Reconocido, pero Desconocido
Iglesia Gracia Campus Pastor
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Vamos a continuar con nuestra serie en la vida de José. Quiero invitarlos a que tomen su Biblia y me acompañen al capítulo 42 del libro de Génesis. Vamos a continuar con esta historia que hemos estado estudiando ya por varias semanas y creo que tenemos que recordar dónde quedamos en la historia, cuál es el contexto, en qué momento de la historia nos encontramos. Dios había permitido que José llegara frente al faraón. Piensen en eso: el faraón, el hombre más poderoso del mundo en ese momento, el rey de Egipto. Dios permite que José, un extranjero, un hebreo de una tierra que ni siquiera tenía mucha importancia en ese momento, llegara frente al faraón y pudiese ser el instrumento que Dios utiliza para interpretar dos sueños que el faraón había tenido. Esos dos sueños anunciaban un momento de prosperidad y abundancia, siete años donde todo iba a ir bien en Egipto, pero también anunciaban siete años después una hambruna y escasez que iba a arrasar con la tierra de Egipto y sus alrededores. Al faraón ver la sabiduría que tenía José, lo puso a cargo de toda la tierra de Egipto. Piensa eso, se convirtió en el gobernador. Estaba el faraón y después estaba José. Tenía poder sobre todo lo que estaba pasando. Preparó graneros a lo largo del territorio para almacenar alimento durante los siete años de abundancia y así tener reservas para los siete años de escasez. Mira cómo termina el capítulo anterior. Dice lo siguiente: "Y llegaba a Egipto gente de todas partes", no solo Egipto estaba en esa situación, sino que todos los alrededores, para comprarle grano, ¿a quién? A José. Dios utiliza a este hombre, que en otras semanas hemos dicho un don nadie, que no viene de una familia real egipcia. Utiliza a José para que por medio de él pueda bendecir a Egipto y a los otros territorios que están a su alrededor, porque el hambre era intensa en todo el mundo. ¿Por qué les digo esto? Para dar contexto, sí, pero también para que recordemos que Dios está trabajando. Tal vez de maneras que José no entiende, tal vez de maneras que el faraón no entiende, tal vez de maneras que nadie en el reino egipcio puede entender, pero Dios está trabajando. Ese tema va a continuar en toda la historia. Versículo uno del capítulo 42, que vamos a estar estudiando hoy, dice lo siguiente: "Cuando Jacob, el padre de José, oyó que había grano en Egipto", le llegaron las noticias, "le dijo a sus hijos que estaban con él: 'Hey, ¿por qué están ahí sin hacer nada, mirándose el uno al otro? ¿Qué les pasa? ¿No ven que hay algo que hacer? He oído que hay grano en Egipto. Desciendan a Egipto y compren suficiente grano para que sigamos con vida. De no ser así, moriremos'". Vemos que es una situación de vida o muerte. Esta no es una hambruna que ha estado en la tierra por uno o dos meses, probablemente habían pasado años y ninguna familia tiene reservas suficientes para almacenar alimento por siete años. Era una situación verdaderamente complicada, pero a la vez vemos que hay cierta pasividad en los hijos de Jacob. El lenguaje que utiliza aquí es: "¿Por qué están viéndose el uno al otro y no hacen nada?" No había iniciativa, no había movimiento, estaban de brazos cruzados. Pero para ser justos con ellos, nosotros tenemos que entender que lo que Jacob les está pidiendo no es una tarea pequeña, fácil. No es tan fácil como ordenar un "delivery" de comida online o ir un momento al supermercado porque se nos acabó la leche. No, estamos hablando de desplazarse en burro unas 250 millas o hasta 350, dependiendo del trayecto que sigan. Es una petición significativa, grande y pesada. Versículo tres: "Entonces, ¿qué hicieron los 10 hermanos? Se fueron. Los hermanos mayores de José descendieron a Egipto", ¿a qué? A comprar grano. Ellos piensan que eso es lo que van a hacer: "Vamos