Fiel en la Casa de Otro
Iglesia Gracia Campus Pastor
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Continuamos con nuestra serie de la vida de José. Para empezar, quería preguntarles a ustedes, sin que levanten la mano, que pensáramos un poco en los parques de diversiones, en las montañas rusas. Casi siempre hay dos tipos de personas: están los que les encanta eso y están los que no, los que van solo a conversar y acompañar a los que sí se van a subir. En mi caso, yo estoy como a la mitad; no me vuelvo loco por subirme, pero ya cuando estoy ahí y pagué la entrada, siento que me toca subirme y termino subiéndome en todas. Pero las montañas rusas, tengo esta foto acá, tienen algo en particular: no son estables. Uno no se monta en una montaña rusa que se quede quieta, sino que entre más vueltas tenga, más emocionante es. Tienen la particularidad de que hay momentos muy altos y también muy bajos. Hay momentos donde el carrito va despacito y parece que no va a poder subir, y hay momentos donde el carrito va en caída libre, rapidísimo, y parece que nos vamos a morir. Esto tiene algo en común y es que, de alguna u otra manera, se asemeja un poco a nuestras vidas. Nuestras vidas no son lineales, estables, perfectas, ni todo nos sale bien, todo es perfecto o todo es color de rosa. Yo he experimentado en mi vida momentos muy altos de alegría, de celebración, de gozo, de fiesta: la llegada de un bebé, la graduación, una promoción en el trabajo, el negocio que funciona. Y también momentos muy bajos: la pérdida de un ser querido, la injusticia que experimentamos por el maltrato de otras personas, la injusticia que vemos en la calle, asesinatos de todo tipo. Los momentos bajos también forman parte de nuestra vida: enfermedades con las que tenemos que lidiar, el sufrimiento de nuestros hijos, papás ausentes. Y puedo seguir y seguir, nos da una hora aquí. Pero todos nosotros tenemos esto en común: estamos montados en una montaña rusa que no podemos controlar. No sabemos cuál es el próximo movimiento, ni siquiera lo anticipamos. La pregunta que quiero que estemos meditando en esta mañana es: ¿cómo se relacionan los altibajos de la vida, que sí o sí suceden, con Dios? ¿Cómo se ve eso? ¿Cómo esas dos cosas se armonizan? ¿Será que cuando obedecemos a Dios, venimos a la iglesia, decimos amén y leemos la Biblia, entonces estamos arriba y todo va bien? Y entonces, cuando pecamos, nos alejamos de la iglesia y no leemos la Biblia, ¿todo va mal? No necesariamente. Nuestra relación con Dios no es transaccional. No hay garantía de que todo va a estar bien si seguimos a Cristo. Entonces, ¿cómo podemos apreciar a Dios en los altibajos de la vida cuando estamos montados en la montaña rusa? Creo que la historia de hoy, en Génesis 39, nos permite ver cómo José está montado en una montaña rusa bastante fuerte, pero vemos una constante en su vida: que aunque todo está cambiando, Dios no cambia. El versículo uno del capítulo 39 dice lo siguiente: «Cuando los mercaderes ismaelitas llevaron a José a Egipto, lo vendieron a Potifar». Aparece este personaje que no había salido antes en la historia, un oficial egipcio. Potifar era capitán de la guardia del faraón, rey de Egipto. Entonces, Potifar no era un soldado más. Potifar era el encargado de la seguridad del faraón, quien era la máxima autoridad de la civilización egipcia, a veces considerado como una deidad. Era, de alguna manera, el encargado, para nosotros hacernos una idea, del Servicio Secreto que protege al presidente de los Estados Unidos. Esa persona es alguien de alto rango, es alguien importante. Y José llegó a la casa de Potifar vendido como un esclavo. Versículo dos, mira lo que dice: «El Señor estaba con José. Por eso tenía éxito en todo mientras servía en la casa de su amo