DÍA 4: La Esperanza del Regreso de Cristo

DÍA 4: La Esperanza del Regreso de Cristo

Lectura

Entonces vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido y también el mar. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo desde la presencia de Dios, como una novia hermosamente vestida para su esposo.

Oí una fuerte voz que salía del trono y decía: «¡Miren, el hogar de Dios ahora está entre su pueblo! Él vivirá con ellos, y ellos serán su pueblo. Dios mismo estará con ellos. Él les secará toda lágrima de los ojos, y no habrá más muerte ni tristeza ni llanto ni dolor. Todas esas cosas ya no existirán más».

Y el que estaba sentado en el trono dijo: «¡Miren, hago nuevas todas las cosas!». Entonces me dijo: «Escribe esto, porque lo que te digo es verdadero y digno de confianza». También dijo: «¡Todo ha terminado! Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. A todo el que tenga sed, yo le daré a beber gratuitamente de los manantiales del agua de la vida. Los que salgan vencedores heredarán todas esas bendiciones, y yo seré su Dios, y ellos serán mis hijos.

»Pero los cobardes, los incrédulos, los corruptos, los asesinos, los que cometen inmoralidades sexuales, los que practican la brujería, los que rinden culto a ídolos y todos los mentirosos, tendrán su destino en el lago de fuego que arde con azufre. Esta es la segunda muerte».

Entonces uno de los siete ángeles que tenían las siete copas con las últimas siete plagas se me acercó y me dijo: «¡Ven conmigo! Te mostraré a la novia, la esposa del Cordero».

Así que me llevó en el Espíritu a una montaña grande y alta, y me mostró la ciudad santa, Jerusalén, que descendía del cielo, desde la presencia de Dios. Resplandecía de la gloria de Dios y brillaba como una piedra preciosa, como un jaspe tan transparente como el cristal. La muralla de la ciudad era alta y ancha, y tenía doce puertas vigiladas por doce ángeles. Los nombres de las doce tribus de Israel estaban escritos en las puertas. Había tres puertas a cada lado: al oriente, al norte, al sur y al occidente. La muralla de la ciudad estaba fundada sobre doce piedras, las cuales llevaban escritos los nombres de los doce apóstoles del Cordero.

El ángel que hablaba conmigo tenía en la mano una vara de oro para medir la ciudad, sus puertas y su muralla. Cuando la midió se dio cuenta de que era cuadrada, que medía lo mismo de ancho que de largo. En realidad, medía 2220 kilómetros de largo, lo mismo de alto y lo mismo de ancho. Después midió el grosor de las murallas, que eran de sesenta y cinco metros (según la medida humana que el ángel usó).

La muralla estaba hecha de jaspe, y la ciudad era de oro puro y tan cristalino como el vidrio. La muralla de la ciudad estaba fundada sobre doce piedras, cada una adornada con una piedra preciosa: la primera con jaspe, la segunda con zafiro, la tercera con ágata, la cuarta con esmeralda, la quinta con ónice, la sexta con cornalina, la séptima con crisólito, la octava con berilo, la novena con topacio, la décima con crisoprasa, la undécima con jacinto y la duodécima con amatista.

Las doce puertas estaban hechas de perlas, ¡cada puerta hecha de una sola perla! Y la calle principal era de oro puro y tan cristalino como el vidrio.

No vi ningún templo en la ciudad, porque el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero son el templo. La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna, porque la gloria de Dios ilumina la ciudad, y el Cordero es su luz. Las naciones caminarán a la luz de la ciudad, y los reyes del mundo entrarán en ella con toda su gloria. Las puertas nunca se cerrarán al terminar el día porque allí no existe la noche. Todas las naciones llevarán su gloria y honor a la ciudad. No se permitirá la entrada a ninguna cosa mala ni tampoco a nadie que practique la idolatría y el engaño. Solo podrán entrar los que tengan su nombre escrito en el libro de la vida del Cordero.

Apocalipsis 21

¡Canten al Señor una nueva canción!

¡Que toda la tierra cante al Señor!

Canten al Señor, alaben su nombre;

cada día anuncien las buenas noticias de que él salva.

