro equipo nos metió cuatro en el segundo tiempo.
Todos estaban celebrando, todos se confiaron y algo pasó. Nuestra vida es mucho más importante que un partido de fútbol, pero si eso pasa en el fútbol, también pasa en la vida. No tenemos garantía de qué nos va a deparar el mañana. No podemos controlar nuestra salud, no podemos controlar el clima, no podemos controlar el gobierno, pero sí podemos confiar en Dios. Ellos pensaban que todo estaba bien. De un pronto a otro, el partido se pone en su contra.
Ellos se rasgan la ropa como una expresión pública de dolor y angustia y regresan a la ciudad. Versículo 14: "José todavía estaba en su palacio cuando Judá y sus hermanos llegaron". El mayor de todos es Rubén, pero Rubén no está tomando la iniciativa, es Judá, porque el texto nos dice que Judá junto a sus hermanos llegaron. Mira lo que pasa entonces: "Se postraron en el suelo delante de él. '¿Qué han hecho ustedes?' reclamó José. '¿No saben que un hombre como yo puede predecir el futuro?'". José sigue metido en su rol de actuación y sigue llevando esta historia, haciéndola más y más creíble.
Versículo 16: "'Oh, mi señor', contestó Judá, '¿cómo podemos responderle? ¿Cómo podemos explicar esto? ¿Cómo podemos probar nuestra inocencia? Dios nos está castigando por nuestros pecados'". ¿Sabe qué está diciendo Judá en este momento? Él está diciendo: nos rendimos.
No tengo palabras, no sé qué decir, no tiene propósito ni siquiera defenderme, argumentar, tratar de probar algo. Simplemente, me rindo, manos arriba. Porque lo que él está comunicando es: la verdad es que no robamos la copa, eso me consta, pero sí somos culpables de algo aún mayor y Dios lo ha encontrado. Eso es lo que dice la traducción un poco más palabra por palabra. Mira lo que dice la versión Nueva Biblia de las Américas, el versículo que recién leímos. Judá dice: ¿Qué podemos decir, señor? ¿Qué podemos hablar? ¿Cómo nos justificaremos?
Dios ha descubierto la iniquidad de sus siervos. ¿Qué voy a decir? ¿Qué voy a añadir? Pudimos esconderle nuestro pasado, nuestras atrocidades a nuestro papá y a todo el mundo. Y aunque creíamos que nos habíamos salido con la nuestra ocultando nuestro pecado, a Dios nada se le escapa. Y Dios lo ha visto y Dios siempre ha sabido.
Y él está permitiendo que esto pase, porque ¿sabe qué, José? Usted no sabe lo que hemos hecho. Usted no sabe quiénes fuimos. Usted no sabe lo que hemos callado por años. Usted no sabe el daño que hemos causado a otros. Usted no sabe las mentiras que hemos vivido, la culpa que nos ha perseguido.
Entonces, sí, tiene sentido. Tiene sentido lo que nos está pasando, porque así como vendimos a José hace años, entonces tiene sentido que ahora nosotros seamos sus esclavos.
Y por eso el final de ese versículo 16 dice: "Mi señor, todos hemos regresado para ser sus esclavos, todos nosotros, y no solo nuestro hermano, que tenía la copa en su costal". Judá está rendido, no tengo que añadir, esto no es José, esto no es el administrador, esto es Dios trabajando con nosotros.
Y me quedé sin palabras Versículo 17: "No", dijo José, "yo jamás haría algo como eso, jamás haría algo así, jamás me los dejaría a todos como esclavos, eso no es justo. Solo el hombre que robó la copa será mi esclavo, solo uno. Los demás pueden volver en paz a la casa de su padre". Los demás, que Dios los acompañe, que les vaya bien, ustedes tranquilos, váyanse en paz, déjenme solamente al hombre que hizo esta atrocidad, que es Benjamín. Los demás, váyanse tranquilos. Adelante, hagan lo que ustedes hacen mejor que nadie: abandonar a las personas. ¿Se acuerdan?
Ellos no tenían razón para abandonar a José y lo abandonaron. Ahora José les da todas las razones para abandonar a Benjamín y hasta los empuja y les dice: "Tranquilos, váyanse en paz". Lo cual es una ironía, dejar al hermano en paz, casi que empujándolos: "Tranquilos, todo va a estar bien".
