Browse Resources
El Hermano que Debe Volver
Transcript
Muy bien, vamos a estar en Génesis, capítulo 43. Déjenme orar y vamos a entrar en el texto. Señor, te damos gracias porque nos das la oportunidad y aún la habilidad de abrir tu palabra, verla y utilizarla como un espejo para que nosotros podamos examinarnos a nosotros mismos.
No simplemente como un libro religioso, sino lo que consideramos que es la verdad, tu verdad, la palabra de Dios. Entonces, yo pido, Señor, que nosotros lo podamos tomar con ese tipo de peso, que en medio de todas nuestras vidas, todas las distracciones, todo lo que es la superficialidad de este mundo, que nosotros tenemos un ancla firme en lo que tú nos has revelado. Y yo pido que hoy, todas las distracciones, todo lo que está en nuestras cabezas, nuestros corazones, Señor, yo sé que hay mucho.
Yo pido que por unos minutos realmente podamos enfocarnos y tener paz y tranquilidad para escuchar de ti. Es en tu nombre que oramos. Amén. Bueno, capítulo 43. Nosotros seguimos en la vida de José. La historia de José continúa. No es simplemente la historia de José como hemos estado estudiando, pero también es la historia de Israel, qué es lo que Dios está haciendo al traer a Israel a Egipto y lo que él va a hacer ahí: incubar esa familia para que llegue a ser una gran nación y después de esa nación, él va a darles la tierra prometida.
Y tenemos todo el resto del Antiguo Testamento, donde vemos el desarrollo y el fallo de la nación de Israel y eventualmente el Nuevo Testamento de donde viene el Mesías, Jesús. Y en realidad, todo eso es parte del panorama de la historia de la redención de Dios en el mundo. Entonces, no quiero que nosotros perdamos de vista ese gran panorama de lo que está pasando, pero a la vez hay personas reales, personajes reales con vidas reales que están experimentando sus vidas igual como tú y yo. Ambos a nivel de lo que está pasando físicamente, pero también la parte emocional y psicológica aún. Y creo que a veces es importante adoptar esa postura ante los textos, porque tendemos a leer, especialmente historias narrativas como esta, lo que estamos viendo en Génesis, y estamos acostumbrados a escuchar esas historias.
Entonces, olvidamos que esas son personas que tienen cosas que son más profundas que simplemente personajes dentro de una historia. Recién yo estuve en un avión y fuimos para un vuelo bastante largo, era para la organización con quien trabajo. Y entonces llego a mi asiento y ya veo el espacio para mi maletín. Entonces, empiezo a agarrar mi maletín y lo meto ahí. Hay un señor aquí, justo adelante, y dice: "Eso es mío". Y yo: "Okey, sí. ¿Qué es suyo?" "No, ese espacio es mío".
Y yo: "Okey, está bien". Y yo tenía ganas de: "Ahora es mío". Y yo le dijo que está bien, que había otro espacio y metí mi maletín ahí. Pero después yo estaba pensando que para empatizar un poco, necesito tal vez entender qué es lo que él ha estado viendo. Tal vez viene de otro vuelo bien largo, tal vez viene una discusión con su esposa, uno no sabe todo lo que está pasando ahí para hacerle reaccionar de esa manera o para hacerle tratar a las personas de esa manera. Y creo que aún cuando nosotros llegamos a pasajes como estos, que vemos a las personas tomar decisiones medio raras o vemos a personas interactuar con otros personajes dentro de la historia y estamos diciendo: "¿Por qué hacen eso?"
Obviamente, hay el contexto cultural, hay el contexto histórico, pero también hay un contexto de qué es lo que está pasando en los corazones de las personas. Se imagina la desconfianza que José tiene con los hermanos. Entonces, cuando uno le está diciendo: "José, simplemente, ¿por qué no te revelas y les enseñas quién eres y todo eso?" Él no confía en ellos. Cuando vemos lo que Jacob va a estar haciendo en realmente atrasar a su propia familia, tener la oportunidad de comer como deberían de comer, podemos ver que hay cosas ahí que él tiene temor de soltar a su hijo.
Entonces, esa es la postura a la que quiero llegar con el texto hoy, para que nosotros podamos aprender un poco más a fondo, que simplemente los eventos que hemos estado viendo. Entonces, vamos a empezar en el versículo uno del capítulo 43.
Dice así: "El hambre seguía azotando la tierra de Canaán". Ahora, si han estado con nosotros, saben que había siete años de prosperidad en Egipto, ahora están en medio de siete años de hambruna. Entonces, todo el mundo recuerda que si Egipto está sufriendo, el resto del mundo está sufriendo también. Egipto era el centro del mundo en ese momento, por lo menos esa parte del mundo. Ellos están sufriendo, el resto del mundo está sufriendo. Entonces, aún en la tierra de Canaán están sintiendo esa hambruna.
