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Olvidado en la Prisión
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Buenos días, Iglesia Gracia, ¿cómo están? Qué alegría poder reunirnos y congregarnos en esta mañana, poder adorar a nuestro Dios y también poder abrir su palabra y recibir lo que tiene preparado para nosotros. Hoy vamos a continuar con nuestra serie de la vida de José, que se encuentra en los últimos capítulos del libro de Génesis. Hoy vamos a estar en el capítulo 40. Quiero invitarlos a que vayan preparando su Biblia, yendo a Génesis, capítulo 40, que vamos a continuar con esta historia. Pero antes de iniciar con el versículo uno de ese capítulo 40, me gustaría que pasáramos una hoja atrás y recordáramos cómo llegamos hasta acá, cómo terminó el capítulo 39 que estudiamos la semana anterior. Termina de esta manera: en Génesis 39:22 encontramos lo siguiente: «Poco después, el director puso a José a cargo de los demás presos y de todo lo que ocurría». ¿Dónde? En la cárcel. Entonces, el capítulo 39, que estudiamos la semana pasada, termina con José en la cárcel. Versículo 23: «El encargado no tenía de qué preocuparse, porque José se ocupaba de todo. El Señor estaba con él y lo prosperaba en todo lo que hacía». José está en la cárcel, pero aún ahí, el Señor estaba con él, no lo había abandonado. Ahí termina el capítulo 39. Nuevamente, José hace el bien, rechaza la tentación de estar con la esposa de Potifar, tratando de ser fiel al Señor y a su amo Potifar, y aunque él hace el bien, recibe como paga el mal. Un castigo injusto, una condena que no merecía. Sin embargo, el texto, aunque nos deja bien claro la cruda realidad de la injusticia, también nos deja muy claro que aun en la injusticia, el Señor permanecía con él en la cárcel. Aunque el Señor estaba con José, José seguía en la cárcel. Aunque el Señor estaba con José, eso no implicaba que iba a ser sacado de la cárcel inmediatamente. No, el Señor estaba con él en la cárcel y esa fue la gran idea que estuvimos desarrollando la semana pasada: que aunque el Señor estaba con José, la presencia de Dios no garantiza la ausencia de problemas. Y eso lo hemos vivido todos los que estamos aquí presentes, que seguimos a Cristo. Seguimos a Cristo y hay un gozo real que el mundo no nos ofrece y tenemos esperanza de vida eterna en él. Él ha perdonado nuestros pecados y tenemos una vida nueva, pero seguimos enfrentando problemas y aflicción. Las cosas no son como deberían de ser. Sigue habiendo lágrimas, sufrimiento, e injusticia, porque el hecho de que Dios esté con nosotros no garantiza la ausencia de problemas. Pero la idea que vamos a estar estudiando hoy es que cuando Dios está con nosotros en medio de las pruebas, no solo sobrevivimos las pruebas y ya, sino que Dios usa las pruebas para trabajar en nosotros. De eso habla Santiago 1: «Alégrense cuando tengan que enfrentar todo tipo de problemas, porque nuestro carácter se fortalece». Primera de Pedro dice que nuestra fe se pule como el oro. O sea, en las pruebas, Dios trabaja en nosotros. Y lo que es aún más loco, es que Dios trabaja a través de nosotros o por medio de nosotros para bendecir e impactar a personas que nos rodean, aún nosotros estando en medio de la prueba. Y todo eso Él lo hace para su gloria, no porque nosotros seamos superpoderosos, no porque nosotros seamos supercapaces, sino porque sus planes son superiores a los nuestros y trabaja de maneras que no entendemos, aun cuando no nos damos cuenta. Y esto lo vamos a ver hoy en el capítulo 40 a través de la vida de José. Ya les di las ideas de hoy, esto es lo que vamos a ver, pero vamos ahora a verlo en el relato que encontramos a partir del versículo uno. Dice lo siguiente: «Pasado un tiempo, el jefe de los coperos y el jefe de los panaderos del faraón ofendieron a su señor, el rey». No sabemos cómo. Versículo dos: «El faraón se enojó con esos dos funcionarios y los puso». ¿Dónde? En la cárcel, donde estaba nuestro amigo José, en el palacio del capitán de la guardia, Potifar. «Ellos permanecieron en la cárcel durante mucho tiempo y el capitán de la guardia los asignó a José, quien