a comprar grano". Versículo cuatro: "Pero Jacob, su padre, no dejó que el hermano menor de José, Benjamín, fuera con ellos por temor a que pudiera sufrir algún daño. Así que los hijos de Jacob llegaron a Egipto junto con otras personas", personas de todos lados iban a Egipto, ¿para qué? Para comprar alimento. Eso es lo que piensan que van a hacer, comprar alimento, porque el hambre también había llegado a Canaán. Piensa esto: habían pasado más de 20 años desde el momento en que Jacob perdió a su hijo José, y la herida todavía estaba fresca. El dolor todavía estaba en su corazón y por eso Jacob reacciona de esa manera. En el versículo cuatro, que ya leímos, él no dejó que Benjamín fuera por temor. Él tenía temor, ¿por qué? Porque ya había perdido a un hijo. Entonces, él hace todo lo que sea posible para proteger a Benjamín, el hijo que también era de Raquel, al igual que José, la mujer que él amaba. Pero al proteger a Benjamín a toda costa, también se estaba protegiendo a él mismo, porque no quiere experimentar ese dolor desgarrador de perder a otro hijo. Y nosotros tenemos que pensar: ¿esto es comprensible? Sí, por supuesto. ¿Es entendible? Sí, este dolor es real, es desgarrador, es fuerte, genera un trauma. Por supuesto que es esperable que él proteja a su hijo de esta manera, pero a la vez, aunque es comprensible y entendible, nosotros también tenemos que ver que, de alguna u otra manera, el dolor y el temor han llegado a gobernar sus acciones. El dolor y el temor que ha experimentado está informando e influenciando todo lo que él hace, las decisiones que toma, cómo piensa, cómo ve la vida. Eso lo ha marcado. Es real, el dolor es real, sí, pero a la vez está teniendo control sobre su vida. ¿Y qué hacemos? De esto vamos a estar hablando en este capítulo. Versículo seis: "Como José era gobernador de Egipto y estaba encargado de vender el grano a todas las personas, sus hermanos", los que acaban de caminar 250 millas, "tuvieron que acudir a él". Los mismos que lo habían vendido ahora llegan a buscarlo a él. "Cuando llegaron, se inclinaron delante de él con el rostro en tierra". Vaya momento. ¿Recuerdan cuando todo esto había sido anunciado al inicio de la historia? Capítulo 37 de Génesis, José, siendo un jovencito, tiene estos sueños donde su familia se iba a postrar ante él. Pero de ese momento a este momento muchas cosas han pasado. Los sueños de otras personas se habían cumplido: los sueños del copero, los sueños del panadero, los sueños del faraón. Pero los sueños que el mismo José había tenido parecen haberse desvanecido, haberse olvidado. Nunca sucedió nada hasta este momento Ahora parece que las cosas empiezan a tomar sentido. Sus hermanos se inclinan ante él, pero bajo unas circunstancias que ni sus hermanos ni José hubiesen jamás imaginado. Se están postrando ante José como el gobernador de Egipto. ¡Guau! ¿Quién se hubiese imaginado que esto iba a suceder? Se están postrando ante su hermano, como gobernador de Egipto, en medio de una hambruna letal. ¿Quién se iba a imaginar que esto iba a estar sucediendo? Y algo que no podemos olvidar o dejar pasar desapercibido es que esto no sucede para la exaltación de José, para alimentar su ego, porque él es superimportante. No, esto sucede para la preservación de la familia con la que Dios había hecho un pacto. Dios le había hecho un pacto a Abraham de que a través de él iba a ser una gran nación y iba a ocupar una tierra y bendecir a todas las naciones. Y esto forma parte de ese plan de Dios para preservar esta familia. No se trata solo de José. Es mucho más que eso. Dios está trabajando detrás de bambalinas. Yo me pongo a pensar: ¿qué estaba pasando por la mente de José en este momento? No sé ustedes, pero yo me imaginaba un momento, si este sueño se cumplía una realidad, yo me imaginaba algo más triunfal, algo marcado por éxito, pero esto se lee más bien como algo