"Cuando el grano que habían traído desde Egipto estaba por acabarse, Jacob dijo a sus hijos: 'Vuelvan y compren un poco más de alimento para nosotros'". Entonces, no sabemos todo lo que ha pasado aquí, pero sí sabemos que Jacob ha estado atrasando el envío de sus hijos para estar delante del faraón y en este caso en frente de José, quien es el segundo más poderoso de la tierra. Versículo tres: "Pero Judá dijo: 'El hombre hablaba en serio cuando nos advirtió: No volverán a ver mi rostro a menos que su hermano venga con ustedes. Si envías a Benjamín con nosotros, descenderemos y compraremos más alimento. Pero si no dejas que Benjamín vaya, nosotros tampoco iremos'".
Recuerda que el hombre dijo: "No volverán a ver mi rostro a menos que su hermano venga con ustedes". Lo repito dos veces. Ellos saben que necesitan la comida, están en medio de esa hambruna y aun así Jacob no los ha mandado. Entonces, él por fin dice: "Hey, vayan ustedes, mis hijos, vayan". Y él dice: "Hey, no vamos a ir a menos que se vaya Benjamín con nosotros". Él estuvo muy claro y él repite a su papá dos veces. Entonces, vemos la reacción de Jacob, dice: "¿Por qué fueron ustedes tan crueles conmigo?", se levantó Jacob.
"¿Por qué le dijeron que tenían otro hermano?" Entonces, Jacob está culpando de atrasar todo lo que están sufriendo a sus hijos, porque él no quiere reconocer simplemente que él es quien no quiere soltar a Benjamín. Él no quiere porque está protegiendo lo último que queda de su esposa favorita, Raquel. Ese favoritismo dentro de la familia ha sido muy evidente, ha causado un montón de problemas desde antes de que nacieran los hijos. Ahora está causando problemas dentro de los hijos y aún es por eso que José está dentro de ese problema.
Sigue Jacob con la necesidad de favoritismo, que no quiere soltar lo último de su esposa favorita, Benjamín, y entonces tiene que culpar a alguien. ¿A quién va a culpar? A los hijos. "¿Por qué les dijiste eso? ¿Por qué les dijeron eso, que teníamos otro hijo, otro hermano como parte de la familia?" Versículo siete: "'El hombre no dejaba de hacernos preguntas sobre nuestra familia', respondieron ellos. 'Nos preguntó: ¿Su padre todavía vive? ¿Tienen ustedes otro hermano? Y nosotros contestamos sus preguntas. ¿Cómo íbamos a saber nosotros que nos diría: Traigan aquí a su hermano?'".
Entonces, es interesante. Ellos sí notaron que ese hombre tenía un poco de interés en su familia. No entienden por qué todavía, pero sí notaron eso, pero ellos no lo veían como nada. Ellos tenían que contestar, es el hombre más poderoso que ellos están enfrentando. Jamás, o todavía, no han reconocido que era su hermano. Ahora, versículo 8 dice así: "Judá le dijo a su padre: 'Envía al muchacho conmigo y nos iremos ahora mismo. De no ser así, todos moriremos de hambre, y no solamente nosotros, sino tú y nuestros hijos".
Jacob, papá, estás perjudicando tres generaciones con tu necedad de no enviar a Benjamín. Estás intentando proteger a un hijo y vas a perder. Jacob, tú vas a morir, nosotros los hijos vamos a morir y tus nietos. Por lo menos piensa en tus nietos, es lo que está diciendo. Judá dice: "Yo garantizo personalmente su seguridad. Puedes hacerme responsable a mí si no te lo traigo de regreso. Entonces cargaré con la culpa para siempre. Si no hubiéramos perdido todo ese tiempo, ya habríamos ido y vuelto dos veces".
Ellos sí han estado atrasando mucho esa necesidad y ese viaje. Judá llega. Acuérdense que Judá es el número cuatro en la línea. Vimos la semana pasada que Rubén dijo: "Envíalo y yo me encargo y hago que mis hijos sean responsables". Esta vez tenemos a Judá, que dice: "Yo me hago responsable". Es la primera vez en toda la historia de esa familia que estamos viendo a uno de los hombres tomando responsabilidad por lo que ha de pasar.
Hasta este punto, ha habido una familia llena de engaños, decepción y traición, y cada uno intentando ganar lo suyo, controlando la vida. Y aquí, por lo menos, por primera vez, estamos viendo a Judá diciendo: "Yo me encargo de Benjamín".
Resulta que es Judá quien tramó todo para entregar a José a los egipcios. Lo que estamos viendo aquí es que él está por fin girando. Yo no voy a decir que es arrepentimiento, y Brandon habló de eso la semana pasada, pero sí está por fin empezando a tomar unos pasos hacia corregir lo que él hizo hace tantos años, unos 20 años.
Después de tantos años de no tomar responsabilidad, simplemente para que su familia pueda sobrevivir, él está diciendo que se va a hacer más responsable en esa área. Ahora vemos la respuesta de Jacob. Entonces su padre Jacob finalmente dijo: "Si no queda otro remedio". Él ha intentado todo. Ha intentado esperar. Tal vez Dios va a proveer. No sabemos qué es lo que él estaba pensando.
Ha intentado mandar a los hijos: "Vayan, háganlo". Pero ahora está en un punto donde simplemente es lo último que puede hacer. "Si no queda otro remedio, al menos hagan esto". Un poco de chorizo añade al hijo. "Carguen sus costales con los mejores productos de esta tierra: bálsamo, miel, resinas aromáticas, pistachos y almendras. Llévanos al hombre como regalo".