egipcio. Potifar lo notó y se dio cuenta». ¿De qué se dio cuenta? De que el Señor estaba con José y le daba éxito en todo lo que hacía. Recordemos un poco cómo llegamos hasta este momento en la historia. José viene de experimentar un suceso terrible. Los de su propia sangre, sus hermanos, lo habían traicionado, lo habían tirado a una cisterna, habían tramado distintas maneras para matarlo y al final no fueron tan crueles, entre comillas, sí fueron bastante crueles. En lugar de matarlo, lo vendieron a unos mercaderes. Imagínense todo lo que había estado pasando en la vida de José. Eso es un momento muy bajo en la montaña rusa. Había experimentado injusticia, abandono, rechazo, vendido como un esclavo. Y en eso llega a Egipto. Ya no está en Canaán, ahora está en una civilización establecida, con más de 1.000 años de existencia, con una religiosidad distinta. Ellos no adoran al Dios de su padre Jacob, de su abuelo Isaac, de su bisabuelo Abraham. Ellos tienen otros dioses paganos, una infraestructura gigantesca, agricultura organizada. Llega a una potencia y ahí llega a la casa de este alto funcionario. En ese momento, que parece ser tan bajo, vendido como un esclavo, lejos de su familia, lejos de los suyos, solo, desamparado, ¿qué dice la Escritura? Que el Señor estaba con él. Y uno se puede poner a pensar: ¿cómo es esto posible? ¿Cómo se puede decir que Dios estaba con alguien que acaba de ser vendido como un esclavo? Desde ahí empezamos a ver que nosotros a veces tenemos una perspectiva distinta de qué significa que Dios esté con nosotros. Muchas veces pensamos: si Dios está con nosotros, sí o sí nos tiene que ir bien. Pero aquí encontramos que la presencia de Dios no garantiza la ausencia de problemas. Muchas veces pensamos que es así, pero las Escrituras nos demuestran que no. José está experimentando una situación fuerte, está en problemas, pero Dios estaba con él, seguía con él. De hecho, el pasaje nos dice que José tenía éxito en todo, lo cual causó que Potifar lo notara, lo distinguiera. Viera una capacidad en él, un don, un talento, y lo quiso usar para su propio beneficio. Potifar dijo: «Yo lo quiero en mi equipo. Ese hombre tiene algo especial, quiero que forme parte de mi equipo». El versículo cuatro dice que eso agradó a Potifar, quien pronto nombró a José de recién comprado esclavo a su asistente personal. Eso no es cualquiera: el asistente personal del encargado de la seguridad del faraón, del imperio número uno, potencia mundial. ¿Cómo José pasó de lo más bajo de la montaña rusa a estar en un lugar alto? Ahora sí parece que Dios está con él, pudiésemos decir. Y se lo puso a cargo de toda su casa, de todas sus posesiones. Versículo cinco: «Desde el día en que José quedó encargado de la casa y de las propiedades de su amo, el Señor comenzó a bendecir la casa de Potifar por causa de José. Todos los asuntos de la casa marchaban bien, las cosechas, bien, los animales, bien, prosperaban». Versículo seis: «Pues Potifar le dio a José total y completa responsabilidad administrativa sobre todas sus posesiones». Con José a cargo, imagínense qué rico esto. Potifar no se preocupaba de nada, excepto de qué iba a comer Así cualquiera, Potifar. Levantarse y que la única preocupación sea: qué se me antoja hoy para el almuerzo y qué se me antoja para más tarde. Todo esto porque José llevaba a cargo todos los asuntos administrativos de su casa, llegó a un cargo alto. La bendición que Dios le daba a José no se quedaba saturada, acumulada en él, sino que impactaba a las personas que lo rodeaban. Dice que el Señor comenzó a bendecir la casa de Potifar por causa de José. Y esto es un principio que vamos a estar desarrollando en próximas semanas también, pero desde ya podemos mencionarlo: lo mismo debería suceder con