marcado por traición, teñido por heridas dolorosas que todavía estaban ahí. Y esto es interesante, porque todo esto sucede justo después de que José estaba listo para pasar la página. Él había llegado a ser el gobernador de Egipto, ya estaba listo para decir: "Okey, este es un nuevo capítulo en mi vida". Si recuerdan, el faraón le dio una esposa y José tuvo dos hijos. Y en ese nuevo capítulo de José, él les pone estos nombres. Manasés, que significa "Dios me hizo olvidar". Dios me ayudó a dejar atrás todo el dolor y la injusticia que experimenté y le puso el siguiente nombre al siguiente hijo, Efraín, que significa "Dios me hizo fructífero". Mira cómo me ha bendecido, mira dónde estoy. José estaba listo para pasar la página, iniciar un nuevo capítulo en esta nueva vida, dejando todo atrás, iniciando un nuevo horizonte. Y en medio de eso, aparecen sus hermanos, trayendo a su mente todos los recuerdos amargos, dolorosos, toda la injusticia que había experimentado. Dios trae eso a su mente. ¿Para qué? Yo creo que para recordarle que todo lo que había experimentado, toda la injusticia, toda la discriminación, toda la violencia, todos los falsos testimonios, ser vendido como esclavo, todo eso estaba sirviendo un propósito mayor que él no podía entender, que él no podía ver, que sus hermanos no podían ver tampoco, pero Dios estaba trabajando. Versículo siete: "José reconoció a sus hermanos enseguida, pero fingió no conocerlos. Y entonces les habló con dureza. 'Ustedes de dónde vienen', les preguntó. 'De la tierra de Canaán', contestaron. 'Venimos', ¿a qué? 'a comprar alimento'. Aunque José reconoció a sus hermanos, ellos no lo reconocieron". Y es esperable. La última vez que lo vieron tenía 17 años. Ahora es un hombre vestido con indumentaria egipcia. Ellos no lo reconocieron. Versículo nueve: "Entonces, recordó los sueños que había tenido acerca de ellos hacía muchos años atrás. Y les dijo", mira lo que José les dice: 'Ustedes son espías. Han venido para ver lo vulnerable que se ha hecho nuestra tierra'. 'No, mi señor', exclamaron. 'Sus siervos han venido simplemente', ¿a qué? 'a comprar alimento. Todos nosotros somos hermanos, miembros de la misma familia. Somos hombres honrados, señor. No somos espías". ¿Ustedes han notado cuántas veces ha aparecido esta palabra comprar? Han sido cinco veces hasta el momento y va a salir en más ocasiones. Eso es lo que ellos pensaban que estaban haciendo. Mi papá Jacob me mandó a caminar 250 millas para comprar alimento. Eso es lo que ellos dicen. Vine simplemente a comprar. Ellos piensan que venían simplemente a realizar una transacción ordinaria porque no podían ver que Dios estaba trabajando y que estaba orquestando algo mucho más grande de lo que ellos podían dimensionar. Los estaba llevando directamente a un lugar donde iban a enfrentar su pasado. Los estaba llevando a un lugar donde iban a encontrar a su hermano José. Los estaba llevando a un lugar donde finalmente como familia se iban a sentar para formar una gran nación. Y yo creo que nosotros debemos detenernos y aterrizar esto en nuestras vidas y aplicarlo. ¿Y cuál es la aplicación en cada cosa cotidiana de nuestra vida? Por más pequeña, por más insignificante y trivial que parezca, Dios está trabajando. En tu rol como mamá, en la casa, en tu rol trabajando como dueño de una empresa, en la iglesia, con tu familia, en el vecindario. Dios está trabajando en medio de las cosas triviales, de maneras que nosotros no vemos y no entendemos, cumpliendo un propósito mayor. Y nosotros tenemos un montón de ejemplos de eso. Si usted me hubiese dicho a mí años atrás que iba a estar predicando en Greenville, Carolina del Sur, yo le hubiera dicho: ¿dónde queda eso? Ni idea tenía que este lugar existía, ni idea tenía que iba a formar parte de una comunidad tan hermosa, que Dios me iba a bendecir con esta familia en la fe. Pero Dios está trabajando