Versículo 18: Entonces Judá dio un paso adelante y dijo: "Por favor, mi señor, permita que su siervo le hable tan solo unas palabras. Le ruego que no se enoje conmigo, a pesar de ser usted tan poderoso como el faraón mismo. Mi señor, anteriormente nos preguntó a nosotros, sus siervos: '¿Tienen un padre o un hermano?' Y nosotros respondimos: 'Sí, mi señor, tenemos un padre que ya es anciano y su hijo menor le nació en la vejez. Su hermano de padre y madre murió, y él es el único hijo que queda de su madre y su padre lo ama mucho'".
Eso es lo que está diciendo: "Sí, tenemos un papá que se llama Jacob. La mujer que Jacob amaba es Raquel, tuvo un hijo que ya no existe, nosotros lo vendimos. Y ahora el favorito de mi padre, José, es Benjamín. Y mi padre no quería que yo viniera aquí a Egipto por miedo a perder a Benjamín".
Eso es lo que él está explicando. "Y usted nos dijo: 'Tráiganlo aquí para que lo vea con mis propios ojos'. Pero nosotros le dijimos a usted: 'Mi señor, el muchacho no puede dejar a su padre, porque su padre moriría'.
Pero usted nos dijo: 'A menos que su hermano menor venga con ustedes, nunca más volverán a ver mi rostro'. Jacob no quería que Benjamín fuera, porque quería proteger a Benjamín de José, pero él no sabía. Pero por el hambre, los hermanos convencieron a Jacob de que los dejara ir y aquí están".
Entonces, versículo 27: "Mi padre nos dijo: 'Como ya saben, mi esposa tuvo dos hijos y uno de ellos se fue y nunca más regresó. Sin duda fue despedazado por algún animal salvaje y no he vuelto a verlo. Si ahora alejan de mí a su hermano y él sufre algún daño, ustedes mandarán a la tumba a este hombre entristecido y canoso'". Jacob está preocupado por Benjamín, pero a la vez, si pierde a Benjamín, Jacob va a morir. Versículo 30: "Y ahora, mi señor", Judá sigue hablando ante José: "No puedo regresar a la casa de mi padre sin el muchacho.
La vida de nuestro padre está ligada a la vida del muchacho. Si nuestro padre ve que el muchacho no está con nosotros, morirá".
Mira este sustantivo que usa, este pronombre: "Nosotros, sus siervos, ciertamente seremos responsables de haber enviado a la tumba a ese hombre entristecido y canoso". Nosotros como grupo, pero versículo 32, ya no habla de nosotros, sino habla de primera persona singular: "Mi señor, yo le garanticé a mi padre que me haría cargo del muchacho. Le dije que si no lo llevaba de regreso, yo cargaría con la culpa para siempre".
José le dice: "Váyanse en paz, tranquilos, que les vaya bien". Y Judá dice: "No, ya no puedo". Vemos a Judá tomar la iniciativa, primeramente da un paso hacia adelante, después empieza a explicar la situación, llega a representar al grupo de hermanos, pero finalmente termina hablando de una convicción personal. Y él dice: "Yo di mi palabra. Por lo tanto, no puedo desentenderme y permanecer pasivo de todo lo que está pasando y lavarme las manos. Eso le haría daño a mi padre y yo sé que es hacerle daño a mi padre, yo sé que es hacerle daño a un hermano". ¿Y saben qué?
Ese es el gran punto que Judá está diciendo: "No lo voy a volver a hacer. No voy a repetir la historia. El mal que había causado anteriormente no me da licencia para hacer lo mismo, para seguir en el mismo camino". Escuchen eso, eso es poderoso. Todo lo mal que hice antes no me da licencia para seguir viviendo en ese camino. Aunque antes pensaba en mí mismo y pensaba en mi conveniencia y había abandonado mi responsabilidad y me había ido, hoy no lo voy a hacer.
Hoy me voy a quedar aquí. No voy a abandonar, me voy a quedar. Y recordemos brevemente un par de detalles claves de la historia de Judá. Primeramente, en el capítulo 37, él fue el que le dijo a sus hermanos: "¿Qué ganaremos con matar a nuestro hermano? Tendríamos que encubrir el crimen. En lugar de hacerle daño, vendámoslo a esos mercaderes ismaelitas".