nosotros. Mejorar el lugar en donde Dios nos ha plantado. José fue plantado en esta casa y estaba haciendo una diferencia, estaba mejorando el lugar. Y lo mismo debería ser cierto para nosotros. ¿A qué me refiero? Nosotros somos representantes de Cristo Jesús, somos embajadores del cielo aquí en la Tierra. Entonces, deberíamos representarlo, no solo en la iglesia, también en el trabajo, con la familia, con los suegros y con los vecinos. Potifar no conocía al Dios de José, pero sí sabía que José tenía algo distinto. Entonces, nosotros también deberíamos ser identificados por trabajar con diligencia, por ser personas responsables, por ser honestas, por la manera amable en la que hablamos. Y aunque ese no es el punto del pasaje, sí es una aplicación para nosotros. ¿Cuántos Potifares alrededor de nosotros tienen la oportunidad de conocer a nuestro Dios por medio de nuestra manera de dirigirnos? ¿Estás representando a Dios en tu vida? Y la segunda mitad del versículo seis dice lo siguiente: José era un joven muy apuesto y fornido, era guapo, musculoso, y la esposa de Potifar, su jefe, pronto comenzó a mirarlo con deseos sexuales. Y la situación avanzó. Fue más que miradas, fue más que deseos, al punto de que le dijo: "Ven y acuéstate conmigo". Le sugirió, le presentó la opción, se lo propuso, no, le ordenó ella. Entonces, la presencia de Dios no garantiza ausencia de problemas y la presencia de Dios no garantiza la ausencia de tentaciones. En este mundo vamos a encontrar muchas tentaciones, muchas oportunidades para no obedecer a Dios y seguir nuestros deseos, muchas oportunidades para darle rienda suelta a los deseos más profundos de nuestro corazón. Y en este momento, la mujer del capitán de la guardia no solo estaba coqueteando sutilmente, le estaba dando una orden directa y clara a José para que él no fuese leal a Dios y se acostara con ella. Y el contexto no nos da total claridad, pero yo quiero que nosotros nos imaginemos un poco más lo que está pasando. José no se nos dice que tenga esposa, no se nos dice que tenga una responsabilidad fuera de esto. Él está lejos de su familia, está en un terreno arduo, de visita. ¿Por qué les digo eso? Porque fácilmente nosotros pudiésemos llegar a justificar que José desobedezca a Dios y podemos decir: "No, él tiene necesidades, él es un hombre también. Y la jefa le está dando una instrucción, ¿qué va a hacer él? ¿Qué culpa tiene él?" Fácilmente, nosotros somos hábiles para darle vuelta a la situación y hacerla calzar a lo que nosotros estamos buscando. Y suena ridículo, pero pasa. Y nosotros escuchamos aquí: "No, es que mi esposo no me escucha, ni está en la casa, pero mi compañero de trabajo sí", y empezamos a justificar cosas. "No, es que usted no entiende. Mi papá fue mujeriego, mi abuelo fue mujeriego". Entonces, ¿qué? Queremos darle vuelta a las cosas para que las cosas que sabemos que no agradan a Dios no suenen tan mal, pero son malas. Y José no hizo esto. Él no se justificó, sino que tomó responsabilidad de cómo él iba a responder a esta tentación. Él no podía controlar las propuestas de la esposa de Potifar, pero sí podía controlar o enfocarse en su respuesta. Versículo ocho dice: "José se negó. «Mira» le contestó: «Mi amo»", su esposo, «"confía en mí y me puso a cargo de todo lo que hay aquí en esta casa. Nadie aquí tiene más autoridad que yo. Él no me negó nada con excepción de usted, porque es su esposa. ¿Cómo podría yo cometer semejante maldad?»". Y hasta ahí es un punto muy agradecido de parte de José. Él está diciendo: "Potifar ha sido de gran bendición para mí, me ha confiado demasiadas cosas. Esto es quitando a Dios de la ecuación, esto es de mala sangre, esto no es éticamente correcto, sería demasiado desagradecido de mi parte". Pero su argumento no