por medio de un contacto, una llamada, otra cosa, otra cosa. Y en lo cotidiano, en lo trivial, está escribiendo su historia en mi vida. Y yo tengo millones de historias de cada uno de ustedes, que voy a un país a buscar un mejor futuro para mis hijos, buscar oportunidades y sin saberlo, Dios está orquestando todo para que conocieran de Cristo. Y escuchamos historia tras historia en los bautismos. Yo vine aquí queriendo salvar la vida de mi hija, no sabiendo que Jesús iba a salvar la mía. En pequeñas cosas que parecen insignificantes vemos a Dios trabajando. Y usted puede decir: "Yo jamás pensé que iba a venir a la iglesia y míreme dónde estoy". "Yo jamás pensé que después de lo que había experimentado me iba a casar, iba a confiar en alguien". "Yo jamás pensé..." Miles de historias de cómo Dios trabaja en lo cotidiano. Nosotros pensamos que simplemente estamos haciendo una u otra cosa, pero él está escribiendo una historia trascendente mucho más grande. Él está reconciliando a la humanidad con él. Versículo 12. José les dice: "'Hey, ustedes sí son espías', insistió José. 'Han venido para ver lo vulnerable que se ha hecho nuestra tierra'. 'Señor', dijeron ellos, 'en realidad somos 12 en total. Nosotros, sus siervos, somos todos hermanos, hijos de un hombre que vive en la tierra de Canaán. Nuestro hermano menor quedó con nuestro padre y uno de nuestros hermanos ya no está con nosotros'". Ya no existe, dicen otras versiones. Y es otro hermano, José, y lo tenía al frente. "Pero José insistió: 'Como dije, ustedes son espías. Voy a comprobar su historia'". Él va a probarlos, a ver si están diciendo la verdad. Voy a comprobar su historia de la siguiente manera: "'Juro por la vida del faraón que ustedes nunca se irán de Egipto a menos que su hermano menor venga hasta aquí'". José quiere ver a su hermano. "'Uno de ustedes irá a traer a su hermano, los demás se quedarán aquí en la cárcel'". Uno va a caminar 250 millas solo y ese va a volver. "'Nuestro hermano menor...' Uno va a quedar aquí en la cárcel. 'Así sabremos si su historia es cierta o no. Por la vida del faraón, si resulta que ustedes no tienen un hermano menor, es decir, si me están mintiendo, entonces confirmaré que son espías". No sé si usted notó esto, pero ellos dicen vez tras vez: "Somos hombres honrados". "Hey, no, sus siervos somos honrados". ¿Y saben quién tiene pruebas suficientes para probar que ellos no son hombres honrados? José, al hombre que tienen al frente, a quien vendieron contra su voluntad. Y es por eso que José está buscando garantizar que ellos están diciendo la verdad. Está tratando de garantizar que Benjamín está con vida. ¿Será que se deshicieron de Benjamín así como se deshicieron de mí? Y yo creo que es sabio que José no les crea todo. Los está probando a ver qué está pasando realmente Versículo 17: "Entonces José los metió a la cárcel por tres días". Al tercer día, José les dijo, y esto es interesantísimo, después de tres días, José con lo que sale es esto: "Yo soy un hombre temeroso de Dios". ¿Qué tiene que ver eso en la historia? Vamos a ver. "Si hacen lo que les digo, vivirán. Si de verdad son hombres honrados, que yo sé que no son, escojan a uno de sus hermanos para que se quede en la cárcel. Los demás podrán regresar a casa con el grano para sus familias, que mueren de hambre, pero deben traerme a su hermano menor, esa es la condición. Eso demostrará que dicen la verdad y no morirán". Entonces José tomó tres días sin tomar decisiones, sin moverse, solo procesando. Y en medio del dolor experimentado en esos tres días, al traer a la memoria todos esos recuerdos, en medio del enojo, tal vez, que sentía al recordar la injusticia con que lo habían tratado. En medio de todo eso, de procesar tres días, él los busca y les dice: "Yo soy un hombre temeroso de Dios". ¿Y qué quiere decir eso? José está diciendo: "Yo no hago solamente lo que yo