se ocupaba de ellos». Entonces, algunos personajes que tenemos que tener claro en este pasaje: el faraón, el rey de Egipto, la máxima autoridad de este imperio, y ese faraón tenía ciertos puestos oficiales de mucha importancia, entre ellos el copero del rey, el jefe de los coperos. Esta era una posición de muy alto rango. Era el supervisor de los viñedos reales, de las bodegas que almacenaban el vino y era muy importante, porque una de las maneras más fáciles de que alguien podía atentar contra la vida del faraón era envenenándolo. Entonces, el jefe de los coperos era una persona de confianza, porque velaba por la seguridad del hombre más poderoso del imperio. Por otro lado, el jefe de los panaderos también tenía una gran importancia, porque estaba a cargo de todo lo relacionado con la provisión de las comidas de la mesa real. Ambos puestos de mucha importancia, principalmente por la naturaleza confidencial de ese empleo. Tenían que ser personas en las que el faraón confiara, porque su vida estaba básicamente en sus manos. Ellos podían permitir que alguien los envenenara o no. Y el relato nos dice que ellos ofendieron al rey. No sabemos si hubo un complot para terminar con su vida y por eso los envían a la cárcel mientras se termina la investigación. El punto es que ambos llegan a la cárcel. Y el versículo cuatro dice algo muy interesante, que no sé si usted lo percibió, pero dice que ellos permanecieron en la cárcel durante mucho tiempo y el capitán de la guardia, ¿quién era el capitán de la guardia? Potifar. Potifar los asignó a José, quien se ocupaba de ellos. Interesante, porque Potifar acababa de enviar a José a la cárcel, pero parece que sigue confiando en las capacidades de José. ¿Será que Potifar dudaba o no estaba convencido de la culpabilidad de José y por eso sigue sacando provecho de él? Qué gran injusticia. De hecho, el capítulo 39 nos dice que Potifar se enfureció cuando la esposa llegó y le dijo lo que le dijo, esa falsa acusación para José. Puede ser que su enojo no fuera simplemente en la acusación, que sabía tal vez que era falsa, no sabemos, sino el hecho de que estaba perdiendo a su mejor hombre, a su mejor trabajador, José. Pero vemos que Potifar está dispuesto a hacer lo que sea para lograr sus planes, aunque eso implique pasarle por encima a todo mundo. Le pasa por encima a todo mundo para cumplir sus planes. Mantengamos esa idea en mente. Potifar, por un lado, capaz de hacer lo que sea con tal de cumplir su objetivo. Versículo cinco. Después de que Potifar los pone a cargo de José, dice lo siguiente: «Una noche, mientras estaban en la cárcel, el copero y el panadero del faraón, ambos tuvieron cada uno un sueño y cada sueño tenía su propio significado. Cuando José los vio a la mañana siguiente, notó Se dio cuenta, identificó que los dos parecían preocupados. ¿Por qué se ven tan preocupados hoy? Les preguntó José. Hagamos una pausa y recordemos algo que no se nos puede olvidar tan rápido. José tenía demasiados problemas sobre sus hombros como para estar pensando en los problemas de otros. La vida había agarrado a José y le había dado tantos golpes, había experimentado tantas injusticias. Sus hermanos lo vendieron, llegó como esclavo, la esposa de Potifar inventó una historia que no era real, lo lanzaron a la cárcel. Había experimentado tantas cosas que uno pudiese esperar una actitud más amargada de parte de José, una actitud más apática, una actitud más insensible con lo que le pase o no le pase a los demás. Ya él tiene demasiado sobre sus hombros. Pero José, pese a todo lo que había pasado, pese a toda la angustia que había atravesado, tiene la capacidad de notar la preocupación en otros. Profundicemos un poco más en esto. Yo no sé si ustedes han estado en la cárcel, pero allí los presos no andan sonrientes, rebosando de alegría, como para uno decir: "Ah, mira, aquel está enojado, triste, preocupado". No. Usualmente hay caras largas, caras afectadas por la condena que están pagando. Pero aunque ese es el común denominador, José distingue que ellos están perturbados. El versículo cuatro nos decía que José se ocupaba de ellos, por lo