termina ahí. Mira lo que dice: "Sería un gran pecado contra Dios". Más allá de traicionar a Potifar, en última instancia, estaría pecando contra Dios. Mira lo que José está diciendo: aún si Potifar no llega a enterarse, ese no es el problema. El problema es que estoy pecando contra Dios. ¿Qué quiere decir esto? Que el carácter de José funciona incluso cuando nadie está viendo, incluso en lo secreto. Y ahí las cosas se ponen un poco más complicadas, porque muchos de nosotros tal vez no cometeríamos inmoralidades o pecados en frente de la iglesia, porque tenemos que comportarnos. Pero, ¿qué pasa cuando nadie te está viendo? ¿Qué pasa en lo oculto, en lo secreto? ¿Eso significa que tienes licencia para pecar porque nadie te ve? El carácter de José está demostrando que aunque no haya audiencia alrededor de sus acciones, él es consciente de que Dios sí está presente, de que Dios todo lo ve y que él quiere ser leal a ese Dios. Aun estando lejos de su familia, aun estando en otro país, aun estando con todas las circunstancias en contra de él, él decide permanecer fiel. La presencia de Dios no garantiza la ausencia de tentaciones. Entonces, nosotros, ¿cómo vamos a responder antes de seguir adelante a las tentaciones? ¿Vamos a minimizar las consecuencias y decir: "Ah, no es nada"? ¿Vamos a normalizar y decir: "No, todo el mundo lo hace" y seguir adelante? Mira lo que nos dice el versículo 10: "Día tras día", constante, "ella seguía presionando a José, pero él se negaba a acostarse con ella y ya". No, dice que evitaba tanto como podía, la evitaba. "Cierto día, sin embargo, José entró a hacer su trabajo y no había nadie más allí. Ella llegó, lo agarró del manto y le ordenó nuevamente: Vamos, acuéstate conmigo. José se zafó de un tirón, pero dejó su manto en manos de ella al salir corriendo de la casa". Un par de frases claves. Dice que José la evitaba tanto como podía y dice que José salió corriendo de la casa. Entonces, José no solo dice que no, sino que huye. José sale corriendo. José establece límites para protegerse. Él no confía en su fortaleza para aguantar la tentación, sino que dice: "Aquí yo no tengo nada que hacer". Y esto me pone a pensar, porque es evidencia para nosotros que José se está protegiendo y guardando de una manera en la que yo me pongo a pensar si nosotros también nos estamos protegiendo y guardando. Él se está protegiendo con mucha intensidad, con radicalidad porque no quiere ser desleal a Dios. Yo pregunto: ¿qué pasa con nosotros? ¿Estamos familiarizados a huir de situaciones que sabemos que no nos favorecen? ¿Estamos siendo rápidos para evadir lugares, relaciones, personas, conversaciones, grupos de WhatsApp que sabemos que van a contaminar nuestra mente y que nos van a distraer y que van a llevarnos a la perdición? ¿Cerramos puertas que sabemos que van a seducirnos? ¿Cómo estamos, iglesia? Hay muchos ejemplos que se me vienen a la mente. Una idea de las que más risa, enojo, decepción y frustración me da, de todo un poco, es esta idea socialmente bien vista, donde he escuchado a personas que dicen que tienen un mejor amigo teniendo esposo. "No, es que mi mejor amigo, yo me entiendo con él". O al revés, hombres que dicen: "No, está mi esposa, mi mejor amiga". ¿En qué país vivimos? ¿Qué es esa locura? ¿Cómo llegamos a pensar que vamos a tener confidencialidad y confianza con un amigo teniendo esposo? Es una fórmula para la perdición. Parte de huir es ser sabio con las relaciones que tenemos con el sexo opuesto, aun con la que nos entendemos bien, aun con el compañero de trabajo. Ser sabio. No necesitamos cultivar y fomentar una relación profunda, simplemente lo necesario. El teléfono. Podemos hablar del teléfono bastante tiempo. ¿Qué límites has establecido para huir? Hay aplicaciones que no