Entonces él dice: "Por lo menos podemos intentar apaciguarlo. Tomen también el doble del dinero que les devolvieron". Se acuerda que la semana pasada encontraron más dinero, o el dinero que habían pagado por el grano, lo encontraron de vuelta y ellos dijeron: "Debe ser que estamos pagando las consecuencias de lo que hicimos en contra de José, ya que probablemente alguien se equivocó. Después tomen a su hermano", y eso es lo importante. "Tomen a su hermano y regresen a ver al hombre y vean lo que dice. Que el Dios Todopoderoso les muestre misericordia cuando estén delante del hombre, para que ponga a Simeón, quien todavía queda en la cárcel, en libertad y permita que Benjamín regrese. Pero si tengo que perder a mis hijos, que así sea".
Estamos viendo un poco de movimiento en la vida de Jacob. Por tanto tiempo él ha estado diciendo: "No, ese es lo último que queda de mi esposa favorita, lo voy a proteger, voy a hacer todo lo que sea posible para que eso no le toque a él, porque ya perdí a José. Pero ahora sí, no me queda otro remedio". Y dice: "Que el Señor Todopoderoso". Él sabe, de alguna manera, que aunque este hombre sea el segundo más poderoso de Egipto, el Dios Todopoderoso está sobre él. En todo eso, lo que estamos viendo aquí es que esta situación de hambruna está forzando a Jacob a soltar lo último que le queda, a su perecer, a la mano de Dios.
Esa situación de tanta dificultad, donde literalmente están a punto de morir, es lo que toma para que él empiece a deshacerse de intentar controlar y proteger su vida. Hasta este punto, él ha intentado controlar la narrativa. "Vaya allá, consigue el grano, pero no lo voy a hacer a los términos de él. Yo quiero hacerlo a mis términos. Yo voy a proteger a mi último hijo". Él no quiere estar en esa posición. Ya vimos que él está culpando a los otros hijos para ponerlo en esa posición, pero al final él tiene que decir: "Que el Dios Todopoderoso".
Acuérdense que eso es Jacob. Jacob ha visto la mano de Dios a través de toda su vida. Ha luchado con Dios físicamente. Es el nieto de su abuelo Abraham, quien recibió la promesa directa de Dios sobre la tierra de Canaán. Sabe que Dios está con él y aun así le ha costado tanto por el dolor de perder a José, le ha costado tanto soltar esa parte de su vida. Pero toda esa situación de hambruna lo amenaza en contra de su familia y dice: "Okey, ahora ya no puedo guardar lo que estoy intentando guardar, no me puedo aferrar a lo que me estoy aferrando, tengo que entregarlo al Señor".
Y lo impresionante es que cuando él hace eso, ahora va a abrir el camino para que en realidad reciba lo que ya estaba esperando desde el principio, que es José. Quiero que nosotros veamos esto. Es la diferencia entre una vida aferrada a las cosas que sea que estamos protegiendo, comparado con una vida entregada, donde podemos con manos abiertas soltar y entregar todas nuestras vidas, todas las diferentes partes de nuestras vidas al Señor. Muchas veces, de esas cosas que nosotros nos aferramos, muchas veces nos bloquea de lo que realmente estamos buscando cuando estamos entregando eso a Dios.
Siendo creyentes, creo que la mayoría de nosotros sabemos que es mejor dar de nuestras vidas, dar nuestras vidas, entregar nuestras vidas, que aferrarnos a nuestras vidas. Sin embargo, es difícil hacerlo todo. Estuve leyendo un libro recién y les conté a mis chicos sobre eso. El autor estaba hablando de que nuestras vidas son como una mansión con 100 cuartos. Y nosotros venimos y decimos: "Señor, aquí estamos, aquí está nuestra mansión, nuestra vida, aquí está nuestra vida, pero tenga esos 97 cuartos de la mansión y yo me quedo con tres. Esos tres no tocas. Lo otro, todo. Yo te entrego a ti, menos esos tres cuartos".
Entonces decimos: "Señor, te llevamos todo, todo lo que somos, menos mi horario y el tiempo que tengo, mi energía. Señor, te doy todo, menos el uso de mi celular. Yo te doy todo, menos mi deseo por el dinero, menos ese deseo por ser reconocido. Yo te doy todo, menos el querer constante entretenimiento, distracción y descanso".
Te doy todo menos mi vida sexual. O aún cosas buenas. Señor, te doy todo menos ese deseo de tener un hijo, menos ese deseo de casarme, menos ese deseo de que mi hijo o mi hija sea la mejor de la escuela o del equipo de deportes. Te doy todo menos eso. Esa parte yo la quiero controlar, yo la voy a manipular y voy a hacer las cosas a mi manera, pero todo lo demás te lo doy a ti.