Anuncien sus gloriosas obras entre las naciones;

cuéntenles a todos las cosas asombrosas que él hace.

¡Grande es el Señor! ¡Es el más digno de alabanza!

A él hay que temer por sobre todos los dioses.

Los dioses de las otras naciones no son más que ídolos,

¡pero el Señor hizo los cielos!

Honor y majestad lo rodean;

fuerza y belleza llenan su santuario.

Oh naciones del mundo, reconozcan al Señor;

reconozcan que el Señor es fuerte y glorioso.

¡Denle al Señor la gloria que merece!

Lleven ofrendas y entren en sus atrios.

Adoren al Señor en todo su santo esplendor;

que toda la tierra tiemble delante de él.

Digan a todas las naciones: «¡El Señor reina!».

El mundo permanece firme y no puede ser sacudido.

Él juzgará a todos los pueblos con imparcialidad.

¡Que los cielos se alegren, y la tierra se goce!

¡Que el mar y todo lo que contiene exclamen sus alabanzas!

¡Que los campos y sus cultivos estallen de alegría!

Que los árboles del bosque canten de alegría

delante del Señor, ¡porque él viene!

Viene a juzgar la tierra.

Juzgará al mundo con justicia

y a las naciones con su verdad.

Salmo 96

Apocalipsis 21 nos presenta una visión gloriosa del cielo nuevo y la tierra nueva. Dios hace nuevas todas las cosas, enjuga toda lágrima y elimina el dolor, la muerte y el llanto. La Nueva Jerusalén desciende del cielo como una esposa preparada para su esposo, y Dios habita con su pueblo. Es una imagen poderosa del cumplimiento de todas las promesas de Dios.

Salmo 96 es un cántico de alabanza que celebra la grandeza y majestad de Dios. Exhorta a todas las naciones a cantar al Señor, anunciar su salvación, y reconocer su soberanía sobre toda la creación. El salmista anticipa el juicio de Dios como algo justo y motivo de alegría, pues Él gobernará con equidad.

Versículo Clave

«Miren, yo vengo pronto, y traigo la recompensa conmigo para pagarle a cada uno según lo que haya hecho.

Apocalipsis 22:12

Reflexiona

La promesa del regreso de Cristo no es solo una esperanza futura, sino una llamada presente a vivir con propósito. Tanto el Salmo 96 como Apocalipsis 21 y 22 nos muestran una visión gloriosa del Señor que viene como juez justo y redentor fiel. No debemos temer su venida, sino anhelarla, prepararnos y vivir alineados con su voluntad.

En un mundo lleno de incertidumbre, dolor y desilusión, esta esperanza nos da una ancla firme: Cristo viene, y viene con recompensa. Esto no habla de un sistema de méritos humanos, sino de una fidelidad que se manifiesta en una vida transformada por su gracia.

Muchos viven como si la historia no tuviera final, como si esta vida fuera lo único que existe. Pero Apocalipsis 21 nos recuerda que Dios está construyendo una realidad eterna, donde no habrá más llanto ni muerte. Esa visión futura debe moldear nuestras decisiones diarias: desde cómo usamos nuestro tiempo, hasta cómo tratamos a los demás o enfrentamos la adversidad.

El Salmo 96, por su parte, nos exhorta a vivir en adoración y proclamación. No es pasividad, sino una vida vibrante que canta al Señor, que proclama su salvación cada día. ¿Por qué? Porque Él viene, y su justicia será definitiva.

-¿Qué áreas de tu vida cambiarían si vivieras cada día como si Cristo pudiera regresar hoy?

-¿Estás viviendo para recibir la recompensa que Él trae o buscando recompensas temporales?

-¿Cómo puedes alinear tus prioridades con la certeza de un cielo nuevo y una tierra nueva?

Oración

Señor Jesús, gracias por la esperanza gloriosa de tu regreso. Ayúdame a vivir cada día con los ojos puestos en tu promesa y a caminar con fidelidad, esperando con gozo tu venida. Que mi vida esté llena de propósito, adoración y testimonio. Hazme parte de lo nuevo que estás haciendo. Amén.