puedes tener. Si estás scrolleando reels y eso te lleva a ver mujeres y terminas texteando a compañeras de hace tiempo, ¿qué estás haciendo ahí? ¿Cuándo vas a superar la tentación? ¿Cuando ya estés frente a frente? No tenías que hacer nada en ese lugar. Hay amistades que tenemos que cortar, grupos, como ya mencioné, con los que no podemos permitirnos tener conversaciones, que no podemos desarrollar, porque tenemos una prioridad: ser leal al Señor, ser fiel a él. Entonces, esta es la idea. Lo hemos hablado en otros domingos. La pregunta no es qué tan cerca puedo llegar sin pecar, sino qué tan lejos puedo estar para evadir todo eso. Parejas comprometidas que dicen: "No, ya estamos comprometidos, ya tengo anillo. Entonces no importa si físicamente estamos juntos, porque Dios no lo abarca el tiempo, ayer, hoy y siempre, para él ya estamos casados". Sí, claro. Estamos moldeando la instrucción de Dios para nuestro beneficio. Estamos torciendo su verdad para nosotros salirnos con lo que queremos. Eso es un paréntesis, porque creo que esa no es la idea principal de la historia. ¿Sabes qué sí me parece muy interesante? Que José sí actúa correctamente. José es disciplinado, es intencional, él huye, él busca ser leal a Dios y aun así todo sale mal. Volvemos a preguntarnos: pero ¿cómo, Dios, si él te está obedeciendo, cómo todo le sale mal? Si tú estás con él, deberías protegerlo. Pero el ser fiel a Dios muchas veces requiere un precio. Muchas veces vamos a ser fieles a Dios y perder amistades. Muchas veces vamos a ser fieles a Dios y perder familia. Muchas veces vamos a ser fieles a Dios y no tener amigos en el trabajo. Requiere un precio. Versículo 13. Mira lo que pasa cuando José sale corriendo. "Cuando ella vio que tenía el manto en las manos y que él había huido, se frotó las manos y dijo: 'Ahora me las vas a pagar, José, por rechazarme". ¿Qué hizo? Llamó a sus siervos. Enseguida, todos los hombres, los trabajadores, los sirvientes, llegaron corriendo y ella dijo: "¡Miren, mi esposo..." ojo, está culpando a Potifar, "...mi esposo ha traído aquí a este esclavo hebreo", palabras despectivas, este don nadie extranjero que fue comprado como un esclavo. "Mi esposo tuvo la brillante idea de traer a este don nadie para que nos deje en ridículo. Él entró a mi cuarto para violarme, pero yo grité, y cuando me oyó gritar, salió corriendo, se escapó, pero dejó su manto en mis manos". Ella está manipulando la situación, se está desquitando y culpando a Potifar. Parece que hay problemas ahí, evidentemente. Versículo 16: "Ella se quedó con el manto hasta que su esposo regresó a casa. Luego, le contó su versión de lo sucedido: 'Ese esclavo hebreo que trajiste", tu culpa, "que trajiste a nuestra casa, intentó entrar y aprovecharse de mí. Pero cuando grité, salió corriendo y dejó su manto en mis manos'". No había celular, ella no podía llamar: "Hey, Potí, ven un momento que tengo que contarte algo". Tenía que esperar a que llegara a la casa. Y yo me pongo a pensar, aunque no tenemos esa descripción en las Escrituras, no sabemos cuánto esperó. Una hora, dos horas, más tiempo. ¿Qué estaba pasando en la mente de José? ¿Vale la pena obedecer a Dios para meterme en estos problemas? ¿Ahora qué me va a pasar? Acabo de ser vendido como esclavo, no hice nada y ahora, por serle fiel a Dios, quién sabe qué consecuencias voy a tener. ¿Qué hago? ¿Salgo corriendo de aquí? ¿Huyo? ¿Voy y encuentro a Potifar y le explico primero yo qué fue lo que pasó? Un montón de cosas que él pudo ingeniarse para salirse de este aprieto, pero no. Versículo 19: "Potifar se enfureció cuando oyó el relato de su esposa acerca de cómo José la había tratado. Entonces, agarró a José y lo metió a la cárcel donde estaban los presos del rey. José quedó allí, pero el Señor