tanto, habían pasado tiempo juntos, se conocían, habían compartido, y él llega a identificar que algo les pasa. Entonces, veamos esto interesante. Potifar solo piensa en sí mismo, le pasa por encima a todo mundo con tal de cumplir sus planes. Y, por otro lado, vemos a José, que aunque su vida está bien pesada, no solo piensa en sí mismo, sino que tiene la capacidad de ser sensible con lo que está pasando a su alrededor. Y estas personas que fueron puestas bajo su cargo, identifica que hay algo que les está pasando y va y aborda el problema aún en medio del dolor. Interesante. Y antes de seguir, yo quiero hacer esta pregunta: ¿nosotros estamos tan ensimismados que vivimos herméticos en una burbuja donde solo nos importan nuestros planes, nuestras compras, nuestros negocios, nuestros deseos? ¿O tenemos la sensibilidad de darnos cuenta de qué está pasando alrededor nuestro y preguntarnos qué quiere Dios que yo haga y cómo puedo impactar a las personas y circunstancias que me rodean? Porque es interesante, en esta época en la que vivimos con acceso a las redes sociales, todos sabemos dónde está alguien, qué está comiendo, a dónde fue de vacaciones. Sabemos toda la historia de la persona. Y aunque estamos tan conectados, estamos muy desconectados en la vida real. Digitalmente tenemos amigos, digitalmente conocemos todo, digitalmente damos "like", digitalmente comentamos, pero ¿estamos yendo profundo en las relaciones que Dios nos ha confiado o estamos demasiado ahogados con nuestra vida? Versículo ocho: "Anoche los dos tuvimos sueños", contestaron ellos, "pero nadie puede decirnos lo que significan". ¿Hay un problema? ¿Necesitan ayuda? ¿Necesitan una solución? Y José contesta: "La interpretación de los sueños es asunto de Dios". Es interesante, pese a que José sabe que él tiene el don para interpretar sueños, que Dios le ha dado ese don, él no se presenta ante estos dos funcionarios diciendo: "Ey, yo soy el que ustedes necesitan, yo les voy a dar la solución, yo soy la respuesta para sus problemas en este momento". Él dice: "No, eso es asunto de Dios". Pero a la vez se ofrece a sí mismo para ayudarlos y les dice: "Eso es asunto de Dios, pero vengan, cuéntenme lo que soñaron". José, en medio de todo lo que está enfrentando, se hace disponible para servir a otros. Algunas cosas. Primero que todo, veamos qué interesante esto. Es interesante cómo el dolor y la angustia nivelan todos los rangos, todas las clases sociales. Aquí vemos a dos hombres con uno de los puestos más altos en el Imperio Romano, viniendo a pedir la ayuda de un don nadie, de un tal José, extranjero, hebreo, que está aquí en esta cárcel y no sabemos cómo. ¿Qué quiere decir esto? Que al final del día, cuando enfrentamos problemas y situaciones difíciles, no importa nuestro apellido, no importa nuestra ciudadanía, no importa qué carro manejamos, no importa cuánta plata tenemos en el banco, el problema, el sufrimiento, las pruebas nos nivelan a todos, porque al final del día somos iguales a los ojos de Dios. Necesitamos lo mismo. Nuestra necesidad más profunda está en él. No importa en qué clase social estemos, todos quedan nivelados. Y aún en este momento, de estos dos funcionarios pidiendo la ayuda de José, tenemos que hacernos esta pregunta: ¿cómo es posible que esto suceda? ¿Cuáles son las posibilidades de que este momento sucediera? Pónganse a pensar: que José, siendo odiado por sus hermanos, fuese vendido, que fuese comprado como un esclavo y que terminara en la casa de Potifar, donde levantaron un falso y terminó en la cárcel, en el mismo momento en el que los dos funcionarios del rey de Egipto, el hombre más poderoso, fueran enviados a la misma cárcel donde él iba a estar a cargo de estos dos funcionarios y que ellos tuviesen dos sueños la misma noche y que tuvieran preocupación, y que José se diera cuenta y que llegara ese momento donde José les dice: "Cuéntenme cómo les puedo ayudar". ¿Cuáles son las probabilidades de que algo como así suceda? ¿Saben qué es lo que está evidenciado en este relato que está dando gritos por todo lado? Dios está en control. Él está siendo soberano sobre cada uno de estos