quiero hacer. Yo no hago justicia en mis términos, yo no tomo decisiones informando lo que yo deseo, sino que yo me someto a la voluntad de Dios". Y eso es aún más poderoso cuando vemos todo el contexto de lo que está pasando. José literalmente podía hacer lo que él quisiera. Era el segundo al mando en Egipto. Tenía una posición alta, tenía un título alto, tenía toda la autoridad, tenía todo el poder, tenía todos los sirvientes para cumplir su voluntad. Y aun así, con todo eso, él dice: "Al final del día, yo doy cuentas al Dios del universo. Por más que yo pueda tomar decisiones en mi cuenta, yo no confío en mi entendimiento, sino que me someto a Él. No busco cumplir mi voluntad, sino busco cumplir la de Él". Y es así entonces, como él cambia las condiciones de su trato. Él antes les dijo: "Uno va a ir solito 250 millas", y ahora dice: "No, ¿saben qué? Uno se queda aquí y los otros nueve van a ir juntos, a todo ese trayecto, llevar alimento para sus familias que están con hambre". ¿Y qué es todo eso? Eso es gracia, eso es misericordia. No podemos decir si eso brota de sus deseos. No sabemos si él quería vengarse. No sabemos, pero él no decide hacer lo que quiere, sino que decide someterse a la voluntad del Dios de el que teme. Ellos estuvieron de acuerdo, versículo 21: "Y hablando entre ellos mientras escuchaban esto, dijeron: 'Es obvio que estamos pagando por lo que le hicimos hace tiempo a José. Vimos su angustia cuando rogaba por su vida, pero no quisimos escucharlo. Por eso ahora tenemos este problema'". Y aparece Rubén, uno de los hermanos, y dice: "No les dije yo que no pecaran contra el muchacho. Ustedes no me hicieron caso y ahora tenemos que responder por su sangre". Es interesante. Los 10 hermanos empiezan a conectar las ideas y empiezan a procesar la realidad de que hay consecuencias por el pecado. Empiezan a procesar la realidad de que Dios todo lo ve. Empiezan a procesar la realidad de que Dios está trayendo esto a su mente 20 años después. Ellos habían estado viviendo ignorando todo lo que hicieron y 20 años después, Dios trae a su mente recuerdos específicos de lo que hicieron. Recuerdan la angustia de José, recuerdan sus ruegos, el sonido de su voz desgarrándose en el foso, pidiendo ayuda, pidiendo piedad, y recuerdan su decisión firme de dejarlo ahí y venderlo como un esclavo. Y todo eso empieza a atormentar sus mentes, porque aunque ellos habían ignorado su pasado y estaban ocultándolo, el tiempo no puede quitar la culpa. El tiempo, por más que pase el tiempo, no va a borrar la culpa. El tiempo puede ocultarla, puede ignorarla, pero no la elimina. Y es claro que ellos están llenos de remordimiento y tal vez están pasando un proceso de arrepentimiento, pero aquí tenemos que ser claros y debemos recordar que remordimiento no es lo mismo que arrepentimiento. Sentirse mal por el pecado que hemos cometido, eso no es arrepentirse. El arrepentimiento es un cambio de dirección, no solo admitir que estuvo mal, es dejar de practicar ese pecado, el mal que nos gobernaba es parte de, pero además de eso, es intencionalmente volverme a lo que es bueno, es dejar eso atrás, cambiar de dirección hacia el camino de la justicia. Remordimiento, sentirse mal, sentirse triste, sentir pena por los que se vieron afectados por mis acciones, no es arrepentimiento. Y un ejemplo de eso es Rubén. Rubén se siente mal, dice: "Ay, qué pesar lo que le hicimos a José", y empieza a tratar de evadir responsabilidad diciendo: "Hey, yo les dije, ustedes no me hicieron caso", pero pensemos en eso. Rubén fue un espectador pasivo. Todo eso pasó en frente de él y él no hizo nada. ¿Cómo hubiese sido un arrepentimiento? Si van y lo confiesan con su padre, Jacob, y le hacen frente a las consecuencias y piden perdón, y van y buscan a José y buscan tratar de retribuir el mal causado, pero eso no es lo que están haciendo. Versículo 23: "Obviamente, ellos