Y eso es lo que estamos viendo aquí, que a veces Dios nos trae a un punto donde simplemente tenemos que soltar y decir que sea Él, Dios todopoderoso, el Señor todopoderoso. Jesús lo dijo de esa manera. Él dijo: "Si alguno de ustedes quiere ser mi seguidor, tiene que abandonar su propia manera de vivir, eso es dejar su vida, tomar su cruz, es una manera de morir, crucifixión, y seguirme. Si tratas de aferrarte a la vida, la perderás, pero si entregas tu vida por mí, la salvarás". Y a veces seguimos en nuestra necedad, nuestra obstinación, nuestra terquedad y podemos seguir aferrándonos a esas áreas de nuestras vidas, esos tres, cuatro cuartos de nuestras vidas, o podemos soltarlos y decir: "Señor, eso es suyo".
Y a veces no sabemos qué es lo que va a pasar. Jacob aquí suelta a Benjamín, los manda y van a pasar varias semanas antes de que llegue ahí y ellos no van a estar ahí con su WhatsApp diciendo: "¡Guau! Nos llevaron al banquete". No, él simplemente está sentado ahí en el desierto, no sabe qué es lo que ha pasado con sus hijos hasta que vuelvan en el futuro.
Pero igual él ve la necesidad de soltar. Entonces, creo que para nosotros una de las cosas que hay que examinar es cuál parte de tu vida, cuáles cuartos de tu vida todavía estás protegiendo, a qué te estás aferrando. ¿Cuál parte de tu vida tienes que soltar, tienes que entregar? ¿Qué es lo que necesitas soltar y entregar?
Versículo 15: "Así que los hombres cargaron los regalos de Jacob, tomaron el doble del dinero y emprendieron el viaje con Benjamín". Entonces sí van con lo que realmente va a soltar el grano, Benjamín. "Finalmente llegaron a Egipto y se presentaron ante José. Cuando José vio a Benjamín con ellos, le dijo al administrador de su casa: 'Esos hombres comerán conmigo hoy al mediodía, llévalos dentro del palacio. Luego mata un animal y prepara un gran banquete'. El hombre hizo conforme a lo que José le dijo y los llevó al palacio de José".
Esa debe ser una escena muy buena para los hermanos. Ellos ven que llegan ahí y de repente ese hombre va a darles trato especial. "Llévalos al palacio, vamos a tener un gran banquete". Y por un lado, nosotros vemos todo lo que ellos están preparando para los hermanos. Pero vean la respuesta de los hermanos. Los hermanos estaban aterrados al ver que los llevaban a la casa de José y decían: "Es por el dinero que alguien puso en nuestras costas la última vez que estuvimos aquí. Él piensa como que nosotros lo robamos. Luego nos apresará, nos hará esclavos y, lo peor, se llevará a nuestros burros".
Es una de las primeras sorpresas que ellos se están tocando ahora, que van hacia un banquete, pero notan que es trato especial y tienen que hacer la pregunta: "Pero hay miles de otros que están aquí pidiendo grano, ¿por qué nos están haciendo eso? Debe ser algo malo. Son intenciones maliciosas, debe ser algo malo", y ellos interpretan esta invitación de una manera completamente equivocada. Entonces, hay una gran diferencia entre la perspectiva. Mientras que ellos están siendo preparados para un banquete, ellos creen que están siendo preparados para la esclavitud.
Y yo me pongo a pensar: ¿cómo puede haber tanta diferencia en esa perspectiva? ¿Cómo es que puede pasar eso? Y yo creo que tiene que ver con la gran cantidad de culpa y vergüenza que ellos llevan.
Si se notan, en el capítulo pasado encuentran el dinero y lo primero, cuando algo pasa en sus vidas, que algo pasa que no está bien, lo primero que dicen: "Es consecuencia de lo que hicimos. ¡Ah, José!" Ahora, de nuevo, están diciendo: "Es porque tenemos el dinero que entregamos, pero ellos van a pensar que lo robamos". Pero es como ellos constantemente cargan esta culpa y cuando uno carga esa cantidad de culpa, siempre va a ver que todo es como una amenaza. No importa lo que está pasando, puede ser una realidad completamente diferente, pero ellos se sienten amenazados.
"Vamos a pagar esas consecuencias, vamos a tener que enfrentar eso". Esa semana yo estuve haciendo unos ejercicios y probablemente unos ejercicios que ya a esta edad no debería hacer. Entonces, estoy haciendo eso y en el medio, algo en la espalda, y yo sentí un dolor. Aún eso me dolió. Entonces, ahora estoy medio tieso con eso. Pero el resto del fin de semana, ¿qué es lo que tengo que hacer?
Tengo que estar muy consciente, vigilante, protegiéndome del dolor que me va a pasar. Y eso es lo que está pasando aquí. Su culpa y vergüenza los hace sentir muy expuestos y entonces se tienen que proteger. "En cualquier momento viene una amenaza en contra mía. En cualquier momento lo malo me va a caer". Entonces, mientras que la realidad sea que van para un banquete, ellos creen que están siendo preparados para ser esclavos. Y me identifico en este caso en dos áreas.
Primero, ya en sus mentes, es muy interesante, ellos ya saben qué es lo que va a pasar. Ya ellos han asumido que eso va a pasar. No sé si ustedes han tenido alguna discusión, tal vez con su cónyuge, y dicen: "Y yo le voy a decir esto y esto y esto, y ella me va a responder así, entonces yo le voy a responder así". Y uno llega y empieza a hablar y por todos lados diferentes. Todo lo que uno asumía no es como sale. O aún en un negocio de negociación, algo así, que entras con una idea y sales con otra idea.