momentos y él, por lo tanto, no ha abandonado a José. Está obrando en José. ¿Se acuerdan esta idea? Está obrando en él y a la vez está obrando a través de él para impactar a otros. O sea, ojo a esto: su propio dolor, el dolor mismo de José no le había robado la capacidad de compadecerse del dolor ajeno, porque aunque él estaba metido en el lodo, en el foso, en el sufrimiento, Dios no solo estaba trabajando en él, sino que estaba trabajando a través de él. Y esa es una idea gruesa para nosotros hoy procesar, porque es verdad para nosotros aquí en el siglo XXI también. Aún en los momentos amargos que experimentamos, aún en los momentos dolorosos que experimentamos, si pertenecemos a Cristo, confiamos en que él no nos ha abandonado, aunque la situación no se arregle inmediatamente, aunque no nos exima del dolor inmediatamente, él sí se ofrece él mismo para ser nuestro consuelo, él mismo para ser nuestra esperanza, él mismo para trabajar en nosotros, fortalecer nuestro carácter y él mismo para trabajar a través de nosotros e impactar a otros. Y eso es loco. ¿Cómo alguien que está en necesidad puede impactar a otros? ¿Cómo alguien que está en el proceso de seguir a Cristo puede ser usado por Dios para impactar a otros? ¿Cómo alguien que está experimentando dolor y pruebas y aún está esperando en el Señor en alguna situación, puede a la vez ser utilizado en las manos de Dios? Y eso es lo que yo le llamo servir a otros en muletas. Muchas veces en nuestro caminar con Cristo recibimos un golpe, enfrentamos alguna aflicción, algún problema y estamos renqueando y tenemos que usar las muletas para caminar. Pero aún con muletas podemos impactar la vida de otros, porque Dios está obrando a través de nosotros ¿Y saben cuál es ese ejemplo de eso? Les abro mi corazón: todos los que nos paramos a predicar la palabra los domingos. Porque tal vez usted viene y nos ve con la camisa planchada y sonriendo y dice: "Tuvo una semana espectacular y por eso está aquí, feliz, alegre, de predicar la palabra de Dios". Pero no siempre es así. Hay semanas en mi propia vida de mucho desánimo. Hay semanas en mi propia vida con alguna tensión familiar, con alguna necesidad financiera. Hay semanas de mi propia vida con algún problema interpersonal con alguien. Y aun en esas semanas difíciles, nos paramos con gusto a predicar su palabra, y Dios usa a personas imperfectas, incompletas, para impactar la vida de otras personas por medio de su palabra para su gloria. Y eso a mí me vuela la cabeza. Yo creo que si usted es cristiano, usted sabe esto, pero te lo recuerdo: no hay nada que yo pueda ofrecerle a ustedes. Es solamente Dios obrando a través de su palabra, por medio de las personas que vienen y predican, aunque nuestras vidas muchas veces estén llenas de dolor, injusticia, preocupación. ¡Guau! Y eso lo he visto en mi vida a la hora de yo bendecir a otros, pero también yo me he visto bendecido de personas que están literalmente atravesando el ojo del huracán, que están hundidas en el foso más profundo, que están llenas de dolor, llenas de sufrimiento. Y tal vez de las conversaciones que más atesoro como pastor es tener este momento con alguien que está literalmente en su lecho de muerte o con alguien que ha pasado semanas hospitalizado con un hijo, o estar con alguien que ha enfrentado abuso que otra persona cometió contra ella. Y en este dolor y en esta angustia, en este sufrimiento y en medio de lágrimas, escuchar pronunciar en sus labios: "Hey, yo sigo confiando en el Señor y yo sigo teniendo mi esperanza firme en él y de alguna manera, aunque no entiendo, tengo gozo y tengo paz". ¿Qué es eso? Dios utilizando a personas en su dolor y en su sufrimiento para impactar a otras personas como a mí. ¿Y qué es lo que vemos aquí? A José, en medio de su dolor, en medio de miles de preguntas. Su vida no está resuelta, más bien parece que está en lo más oscuro y profundo que ha llegado, y aun así, Dios lo usa para bendecir a otros, para su gloria. Versículo nueve: "Entonces, el jefe de los coperos fue el primero en contarle su sueño a José. 