no sabían que José entendía lo que decían, pues él les hablaba mediante un intérprete". Ellos pensaban que estaban hablando entre ellos. "Entonces, José, al escuchar todo esto, se apartó de ellos y comenzó a llorar". Tres días había estado procesando sus emociones, sus recuerdos y aun así su dolor es tan vívido que al escuchar todo este diálogo de sus hermanos, él tiene que apartarse en llanto. "Cuando recuperó la compostura, volvió a hablarles. Entonces escogió a Simeón e hizo que lo ataran a la vista de los demás hermanos. Después, José ordenó a sus siervos que llenaran de grano los costales de los hombres, pero también les dio instrucciones secretas de que devolvieran el dinero del pago y lo pusieran en la parte superior del costal de cada uno de ellos. Además, les dio provisiones para el viaje, así que los hermanos cargaron sus burros con el grano y emprendieron el regreso a casa". José les da alimento, José les devuelve el dinero y José les da provisiones para el viaje. Eso es gracias, es misericordia, es compasión. Versículo 27: "Cuando se detuvieron a pasar la noche y uno de ellos abrió su costal a fin de sacar grano para su burro, el burro tenía hambre, entonces, su dinero, encontró su dinero en la abertura del costal". ¿A ustedes les ha pasado cuando tienen un pantalón que hace mucho tiempo no usan y sienten algo y meten la mano y encuentran un billete? Me pasó la semana pasada en una boda, porque los pantalones de boda nunca me los pongo y me sentí muy alegre por la bendición de Dios. Entonces, algo así les pasa a los hermanos. Acaban de encontrar dinero. ¿Y cómo reaccionan? Con alegría. "¡Guau, mira qué bien lo que nos pasó!" No, versículo 28: "'Miren', exclamó a sus hermanos, 'me devolvieron el dinero. Aquí está en mi costal'. Entonces, se les plomó el corazón. Se les desplomó el corazón y temblando se decían unos a otros: '¿Qué nos ha hecho Dios?'". José no paga mal con mal. Aunque ellos lo trataron mal, él paga con bien el mal que ha recibido por medio de una generosidad excesiva y una bondad inesperada. Sin embargo, la conciencia culpable y pesada de sus hermanos interpreta esa gracia y esa bondad como una amenaza. Entonces, procesen eso. Dinero gratis, generosidad, sorpresas, buenos regalos. Y ellos interpretan eso como una amenaza, porque son incapaces de disfrutar ese regalo, porque están vigilantes y desconfiados. Están viendo alrededor de sus hombros, están temerosos. En mi país hay un refrán que dice: "El que nada debe, nada teme". Y esa es la idea, si tu conciencia está en paz, tú estás tranquilo. Pero si tu conciencia está pesada, son días arduos los que tienes que vivir. Y estos 10 hombres no tienen una conciencia ligera, tienen una cuenta pendiente y por eso tiemblan aterrorizados. Iglesia, tenemos que hablar de esto. Qué cansado es vivir así, qué cansado es vivir una vida de engaño y de mentiras, siempre intranquilo por estar ocultando lo que hice y que nadie se dé cuenta. Qué cansado es tratar de manejar dos vidas. Quiero recordarte que eso no es lo que el cristianismo nos llama a hacer. El cristianismo no nos llama a ocultar tu pecado y manejar las apariencias para que de afuera todo se vea bien, pero por dentro estés podrido. Eso no es lo que el cristianismo nos llama, sino que nos llama a confesar nuestro pecado, a sacarlo a la luz, aunque traiga consecuencias. Confiamos en Dios, en cómo él va a estar con nosotros en medio de esas consecuencias. Y si tú estás aquí sentado y cuando leemos esta reacción de los hermanos te identificas, Dios te está diciendo hoy: huye de esa vida de oscuridad, agotado por estar ocultando y cubriendo cosas. Huye de eso, trae tus pecados a los pies de Cristo, que su gracia es mayor que cualquier pecado que hayas cometido y él va a estar contigo en ese proceso de arrepentimiento. Qué cansado es vivir así. Versículo 29: cuando los hermanos llegaron donde estaba