Judá fue el de la idea de venderlo. Judá tiene el título de abandonador. Él es el que se va y deja a todo el mundo atrás. Ese es un ejemplo. El otro ejemplo, en Génesis 38, Judá tiene un hijo, este hijo se casa con una mujer, Tamar, el hijo muere, le da otro hijo, ese segundo hijo muere, y en lugar de darle el tercer hijo a Tamar, Judá le dice: "Váyase, yo le aviso cuando él crezca". ¿Y adivinen qué hace? Se olvida de ella, abandona su palabra. En la misma escritura encontramos dos veces en las que Judá lo que es bueno para hacer es no cumplir su palabra, abandonar, lavarse las manos y seguir adelante con su vida.
Y si usted y yo leemos esas historias hasta el momento y no conociéramos el desenlace de esta historia, tan solo conociéramos la reputación y el historial de Judá hasta el momento, todos esperaríamos que en esta situación él hiciera exactamente lo mismo: abandonar el barco, buscar su beneficio, seguir adelante. Pero en esta ocasión algo ha cambiado.
Y el capítulo no termina con Judá yéndose. El capítulo termina con el versículo 33 diciendo lo siguiente: "Por favor, mi señor, permita que yo me quede aquí como esclavo en lugar del muchacho y deje que el muchacho regrese con sus hermanos. Pues ¿cómo podré regresar y ver a mi padre si el muchacho no está conmigo? No podría soportar ver la angustia que le provocaría a mi padre. Permítame quedarme, por favor. Yo no me puedo ir".
Y algo interesantísimo es que Judá no llama a los hermanos: "Venga, reunión familiar, ¿qué hacemos? ¿A quién dejamos? ¿Qué hacemos? ¿Qué pensamos?" No, él no tiene ni tiempo para pensar en ellos. Él tiene una convicción personal, él está decidido por sí mismo a no repetir la historia. Y no solamente intercede por Benjamín con palabras para convencer a José de: "Mire, por favor, ayúdeme, deme una manita". No, sino que sus palabras están impulsadas a sostenidas por sus acciones, que lo que están demostrando es un cambio impensable en su corazón. Nadie jamás hubiese apostado que Judá iba a tener la valentía, el coraje, la determinación para tomar esta posición. Y todas esas acciones solo reflejan su arrepentimiento.
Y nosotros, Iglesia, aquí sentados. Esta es una historia maravillosa que nos da un ejemplo a todos nosotros de cómo Dios puede cambiar vidas, de cómo Dios puede transformar corazones, porque hay personas aquí sentadas, hay muchas personas aquí sentadas que también dirían lo mismo: "Yo cargo con el peso de todo lo que pasó, de todas las malas decisiones, de todas las atrocidades, de todas las personas que he lastimado, de toda la vergüenza que he traído a mi familia. Yo cargo con toda esa maleta grande, pesada, y usted me puede decir: usted no sabe, usted no sabe de dónde yo vengo, lo que he hecho, lo que he visto".
Y yo le digo: "Sí, tiene razón, yo no lo sé, pero sí sé que Dios lo conoce, que no lo puedes ocultar de Dios y, a la vez, aun teniendo el peor pasado y la peor reputación del mundo, al igual que Judá, Dios puede cambiarte". Y Dios quiere cambiarte. Aunque nadie crea que eres capaz de cambiar y hasta te lo han dicho: "Él siempre va a ser así, ella nunca va a cambiar, ya yo no confío, ya no le creo". Aunque nadie lo crea, Dios sí puede. Aunque tú mismo no creas que puedes cambiar, Dios sí puede, pero tienes que rendir tu vida a sus pies, postrado y dejar de protegerte y dejar de tratar de manipular las situaciones para tu beneficio, sino decir: "Hey, Dios, aquí voy, atájame.
Caigo completamente sin protección a tus brazos". Y eso es lo que Judá está haciendo. Él no está protegiéndose, él no está buscando su beneficio. Él está confiando en que Dios lo va a proteger, aun si el futuro se ve siendo esclavo en Egipto. Y aquí está la idea que no se nos puede escapar. Este cambio que vemos en Judá lo produce Dios, pero va acompañado de mucho más que palabras, porque muchos aquí presentes también son buenos con las palabras y saben qué decir y saben cómo contentar a las personas y son astutos y ágiles y saben cómo moverse.