'En mi sueño', dijo él, 'vi una vid delante de mí. La vid tenía tres ramas, las cuales comenzaron a brotar y a florecer y en poco tiempo produjo racimos de uvas maduras. Yo tenía la copa del faraón en mi mano. Entonces, tomé un racimo de uvas, exprimí el jugo en la copa, después puse la copa en la mano del faraón". Ese es el sueño, tres ramas, ahí una vid, un racimo de uvas, lo exprime, se lo cuenta a José y José le dice lo siguiente, versículo 12: "El sueño significa lo siguiente: las tres ramas representan tres días. Dentro de tres días el faraón te levantará y te pondrá nuevamente en tu puesto como jefe de sus coperos". Versículo 14: "Te pido que te acuerdes de mí y me hagas un favor cuando las cosas te vayan bien. Háblale de mí al faraón para que me saque de este lugar, pues me trajeron secuestrado desde mi tierra, la tierra de los hebreos, y ahora estoy aquí, en la cárcel, en el foso, aunque no hice nada para merecerlo". Entonces, Dios usa a José para interpretar el sueño, pero él no solo brinda la interpretación del mismo, sino que también presenta una petición. Y yo no sé si usted puede saborear el momento, pero más que una petición, suena como una súplica ferviente que José está presentando, que revela su tristeza, que revela su angustia, su anhelo de salir de esta cárcel y dice: "Por favor, cuando este sueño se cumpla, acuérdate de mí". ¿Qué está evidenciando eso? "Es mi deseo salir de esta cárcel. No quiero estar aquí. No es una condena justa el hecho de que yo esté aquí. Usted no sabe mi historia. Yo no tengo que estar aquí". Él brinda la interpretación, brinda esta petición. Y hay una ironía en medio de todo esto que golpea a José, que lo atropella violentamente. Y es la siguiente: él está ahí interpretando los sueños de otros mientras sus propios sueños no se han cumplido. Él había tenido sueños de que una espiga de trigo, ¿se acuerdan?, iba a ser erguida y todos los demás se iban a postrar, lo cual habla de reinar, habla de liderazgo. Y mientras su sueño no se cumplía porque estaba en la cárcel en lo más profundo, Dios lo usa para interpretar los sueños a otros. Entonces, transportémonos a ese momento. Imaginemos a José articulando este mensaje: "A ti te faltan tres días, tres días más y vas a salir de aquí". Mientras que en el mismo momento él no sabía cuántos días le esperaban a él. El capítulo siguiente nos dice que pasaron dos años. José sirviendo a otros mientras él mismo parece estar abandonado, sin esperanza. No suena muy justo, ¿cierto? No suena como que Dios está con él, suena como que Dios lo abandonó, ¿cómo todo esto tiene sentido? Pero algo que quiero que también meditemos es que José no ignora su dolor ni sus deseos. Por eso él pide ayuda, él se mueve, no queda paralizado, no queda ahí solo quejándose y victimizándose. Por eso él pide ayuda y dice: "Hey, ayúdame, recuérdate de mí". Y eso yo creo que también nos ayuda a nosotros a recordar que confiamos y esperamos en el Señor, pero también podemos movernos. También podemos ver si hay una oportunidad que se abre y mientras buscamos oportunidades, a la vez esperamos en Dios. Entonces, hacemos nuestro mayor esfuerzo confiando en que él nos está cuidando. Y si el esfuerzo no funcionó, hicimos nuestro mayor esfuerzo. Seguimos confiando en él. No era su voluntad. Y seguimos descansando porque lo tenemos a él con nosotros. Su promesa no es liberarnos inmediatamente. Su promesa no es que todo lo que queremos pase. Él no es un genio que nos da deseos. Él es un Dios que nos acompaña y cuyos planes superan los nuestros. Versículo 16: "Cuando el jefe de los panaderos vio que José había dado una interpretación tan positiva del primer sueño, le dijo a José: 'Hey, yo también tuve un sueño'. Él dijo: 'Si a ese le fue tan bien, yo quiero contarle el mío para que me diga cómo me va a ir a mí'. En mi sueño habían tres canastas, igual que habían tres ramas, en el mío habían tres canastas, pero de pasteles blancos sobre mi cabeza. En la canasta de arriba había todo tipo de pasteles para el faraón, pero llegaron las aves y se los comieron de la canasta que estaba sobre mi cabeza". Él dijo: "Las tres canastas son tres días, yo también me voy de aquí". Pero José