Pero como seres humanos, muchas veces tendemos a asumir que sabemos qué va a pasar y en realidad no tiene ninguna base fundamental, porque estamos asumiendo o presumiendo que las cosas que van a pasar vienen de nosotros y de nuestras experiencias pasadas, que realmente están formándonos en eso. Entonces, lo que tenemos aquí es una conciencia cargada de ellos comparada con una conciencia limpia.
Cargada por el pasado, por lo que hemos hecho, por lo que otros han hecho por nosotros, comparado con una conciencia, no que nosotros hemos limpiado o que hemos vivido de una manera recta o justa, que nosotros vivimos una conciencia limpia por lo que Cristo ha hecho por nosotros. Y tengo que ser un poco abierto aquí. Yo desde niño tengo que luchar con un sentimiento de que Dios estaba en contra de mí. ¿De dónde viene? No sé. No sé si algo pasó, pero hasta hoy en día, cuando algo malo me pasa, yo estoy pensando: "Dios me está castigando".
Y yo proyecto sobre Dios mi culpa, mi vergüenza. Que yo no fui suficiente, que yo soy un tonto, qué mala decisión he tomado. No me veo como debería de verme. Un montón de cosas son mentiras de mi vida, pero así es lo que ha formado cómo yo veo el mundo. Y entonces, cuando yo funciono bajo ese tipo de pensamiento, todo lo que veo es una amenaza en contra de mí, una pelea en contra de mí. Todo lo que veo es cínico, ojos negativos, cómo veo la vida, todo es pesimista.
No es cierto Pero esa es la realidad que se ha formado en mí y creo que es un poco de lo que estamos viendo aquí. Ellos van directo a lo negativo. Atribuyen todo lo que están experimentando ahora basado en el pasado.
Mucho de lo que percibimos en el mundo, cómo interactuamos con las personas, cómo juzgamos a otras personas, cómo juzgamos otras situaciones o las situaciones que estamos viviendo, está más influenciado no por la realidad de lo que está pasando afuera, sino por lo que está pasando dentro de nosotros. Ayuda mucho reconocer qué es lo que está pasando en nosotros. Pero si de verdad reconocemos la bendición que Dios nos ha dado al darnos redención, al limpiar nuestras conciencias, al salvarnos de nuestra vergüenza y culpas por el sacrificio que Cristo ha hecho en la cruz, y ahora yo puedo vivir una vida plena, limpia, abierta, entonces veo la vida como debe ser y no bajo una conciencia cargada con culpa y vergüenza.
Porque cuando vivimos de esa manera, aún cuando nuestro jefe viene a hablarnos y pensamos: "Está enojado conmigo". O cuando nuestra esposa o nuestro esposo viene y nos habla y dice algo y nosotros nos ponemos muy a la defensiva en ese momento. Tenemos que reconocer eso.
Nuestra perspectiva del mundo, los anteojos que ponemos, como vimos la semana pasada, al interpretar lo que está pasando muchas veces nos dice mucho más de nuestra propia perspectiva y actitud que en realidad lo que está pasando alrededor. Una conciencia limpia nos dice si estamos operando bajo un entendimiento de la gracia de Dios, en vez de bajo una conciencia cargada que simplemente resulta en frustración, impaciencia, enojo, amargura, molestia, juicio en contra de otros.
Aun viendo a esos hermanos, nosotros podríamos ver para atrás y examinar nuestras vidas pensando en: ¿hay alguna situación que yo he experimentado, porque a veces cosas traumáticas nos pasan y forman cómo vemos el mundo? ¿O fue algún pecado que yo cometí en el pasado o un pecado al que yo estoy constantemente esclavizado, y podemos ver cómo eso me ha defendido? Pero cuando venimos delante del Señor y decimos: "No, Cristo me ha liberado de eso".
Es por eso que yo tengo que venir los domingos y cantar canciones como esas que estamos diciendo: "Dios es bueno". ¿Por qué? Porque mi tendencia natural es: "Dios es en contra de mí". Pero yo vengo y todos los días me levanto y leo las escrituras y oro porque yo estoy viendo que Dios es bueno. Tengo que decir la verdad a las mentiras que se han creado en mí. Constantemente. De eso se trata el Evangelio.
Por eso predicamos el Evangelio. No es simplemente orar y ya. "Okey, yo puse mi fe en Cristo y ya". No, es todos los días. Yo tengo que creer en lo que Cristo hizo por mí. Eso es lo que me da la libertad de vivir la vida que tengo.
Y también ver hacia adelante y decir: "Okey, ¿será que mis propios temores, todo lo que yo estoy protegiéndome, está parando de ver la bendición de la vida que Dios me está dando?" Porque ellos casi se van corriendo, yo creo, y no experimentan todo lo que viene después en el banquete.
Ellos tienen ese miedo y van al administrador y le dicen: "Perdón". Porque ellos ya piensan que van para la esclavitud y que les va a robar los burros. Entonces le dicen: "Perdón, no sabemos qué es lo que pasó, pero aquí está el dinero, aquí tenemos doble el dinero para que ustedes lo puedan tener". Y vean la respuesta de ese señor. Dice: "'Tranquilos, no tengan miedo', les dijo el administrador". A veces, cuando estamos tan cargados con la culpa, tendemos a explotar cualquier cosa pequeña y pensamos que es un drama enorme.