su padre, Jacob, en la tierra de Canaán, le contaron todo lo que había sucedido. El gobernador nos habló duro, nos dijo que éramos espías. Versículo 33: "Entonces, el hombre que gobierna la nación nos dijo: 'Comprobaré si ustedes son hombres honrados de la siguiente manera. Dejen a uno de sus hermanos aquí conmigo, tomen grano para sus familias hambrientas y regresen a casa, pero deben traerme a su hermano menor. Entonces sabré que ustedes son hombres honrados y no espías. Después les entregaré a su hermano, Simeón, que dejé aquí conmigo, y podrán comerciar libremente en la tierra'. Luego, al vaciar cada uno su costal, encontraron las bolsas con el dinero que habían pagado por el grano. Los hermanos y su padre quedaron aterrados cuando vieron las bolsas con el dinero". Y Jacob responde de esta manera ante todo lo que está escuchando. Él dice: "¡Ustedes me están robando a mis hijos!". Y procesemos el dolor, la angustia, el temor que está invadiendo a este hombre. "Ustedes me están robando a mis hijos. José ya no está, Simeón ya no está y ahora quieren llevarse también a Benjamín". Y grita desesperadamente: "Todo está en mi contra". Entonces Rubén aparece otra vez y le dice a su padre: "Puedes matar a mis dos hijos si no te traigo de regreso a Benjamín". Interesante que él no dice: "Puedes matarme a mí si no mata a mis hijos" . "Yo me hago responsable de él y prometo traerlo a casa". Pero Jacob le respondió: "Mi hijo no irá con ustedes. Su hermano José está muerto y él es todo lo que me queda, eres lo único que tengo. Si algo le ocurriera en el camino, ustedes mandarían a la tumba a este hombre entristecido y canoso". Entonces el capítulo de hoy termina con todo el mundo estando aterrado. Los hermanos están aterrados por la culpa que cargan y qué va a pasar, cómo van a ser sus vidas si se dan cuenta de lo que hicieron. Y Jacob está aterrado por la posibilidad de perder a Benjamín. Todo esto es real. Y yo pienso, al procesar esto, es increíble cómo las experiencias y la historia particular de cada persona marca profundamente cómo percibe la vida. Déjame decírtelo otra vez. Todo lo que hemos experimentado, todo lo que nos ha sucedido, todo lo que está en nuestro pasado, de alguna u otra manera nos forma, nos moldea para que nosotros apreciemos la vida de una manera peculiar. Eso es lo que estoy diciendo. Cada uno de nosotros tiene unos lentes a través de los cuales percibe el mundo. Y eso fue formado por nuestra personalidad, por nuestra familia, por nuestro contexto, por nuestras experiencias, por heridas que tenemos y que cargamos, la ausencia de un padre, violencia en la niñez, abuso, una traición, una pérdida, un divorcio, una estafa. Todas estas cosas nos marcan, nos afectan y eso causa que veamos la vida de cierta manera. Y esto le pasa a Jacob. El luto, el trauma de perder a José hace que él vea la vida de una manera específica y lo único que él puede ver ahora es: "Todo está en mi contra. Ustedes me están robando a mis hijos". Y eso es lo que los lentes de Jacob le permiten ver. José está muerto, Simeón está perdido, Benjamín está en peligro, el hambre va a destruir mi familia. Eso es todo lo que su perspectiva le permite ver. Pero Dios está trabajando. ¿Y qué es lo que Dios está haciendo? ¿Qué es lo que verdaderamente está sucediendo en todas las circunstancias? José está vivo. José es el gobernador de Egipto. Simeón está bajo su cuidado, está bien, y ahora José va a proveer el suficiente alimento para todo el tiempo de hambruna que falta preservando a su familia para hacer de ellos una gran nación. Eso es lo que Jacob puede ver en su perspectiva limitada. Los hermanos lo que pueden ver es temor de ser descubiertos. Es lo único que pueden ver sin saber que Dios está utilizando aún eso trivial de ir a comprar alimento como una manera de trabajar en ellos, de confrontarlos con su pecado. Y esta es la idea para nosotros