dice, versículo 18: "El sueño significa lo siguiente: las tres canastas también representan tres días. En tres días el faraón te levantará y atravesará tu cuerpo con un poste. Luego las aves llegarán y picotearán tu carne". Es una interpretación completamente distinta, un desenlace de la historia completamente distinto. Pero José tenía la valentía para hablar la verdad. José no maquilló el mensaje para protegerse o para evitar una conversación difícil. Él fue fiel en entregar el mensaje al panadero y no se nos dice la reacción de panadero, si se enojó con José, si se entristeció. Pero José fue fiel en hablar la verdad. Versículo 20: Tres días después era el cumpleaños del faraón, quien preparó un banquete para todos sus funcionarios y su personal. Así que llamó al jefe de sus coperos y al jefe de sus panaderos para que se unieran a los demás funcionarios. Los sacó de la cárcel y les dijo: "Vengan". Después de tres días, como José lo anunció, restituyó al jefe de los coperos a su cargo anterior para que volviera a entregar al faraón su copa. Pero el faraón atravesó al jefe de los panaderos con un poste, tal como José había predicho cuando le interpretó el sueño. Versículo 23: Sin embargo, el jefe de los coperos del faraón se olvidó de José por completo y nunca más volvió a pensar en él. Nuevamente, vemos a José haciendo el bien. Él se presentó para servir a otros, observó que estaban preocupados, ofreció su ayuda, interpretó el sueño, dijo la verdad, les presentó la petición de que se recordara de él el copero. Y aun así, aunque él actuó bien, recibe como paga el mal. Y el capítulo termina en la misma cárcel, José en el mismo foso oscuro, profundo. Y se nos deja tan claro que el copero se olvidó de José. Pero la pregunta para nosotros sería: ¿será que Dios se olvidó de José también? Porque si somos honestos, más de uno podría decir que sí, porque si nuestra teología o nuestra manera de pensar en Dios asumimos que su presencia en nuestras vidas siempre implica que todo nos vaya bien, que no vamos a sufrir ni a enfrentar aflicción, entonces parece que Dios abandonó a José muchos capítulos atrás. Pero ¿qué tal si formaba parte de los propósitos divinos que José permaneciera un tiempo más en la cárcel? ¿Quiénes somos tú y yo para determinar eso? Muchas veces saltamos rápidamente a tomar el lugar de Dios y pensamos que nosotros podemos tener mejores ideas que las que Él tiene. Muchas veces nosotros pensamos que podemos darle por escrito lo que Él debe hacer para nuestro bien. Entonces, ¿cuál de las dos cosas vamos a hacer? O confiamos en Dios y nos sometemos a su voluntad, o vivimos frustrados porque Él no hace lo que nosotros queremos que haga. José terminó en la cárcel. Y aunque tú y yo sabemos que después del capítulo 40 viene el capítulo 41, donde José finalmente es sacado de la cárcel y llega incluso a tomar una posición aún más alta sirviendo al faraón, José en ese momento no sabe el desenlace de la historia, aunque tú y yo lo sepamos. José, en ese momento, quedó con las manos vacías y solo con una cosa por hacer: esperar. Y qué hermoso que es esperar, ¿cierto? Nos encanta esperar. Nos encanta esperar por la comida en un restaurante, esperar por un trámite migratorio, entre más tiempo dure mejor. Nos encanta esperar por los procesos de quimioterapia que tenemos que enfrentar. Nos encanta esperar por el proceso que tiene nuestro hijo y cuánto estamos esperando para que conozca al Señor. Nos encanta esperar, ¿cierto? No. Todos nosotros queremos las cosas para ayer, para ya. Pero Dios no está obligado a darnos las cosas ya, porque sus planes son diferentes y aun en la prueba, aun en el foso, está trabajando en nosotros y trabajando a través de nosotros. Entonces, la invitación que encontramos en este pasaje es a seguir confiando en Dios. Hay un término en la música clásica que se llama un calderón. En italiano es una fermata, en inglés se conoce así como fermata. ¿Y qué quiere decir un calderón, una fermata? Es un momento en la obra musical donde se suspende el tiempo y de alguna manera hay una pausa. Pero aunque todos los músicos en la orquesta saben que hay una pausa, a