Ellos están: "¡Nos van a hacer esclavo!" Y él dice: "Tranquilos, está bien". Ya, nada más, lo deja así. Entonces dice: "El Dios de ustedes, el Dios de su padre, debe de haber puesto ese tesoro en sus costales. Me consta que recibí el pago que hicieron".
Hasta este punto de la historia no vemos nada de Dios. El pueblo de Dios no ha buscado a Dios, no ha orado a Dios, no ha confiado en Dios. Solo hemos visto a Jacob, pero los hermanos no han dicho nada. Y de repente un pagano, alguien que es un egipcio, simplemente dice: "Es su Dios".
Y tantas veces nosotros estamos tan consumidos en nuestras propias vidas, tan distraídos por protegernos, crear ese guardaespaldas de nuestra propia espalda, que nosotros ni miramos para arriba. "No, Dios me tiene. Dios me tiene en eso". Y es como un rayo de luz, un relámpago dentro de esa historia, donde uno que ni debe de saber nada, pero me imagino que influenciado por José, dice: "No, es su Dios. Tranquilos, Dios se los dio y ya".
Yo creo que es importante, porque a veces nosotros somos tan ansiosos en la vida, pero la razón es que nosotros somos los que estamos controlando todo dentro de ella y no podemos simplemente confiar que Dios es quien está al control. No viene de una manera orgullosa de intentar predecir el futuro, de decir que Dios me va a bendecir en todo. No, se trata de que no importa lo que pase, yo puedo confiar en Dios. Él me tiene, tiene mi espalda. Yo no lo tengo que cuidar por mí mismo. Ellos hablan con él, él dice: "Tranquilos, suelten a Simeón".
Entonces ya él no está en la cárcel y los llevan ahí donde José. Ellos se alistan, se lavan sus pies, alimentan sus animales y preparan todos los regalos para que le puedan dar a José antes del banquete. Versículo 26: "Cuando José volvió a casa, le entregaron los regalos que le habían traído y luego se postraron hasta el suelo delante de él. Después de saludarles, él les preguntó: '¿Cómo está su padre, el anciano que me hablaron? ¿Todavía vive?' 'Sí', contestaron, 'nuestro padre, siervo de usted, sigue con vida y está bien'. Y volvieron a postrarse".
Ellos siguen postrándose. Eso es cumplimiento de todos los sueños que vimos en el capítulo 37. "Entonces, José miró a su hermano Benjamín, hijo de su misma madre". Todos los otros son medio hermanos. Ahora, ese es su hermano. "'¿Es este su hermano menor del que me hablaron?' preguntó José. 'Que Dios te bendiga, hijo mío'. Entonces José se apresuró a salir de la habitación, porque la emoción de ver a su hermano lo había vencido. Entró en su cuarto privado, donde perdió el control y se echó a llorar".
Me fascina que la Biblia incluya esa parte sumamente emocional. Se puede imaginar 20 años de no verlo. Debe ser la última vez que vio a su hermano, era pequeño. Después, le entrega y él se va. Él está pensando que ellos lo han abandonado. Ellos están pensando que él está muerto. Y ahora están en este cuarto por primera vez, todos juntos. Él ve a su hermano. Se imagina la emoción que él está cargando en ese momento, tanto que él tiene que ir, cerrar la puerta y empieza a llorar.
No sé si ustedes han tenido una reunión con algún familiar de esa manera después de muchos años o una reconciliación entre personas cercanas, pero es un tiempo fuerte. Versículo 31: "Después de lavarse la cara, volvió a salir y ya más controlado". Entonces ordenó: "'Traigan la comida'".
Recuerden que ellos están en una hambruna, probablemente no han comido mucho y ahora van a enfrentar un banquete enorme con el hombre más poderoso. El vicepresidente de los Estados Unidos los ha invitado a cenar. No sé si quieren estar con él, pero los ha invitado a cenar un banquete enorme.
Los camareros sirvieron a José en su propia mesa y sus hermanos fueron servidos en una mesa aparte. Los egipcios que comían con José se sentaron en su propia mesa. Parece que hay tres mesas, una para José, por su posición, después están los egipcios y después los hebreos, porque los egipcios desprecian a los hebreos y se niegan a comer con ellos. José indicó a cada uno de sus hermanos dónde sentarse y, para sorpresa de ellos, los sentó según sus edades, desde el mayor hasta el menor. Y termina así: también llenó sus platos con comida de su propia mesa y le dio a Benjamín cinco veces más que a los demás. Entonces festejaron y bebieron libremente con José.
Por mucho tiempo pensaba: ¿por qué José hizo eso? Yo creo que es porque él todavía está probando los corazones de los hermanos. Él está en la posición donde está, fue traicionado por el favoritismo que fue enseñado a él desde su papá. Ese favoritismo causó celos y entonces lo vendieron. Él ahora va a demostrar favoritismo a Benjamín y él quiere ver si ellos todavía tienen celos. Y vamos a ver en el otro capítulo que sigue, que él va a dar una oportunidad para que ellos, en sus celos, lo entreguen a Egipto y lo dejen.