estaba con José en la cárcel". Un momento bajo después de estar aquí arriba, pero el Señor seguía con él y le mostró su fiel amor. "El Señor hizo que José fuera el preferido del encargado de la cárcel. Poco después, el director puso a José a cargo de los demás presos y de todo lo que ocurría en la cárcel. El encargado no tenía de qué preocuparse, porque José se ocupaba de todo. El Señor estaba con él y lo prosperaba en todo lo que hacía". Versículo dos: José acaba de ser vendido como un esclavo y el Señor estaba con él. Versículo 21: José es tirado en una prisión y el Señor estaba con él. Este versículo me impacta en toda esta historia y quiero que nosotros meditemos un ratito aquí. Potifar agarró a José, lo metió a la cárcel y José quedó allí, en la cárcel. Pero el Señor estaba con él. Y este "pero" yo quiero que si usted tiene una Biblia, lo subraye. Independientemente de las circunstancias, estaba en la cárcel, olía mal, no tenía la misma comida, había perdido todo, pero ese no es el fin de la historia. El Señor seguía con él. Perdió su casa, perdió a su papá, perdió a su familia, pero el Señor seguía con él. Perdió su libertad, sus privilegios, su cargo, su rol como asistente, pero el Señor seguía con él. Perdió su reputación. Ahora quién sabe qué se pensaba de él, pero el Señor estaba con él, porque no importa qué hiciera Potifar o su esposa, ellos no podían quitarle la presencia de Dios a José. Y estando ahí, el Señor le mostró su fiel amor. Esta idea de "hesed", que habíamos hablado en el libro de Rut, este amor leal, misericordioso, compasivo de parte de Dios, un amor que no se puede ganar, que no se puede pagar, que no se puede conseguir en ningún lugar. Ese amor del Dios del universo estaba con José en este lugar tan oscuro, en este punto tan bajo de su montaña rusa. El Señor estaba con él y muchos de nosotros podemos decir: "Sí, yo quiero que el Señor esté conmigo, yo quiero recibir su amor inagotable, compasivo para conmigo, pero no quiero estar en la cárcel Yo quiero estar con el Señor y sentir su presencia, pero no quiero sufrir. Quiero estar con el Señor y sentir su abrazo, pero no quiero experimentar injusticia, no quiero que mi vida salga mal, no quiero estar enfermo, no quiero experimentar la muerte de un ser querido, no quiero vivir discriminación por ser extranjero en este país. Un montón de cosas. Pero Dios no nos está garantizando nada de eso. Lo que nos está prometiendo es su presencia en medio nuestro. Al inicio hablábamos de que es una montaña rusa. ¿Cómo se relacionan los altibajos de la vida con Dios? Se relacionan en que los altibajos de esta vida no condicionan la presencia de Dios. No importa si estamos en un momento glorioso y financieramente estamos bien, los hijos van bien y todo va bien, o si estamos en lo más bajo, sin fuerzas, desahuciados. La presencia de Dios es independiente de nuestras circunstancias. Solo para explicar un poco esto, veamos la montaña rusa hasta el momento de José, porque esta historia continúa. Él era el favorito de su padre, tenía una túnica de colores, supervisaba a sus hermanos, parecía que todo iba bien y todo fue mal. Lo vendieron, lo tiraron a una cisterna, fue vendido como esclavo. Pero, ¿qué pasó? El favor de Dios estaba con él y Potifar lo distinguió. Y parece que ahora todo iba mejor: estoy en un mejor lugar, Egipto, aquí hay plata, me está yendo bien, tengo a cargo un montón de cosas. ¿Ahora sí Dios está conmigo? Parece que no, a los ojos humanos, porque ahora es tirado a una cárcel. ¿Y qué va a pasar después? Vamos a seguir viendo las próximas semanas. Pero, ¿cuál es el mensaje con todo esto? Que Dios estaba con él en lo más alto y Dios estaba con él en lo más bajo. ¿Y qué pasa con nosotros? Nosotros también tenemos esto. Entonces, ponle