hoy. Nosotros también tenemos lentes y lo que percibimos a través de esos lentes es real. Sí, es real. El dolor que experimentamos es real. La injusticia que acarrea nuestro corazón es real, es válido sentirse de cierta manera, pero esa imagen no es completa. Nosotros no podemos ver la totalidad del panorama y entender y apreciar lo que Dios está haciendo. Y aunque no podemos ver todo lo que Dios está haciendo, sí somos invitados hoy a confiar. Entonces, ¿qué hacemos con esto? ¿Qué hacemos con esto? Yo quiero decirte dos cosas. Primero, lo que tú ves en tu perspectiva, puedes traerlo a los pies de Cristo confiadamente. "Jesús, estoy asustado por el dictamen médico de mi mamá". "Jesús, veo las noticias y no sé cómo se va a dar un futuro para mis hijos". "Jesús, me cuesta confiar en mi esposo por todo lo que ha pasado". Todo lo que nosotros percibimos es la excusa perfecta para traernos al Padre. Es el recordatorio que tenemos de que somos criaturas finitas y frágiles, que no podemos controlar todo, que no podemos entender todo, pero es precisamente por esa razón que somos entonces atraídos al Padre bueno, generoso, que sí puede ver todo, que sí entiende todo, que sí está en control de todo y que está obrando en medio de la situación que estamos viviendo. Entonces, lo que vemos lo podemos traer a los pies de Cristo y en medio de todo eso, de nuestra visión incompleta, el consuelo disponible para nosotros no es que las circunstancias van a mejorar, sino nuestro consuelo es seguir confiando en Jesús, quien sí tiene una visión completa de todo lo que está pasando. Y escucha esto, antes de Jesús venir a este mundo, él ya tenía una visión completa de todo lo que iba a experimentar, de cuál era el plan perfecto de Dios y aun a sabiendas de todo lo que tenía que experimentar, morir en una cruz por nuestros pecados, recibir la ira justa de Dios para pagar por nuestros pecados, aun teniendo todo el panorama completo, perseveró en todo eso para vencer la muerte, para que nosotros hoy en día, a través de lo que sea que estemos viendo, podamos recordar que las circunstancias, como se vean, que se vean, no van a dictaminar el final de la historia, porque estamos seguros en el poder de Cristo, quien, número uno, nos acompaña en lo que sea que estamos viviendo. Número dos, trabaja en nosotros por medio de las circunstancias que estamos enfrentando. Y número tres, ha prometido que va a volver y al volver va a traer justicia por la injusticia que has experimentado y al volver va a secar las lágrimas de todo el sufrimiento que has enfrentado. Y ahí sí está el consuelo que tu alma tanto anhela. Aunque tengas unos lentes que te impiden ver la realidad trascendental, eterna, cósmica de las cosas, sí puedes aferrarte a la verdad de que Cristo conoce todo y todo lo que hace lo obra para tu bien. Oremos. Señor, gracias por este recordatorio que nos pone en nuestro lugar al recordar que somos criaturas tan finitas, tan incapaces de asimilar todo lo que pasa. Y gracias porque no solo nos recuerdas eso, sino que nos recuerdas que tú eres el creador. Tú sí sostienes todo, tú sí controlas todo, tú sí ves todo claramente, todo el horizonte. Y en medio de estas dos realidades, hoy nos invitas a confiar en ti. A confiar en ti, no en nosotros mismos. Te pido que ayudes a los que están aquí presentes, que confían en sí mismos y encubren su pecado, que puedan sacar todo eso a la luz y confiar en ti. Te pido por todos aquellos de nosotros que vivimos en temor por lo que pueda pasar, que tú nos recuerdes que independientemente de lo que pase, tú vas a estar con nosotros. Señor, ayúdanos a correr a tus brazos todos los días de nuestra vida y encontrar consuelo en que, aunque las circunstancias son temporales, nuestra relación contigo no es temporal, nuestra relación contigo es eterna. Y si te tenemos a ti, lo tenemos todo. En tu nombre oramos, Jesús. Amén.