Y ellos esta vez, obviamente, lo van a superar. Pero creo que es por eso. Él quiere demostrar favoritismo a Benjamín para ver un poco los corazones de sus hermanos. Les da un montón de comida, ellos no han visto esa cantidad de comida. Y ahí están los hermanos, festejaron, bebieron libremente con José, parece que por fin bajan la guardia un poco.
Esta cena es un anticipo de cosas futuras, de una reunión familiar y una reconciliación familiar. Pero aún hay una separación, física y de conocimiento entre ellos. Porque, por un lado, tenemos a José, quien es visto como el hombre egipcio, y tenemos los hermanos que están ahí como los hebreos que han venido a pedir comida. En sus mentes y en las mentes de los otros, hay un desprecio ahí. Pero la realidad es que la posición donde José se encuentra es, sí por el pecado de ellos, pero también es porque él ha seguido dependiendo en Dios a través de su vida para llevarlo a esa posición de poder.
Por el otro lado, tenemos los hermanos, quienes han intentado manipular, controlar y manejar su pecado, no confesar, ser motivados por los celos, y ellos están ahí pidiendo comida. No puede haber una separación más grande entre un hombre con una posición de poder, porque ha dependido en Dios, y unos hombres que han sido consumidos por sus propias vidas, dependiendo en sí mismos. Él tiene el poder de darles un banquete, él tiene el poder de matarlos.
Ellos lo único que pueden hacer es ir y pedir misericordia y recibir la comida. Y aquí es donde vemos una gran diferencia entre una vida que es vivida en dependencia en Dios, de Dios, dependiente de Dios y una vida dependiente de sí mismo. De hecho, yo creo que el secreto a una vida poderosa, yo diría, una vida dependiente de Dios, es una vida poderosa, mientras una vida dependiente en sí mismo es una vida de escasez.
Uno tiene poder, no porque uno es poderoso, uno tiene poder porque depende de un Dios todopoderoso. Y creo que es una realidad espiritual, aún aquí, hasta que los hermanos se den cuenta de que es José, hasta que haya una reconciliación verdadera, ellos simplemente van a ser un montón de hermanos que vienen de una tierra lejana pidiendo comida. Y José va a ser el hombre que está manejando todos los recursos de un imperio.
Y nosotros muchas veces somos parecidos, y obviamente no estoy hablando simplemente de lo físico y la prosperidad física. Yo estoy hablando de cuando nosotros tenemos una vida dependiente de Dios, una vida abierta, una vida en plena relación con Dios, donde estamos libres para aceptar las situaciones de la vida que vienen, pero igual seguimos confiando en Dios. Una vida, no de estar consumido por uno mismo, sino una vida confiando en Dios.
Ahí es cuando nosotros realmente tenemos todo el poder, porque estamos libres de lo que este mundo está diciendo cómo hay que vivir. Ellos no pueden generar eso, nosotros tampoco podemos generar eso, sino ellos experimentan el banquete, van a experimentar la reconciliación, todo por la gracia y misericordia de José en sus vidas, de invitarles a un banquete, de perdonarlos, de no matarlos.
Y de la misma manera, Dios, en su gracia y en su misericordia, él viene, aunque lo hemos traicionado con nuestro pecado, aunque la creación ha fallado y fracasado delante de él, él dice: "¿Saben qué? Aquí hay un banquete. De mi gracia y de mi misericordia, yo le voy a dar a mi hijo para que ustedes puedan compartir en mi reino a través de su sacrificio, a través de lo que él ha hecho".
Y él los hace justos. Entonces, cuando nosotros vemos y sentimos esa carga de nuestra conciencia y que hemos pecado delante del Señor, él viene y dice: "Okey, está bien, pero yo los justifico, yo los limpio".
Yo no sé cuál es tu lucha con Dios en estos momentos. No sé, el pecado, la tensión, el conflicto que tienen interior ahora, pero sí les digo, deja de cubrir, deja de ocultar.
Simplemente sepa la gracia de Dios. Entra en ese lugar de banquete, reciba la misericordia que él les ofrece. Y para terminar, aún en medio de eso, y ellos reciben. Ellos reciben el banquete, festejan, beben, comen, pero igual ellos no saben. Eso es lo que están experimentando en el momento, pero todavía no saben la reconciliación que viene. No lo ven.
Ellos reconocen que ese hombre ha hecho algunas cosas especiales, los ha tratado con favoritismo, pero al final ellos no pueden ver. Y vemos esa diferencia entre ojos que están ciegos a la realidad. Ellos sí pueden ver el banquete, pero no ven quién realmente está con ellos. Ellos sí reciben la bendición, pero no reconocen quién es realmente quien da la bendición. Y es la diferencia entre ojos ciegos y ojos que ven. Yo a veces escucho a podcast seculares y es muy interesante porque muchos están tan cerca de la verdad.