la vez todos los músicos en la orquesta están sentados con su mirada atentamente en la mano del director, porque saben que la obra no ha terminado y que el director sigue con la batuta en mano y que vamos a continuar. De la misma manera en nuestras vidas. Tal vez el momento ahorita parece imposible de enfrentar, se nos acaban las fuerzas, estamos cansados de esperar, estamos cansados de la injusticia, la prueba ya se está haciendo más grande de lo que pensamos que iba a ser y el calderón nos tiene ahí suspendidos en el tiempo. Pero a la vez estamos esperando activamente, porque sabemos que la historia no ha terminado, que Dios no ha terminado su obra en nosotros. Confiamos en que Él sigue siendo soberano, confiamos en que la batuta sigue en su mano, que Él está a cargo y que sus planes son mejores que los nuestros. Y tal vez estás ahí hoy, en el foso más profundo, cansado de esperar, cansado de llorar. Pero ese es el recordatorio que tenemos en esta mañana: Dios sigue en control. Dios no nos ha abandonado. Así que esperemos activamente, no con quejas, no en desesperación, sino pidiendo valientemente: "Señor, sáname", "Señor, ayuda a mi hijo", "Señor, bendice mi negocio", "Señor, te pido por la situación que sea". Pero a la vez, aunque te presento mi petición abiertamente, con valentía, sé que tu voluntad es mejor que la mía. Así que también te pido que por medio de esta prueba yo pueda aprender lo que tengo que aprender. Y también te pido que por medio de esta prueba, tú de alguna manera me uses para impactar a las personas a mi alrededor que quieres impactar y que por medio de esta prueba tú también me des la fortaleza para permanecer fiel en ti. Y quiero terminar con esta idea. Clarísimo que el copero se olvidó de José. El copero estaba en el lugar más bajo de su vida, en el foso, en la cárcel, con temor de su vida. Y cuando el copero llegó arriba y fue restituido en su cargo y todo le estaba yendo bien, se olvidó de José. Pero Jesús, estando en lo más alto, por medio de quien todas las cosas fueron creadas, el Rey del universo. Este copero servía al rey de Egipto. Jesús no tiene inicio, no tiene fin, no tiene rey, es el Rey del universo y descendió a morir en una cruz precisamente porque no se olvidó de nosotros. Y aun estando clavado en esa cruz, nos tenía en su mente. Y esa es la prueba más grande que existe, que podemos confiar de que él nunca nos va a desamparar, porque estuvo dispuesto a enfrentar la muerte misma, porque no se olvidó de nosotros. Entonces, Iglesia, al enfrentar pruebas, Jesús nos dijo: "Van a enfrentar la aflicción, pero tranquilos, que yo he vencido el mundo". ¿Y cómo venció el mundo? En la cruz. ¿Y por qué venció en la cruz? Por amor a nosotros, porque no nos ha olvidado y no nos va a desamparar jamás. En la prueba que estés viviendo, permanece fiel, pide al Señor que te consuele y de alguna otra manera, pide al Señor que te use en tu dolor para impactar la vida de los demás, para su gloria. Oremos. Padre, te pedimos perdón porque muchas veces pensamos que nuestra voluntad es mejor que la tuya. Pero hoy queremos hacer la oración que nos encomendaste en el Padre Nuestro y decir: "Que se haga tu voluntad en el cielo como en la tierra". Señor, aunque tenemos planes, deseos, no queremos que se cumpla nuestra voluntad, queremos que se cumpla la tuya. Y aunque en este mundo de aflicción vamos a tener una prueba tras la otra y vamos a enfrentar desánimo una y otra vez, te pedimos que podamos ser sensibles a tu presencia acompañándonos en la prueba, en el dolor, que podamos ser sensibles para, aun en el dolor, poner atención alrededor y ser fieles en la situación en la que nos has puesto. Señor, te pido que con mi iglesia seamos caracterizados por una confianza en ti escandalosa, que no sigamos a un Dios solamente porque nos conviene y buscamos una transacción de que somos fieles y tú nos pagas de vuelta, no. Sino que dediquemos nuestra vida al Dios del universo, quien sufrió en la cruz para rescatarnos. Que toda nuestra vida sea una respuesta de adoración a tu gracia y a tu misericordia. Te amamos, Jesús, te damos esto en tu nombre. Amén.