Pero las palabras no van a ser suficientes, porque el arrepentimiento no se queda en palabras, sino que es mucho más que eso. Sí, hay que confesar. Sí, hay que pedir perdón. Sí, hay que articular lo que está aquí adentro, pero a la vez eso debe producir acciones y movimiento. Judá no solamente abogó por su hermano, sino que él mismo se ofreció como un sustituto para tomar su lugar. ¿Y saben qué es lo que esta oferta de Judá está diciendo?
Yo no quiero vivir de alguna otra manera. Esto es lo que quiero hacer, caminar por el sendero de justicia cueste lo que cueste. Porque ¿qué gano protegiendo mi vida? ¿Qué gano protegiéndome a mí mismo y seguir en este camino de destrucción y de dolor? ¿De qué me sirve salir de este aprieto y llevar comida a mi familia y vivir con la culpa de haber abandonado a otro hermano para el resto de mi vida? ¿De qué me sirve? Hay cosas mejores que la vida misma. Estar en paz con Dios es mejor que cualquier otra cosa que podamos encontrar aquí.
Aún cuando José le dijo: "Vayas en paz", Judá entiende: la paz no va a venir de salir de este aprieto. Hay algo más importante que salir de mis circunstancias y por eso no se aferra a su vida. Nuevamente, se abandona en las manos de Dios.
En lugar de abandonar a su hermano, él se abandona a sí mismo, se entrega, se rinde completamente a la merced, a la voluntad de un Dios. Y eso requiere fe.
Entonces, Iglesia, si eres nuevo, este es el mensaje para ti. Abandónate, rinde tu vida, que Dios puede convertir cosas hermosas de donde solo hay cenizas. Es como un choque de carro que cualquiera lo ve y está todo arrugado y dice: "Eso es pérdida total". Tal vez tu vida tú crees que es pérdida total, que ya no hay arreglo, que no hay salida. Dios ve completamente otra cosa. Deja de buscar arreglos mecánicos, ayuda por aquí, por allá, y entrégate completamente a el Señor.
Porque lo que pasó con Judá no es solamente este acto de valentía, vamos a continuar la historia, pero a través de este hombre tan imperfecto iba a descender el salvador del mundo. ¿Cómo es posible? Y ese salvador del mundo también se iba a ofrecer como sustituto por nosotros. Entonces, mira esto: Judá es culpable, Benjamín es inocente y él ofrece tomar sustituto. Pero la historia con Cristo es completamente distinto.
Jesús no es culpable, Jesús es santo y perfecto. Nosotros somos los culpables. No tiene sentido que él tome nuestro lugar, pero en su grandeza, en su misericordia, en su inagotable amor, él toma nuestro lugar para que nosotros ahora tengamos libertad, para que nuestras vidas ya no sean pérdida total, para que nuestro pasado ya no nos defina, para que podamos encontrar esperanza en un mundo sin esperanza. Ese es el Dios que adoramos. Entonces, si eres nuevo, abandónate en las manos de Dios. Y si ya conoces a Cristo, glorifiquémoslo y alabémoslo, porque todos nosotros éramos Judá en algún momento.
Todos nosotros íbamos destinados a la destrucción y Él nos ha rescatado, nos ha transformado y continúa transformándonos de adentro hacia afuera. Iglesia, dejemos de protegernos, dejemos de pensar que vivimos en una burbuja y podemos controlar las cosas y entreguémonos, abandonémonos, rindámonos completamente al Dios que sostiene el universo, que está trabajando en nuestras vidas, entrelazando historias para su gloria. Oremos juntos.
Gracias te damos en esta mañana, Señor, porque pese a nuestro pasado, pese a nuestras atrocidades, pese a todas las razones por las que deberíamos vivir sin esperanza, pese a todo eso, nos has dado esperanza por medio de Jesús. Y hoy, al vernos en un espejo en la vida de Judá, queremos agradecerte, porque has abierto nuestros ojos y has abierto un camino para que nosotros persigamos el camino de la luz, cueste lo que cueste. Ayúdanos a no protegernos y a confiar en ti. Ayúdanos a hacer lo correcto, cueste lo que cueste, a ser valientes, a ser determinados.
Y también, Señor, te pido por aquellas personas que están inundadas y ahogadas en su pasado, en sus pecados, que ellas puedan entender a la luz de tu palabra, que no se trata de sus méritos, de sus esfuerzos, sino de tu gracia restauradora. Padre, ayúdanos como Iglesia a permanecer firmes y fieles en ti en cada paso que damos. Oramos esto en tu nombre, Jesús.