Incluso ven a Jesús como alguien histórico, un ejemplo de la moralidad, pero no pueden ver a Jesús como el hijo de Dios que vino a salvar el mundo. Ojos ciegos. Jesús lo dijo a los fariseos, él dijo: "Ey, ustedes me están viendo e igual no creen que yo vengo de Dios". En el camino de Emaus, ellos andaban todo el camino después de la resurrección hablando que Jesús, y ellos no podían darse cuenta hasta el puro final Y él se va y se revela y ellos: "Con razón fue Jesús, entendimos esas cosas de esa manera".
Creo que muchas veces hay cosas en nuestras vidas que aún podemos experimentar, la bendición que Dios nos da, pero muchas igual nos quedamos ciegos a lo que Dios realmente está haciendo en nuestras vidas. Estamos felices de recibir su bendición, pero estamos demasiado ciegos como para ver quién nos está realmente dando la bendición. Y en eso hay que preguntarnos qué es lo que nos está parando de ver, qué es lo que nos está bloqueando de ver, estorbando de ver la verdad.
Nos vemos como Jacob. Nosotros tenemos que soltar y dejar que Dios nos justifique, y tenemos que confiar y dejar que Dios nos abra nuestros ojos.
Hoy tenemos la oportunidad de disfrutar de la cena del Señor. Esta cena representa, implica y nos recuerda qué es lo que Cristo hizo para que nosotros pudiéramos entrar en la presencia del Señor. Es un gran privilegio para nosotros, como el cuerpo de Cristo, participar. Siempre pedimos que si no has puesto tu fe en Cristo, que te abstengas de participar, porque eso sí es para personas que siguen a Cristo, que han puesto su fe en Cristo. Pero nosotros tomamos del pan y del vino para recordar. En 1 Corintios 11 Pablo dijo que el Señor dijo: "Haz esto en memoria de mí", que es la memoria que Él se sacrificó, dio de sí mismo para que nosotros pudiéramos participar de su reino, de su naturaleza divina al ser salvos, justificados.
Aunque vivimos en este mundo con tantos problemas, aunque todavía nosotros sufrimos de la naturaleza pecaminosa, Él nos ha justificado y nos ha puesto en un lugar donde nosotros podemos realmente decir: "Él es mi Rey y yo puedo seguirle". Él dice: "Haz esto en memoria de mí", pero también dice: "Y cuando lo hacen, hagan esto hasta que yo vuelva". Entonces, volvemos a ver para atrás, pero también veamos hacia adelante, es decir, algún día se completarán todos nuestros anhelos de estar reunidos con el Señor. Nosotros vivimos en ese tiempo raro del "ya está hecho, pero todavía no está cumplido".
Pero mientras, lo que estamos haciendo es reconociendo que nosotros formamos parte de esa asamblea que Dios ha juntado, no solamente aquí en Iglesia Gracia, sino también junto con nuestros hermanos y hermanas a través del mundo. Entonces, vamos a tomar un tiempo para examinar, tal vez pensar en alguna de las preguntas que hemos escuchado hoy, pensar en qué es lo que Dios les ha estado enseñando a través del pasaje hoy.
Y cuando estén listos, pueden venir a las mesas. Tenemos unas aquí y dos allá atrás también. Pueden tomar del pan, tomar del vino, volver a sus asientos y cuando estén listos, pueden participar de los elementos. Yo no voy a dar más instrucciones, pero déjenme orar para entrar en este tiempo.
Señor, te damos gracias porque, de alguna manera u otra, la historia de Jacob y su familia, Israel, la historia de José y la historia de todo lo que estamos viendo en este momento, Señor, es nuestra historia. Históricamente es nuestra historia, pero también podemos identificar con todo lo que ellos estaban experimentando hace tantos años, 4.000 años.
Y vemos que la realidad humana es igual, que todos hemos fallado y todos estamos en necesidad de un salvador, que ninguno de nosotros podemos salvarnos a nosotros mismos. Entonces, Señor, al venir delante de tu mesa hoy, yo pido que para los que estamos aquí, que tenemos que soltar áreas de nuestras vidas, que tenemos que confiar que tú nos justificas, que nosotros tengamos que depender de ti más que de nosotros mismos, y aún, Señor, que tú nos puedas abrir nuestros ojos para ver no simplemente lo que está alrededor de nosotros, sino de dónde viene.
Y yo pido que este puede ser un tiempo donde al examinarnos nosotros mismos podemos confesar, arrepentirnos y venir a tus brazos que están estirados y abiertos con la verdad, que combate todas las mentiras que están en nuestras mentes, con las mentiras que el mundo nos dice, las mentiras que hemos creado nosotros mismos. Y en eso, ver tu gran perdón, que nos da la oportunidad de vida eterna, Señor, de participar en su reino, de participar en la naturaleza de tu hijo, Jesús. Y Señor, yo pido que esas verdades tan grandes sean reales en nuestras vidas y en nuestras mentes, nuestros corazones, de tal manera que nosotros podamos vivir vidas con poder espiritual, con profundidad, que impacte a los que están alrededor de nosotros.
Nada de eso es posible sin ti. Nada de eso es posible sin tu sacrificio, Señor. Y ahora queremos participar en estos elementos para que nosotros podamos recordar lo que hiciste y también ver hacia un futuro con gran esperanza, esperando el día que vengas y será cumplido todo.
Te amamos, Señor. Te damos gracias. Es en tu nombre que oramos. Amén.