aquí, cámbiale estos nombres: la pérdida de mi bebé, el fallecimiento de mi padre, la enfermedad que tiene mi hijo, el dictamen médico que me dieron, cómo perdí mi casa, me despidieron del trabajo. Y cualquiera sea nuestra circunstancia, la invitación no es ser fiel al Señor porque él te va a bendecir. La invitación es ser fiel al Señor porque él está contigo y no te ha abandonado y no te va a abandonar. Pero quiero ser claro. Esta es una verdad para todos los que hemos puesto nuestra fe en Jesucristo, porque Jesucristo, trascendiendo todo esto, él está fuera de nuestra dimensión, siendo Dios y Señor por medio de quien todas las cosas fueron creadas, descendió a esta tierra a vivir una vida justa y terminar descendiendo a lo más profundo, muriendo como un criminal en una cruz, crucificado por nuestros pecados. Él sabe qué son los bajos de la vida y él sabe lo que es lo más profundo al descender a la muerte misma, para que solo por medio de él, nosotros podamos tener acceso a una relación con el Padre y tener la garantía de que ahora sí, esta vida, no importa cuántos altos y bajos tengamos, yo lo tengo a él. Y si lo tengo a él, lo tengo todo. Entonces, si tú no tienes a Cristo y estás en lo más bajo, sí, preocúpate, porque esa es tu realidad. Y si estás en lo más alto, disfruta, porque no vas a ir más alto que eso. Esa es tu felicidad. Para los que tenemos a Cristo, podemos sufrir y lamentarnos y celebrar, pero también con una mentalidad y una perspectiva aún más amplia de que vivimos para algo más grande y que independientemente de lo que estemos viviendo, el Señor está con nosotros. El Señor está contigo. El Señor no te ha desamparado. El Señor sabe tus lágrimas en la noche. El Señor sabe tus temores. Él está contigo en la oscuridad de la cárcel. Déjame terminar con esto. Hay una práctica que tenemos en la casa donde al final del día, en la cena, nos sentamos a comer en la mesa y es más para tener una conversación con nuestros hijos, pero tenemos esta práctica donde decimos: cuál fue tu "high" de hoy y tu "low", cuál fue el momento favorito, un momento especial, un momento alegre y cuál fue un momento difícil. Y cada uno comparte lo suyo. A veces hay días donde no hay "lows". A veces el momento bajo fue el castigo de papi, que me quitó el juguete. Y lo mismo puede pasar para nosotros. A veces los "lows" de nuestra vida son las consecuencias de nuestras malas decisiones. Pero al final del día, al final de la cena, no importa qué tan "high" o "low" estuvo el día, estamos juntos y los hijos están con su papá. Pero hay una versión que al final de esta vida, nosotros vamos a estar sentados a la mesa con nuestro Padre y vamos a ver atrás y vamos a ver: "Estuvo dura esa temporada, estuvo bien pesada, ni pensé que iba a poder pasar por eso". Y aquel día sí la pasamos bien, cuando finalmente pude ver a mis papás después de tantos años porque estaba aquí en este país. O me acuerdo cuando nació mi hijo, o me acuerdo del sufrimiento, pero al final del día, lo que importa es que Dios estuvo con nosotros y que estaremos con él para la eternidad. Oremos. Padre, gracias por tu amor inagotable que nos ofreces por medio de Cristo, un amor que no podemos comprar o conseguir y un amor que trasciende nuestras circunstancias. Sin importar qué tan bien van las cosas, tú eres lo que más anhelamos y lo que necesitamos. Y sin importar qué tan mal van las cosas, te tenemos a ti y lo tenemos todo. Ayúdanos a recordar tu fiel amor al enfrentar la montaña rusa de esta vida. Ayúdanos a refugiarnos en ti y a la vez a recordar que aunque enfrentemos tentaciones y problemas, danos la fidelidad para enfrentar la tentación fielmente, huir de todo el pecado y vivir dirigidos y enfocados en ti. Te amamos y oramos en tu santo nombre, Jesús. Amén.