DÍA 3: La Lucha contra la Idolatría
Lectura
»Escribe esta carta al ángel de la iglesia de Laodicea. Este es el mensaje de aquel que es el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la nueva creación de Dios:
»Yo sé todo lo que haces, que no eres ni frío ni caliente. ¡Cómo quisiera que fueras lo uno o lo otro!; pero ya que eres tibio, ni frío ni caliente, ¡te escupiré de mi boca! Tú dices: “Soy rico, tengo todo lo que quiero, ¡no necesito nada!”. Y no te das cuenta de que eres un infeliz y un miserable; eres pobre, ciego y estás desnudo. Así que te aconsejo que de mí compres oro—un oro purificado por fuego—y entonces serás rico. Compra también ropas blancas de mí, así no tendrás vergüenza por tu desnudez, y compra ungüento para tus ojos, para que así puedas ver. Yo corrijo y disciplino a todos los que amo. Por lo tanto, sé diligente y arrepiéntete de tu indiferencia.
»¡Mira! Yo estoy a la puerta y llamo. Si oyes mi voz y abres la puerta, yo entraré y cenaremos juntos como amigos. Todos los que salgan vencedores se sentarán conmigo en mi trono, tal como yo salí vencedor y me senté con mi Padre en su trono.
»Todo el que tenga oídos para oír debe escuchar al Espíritu y entender lo que él dice a las iglesias».
Apocalipsis 3:14-22
Luego Dios le dio al pueblo las siguientes instrucciones:
«Yo soy el Señor tu Dios, quien te rescató de la tierra de Egipto, donde eras esclavo.
»No tengas ningún otro dios aparte de mí.
»No te hagas ninguna clase de ídolo ni imagen de ninguna cosa que está en los cielos, en la tierra o en el mar. No te inclines ante ellos ni les rindas culto, porque yo, el Señor tu Dios, soy Dios celoso, quien no tolerará que entregues tu corazón a otros dioses. Extiendo los pecados de los padres sobre sus hijos; toda la familia de los que me rechazan queda afectada, hasta los hijos de la tercera y la cuarta generación. Pero derramo amor inagotable por mil generaciones sobre los que me aman y obedecen mis mandatos.
Éxodo 20:1-6
Apocalipsis 3:14-22 es el mensaje a la iglesia de Laodicea, una comunidad tibia, indiferente espiritualmente. Jesús los reprende por su autosuficiencia y falta de fervor. Aunque se creen ricos, son pobres y ciegos espiritualmente. Sin embargo, Cristo ofrece restauración si se arrepienten: Él está a la puerta, llamando, dispuesto a entrar y tener comunión con ellos.
Éxodo 20:1-6 contiene los primeros mandamientos del Decálogo, centrados en la adoración exclusiva a Dios. El Señor declara que no deben tener otros dioses, ni fabricar ídolos ni inclinarse ante ellos. Dios se presenta como celoso, exigiendo lealtad y amor total, prometiendo misericordia a quienes lo aman y guardan sus mandamientos.
Versículo Clave
Pero él dijo: «No, no me adores a mí. Yo soy un siervo de Dios tal como tú y tus hermanos los profetas, al igual que todos los que obedecen lo que está escrito en este libro. ¡Adora únicamente a Dios!».
Apocalipsis 22:9
Reflexiona
La idolatría no siempre se manifiesta en imágenes talladas o rituales paganos. Muchas veces, la idolatría moderna es más sutil: puede ser nuestro éxito, comodidad, reputación, relaciones o incluso el deseo de control. En Apocalipsis 3, la iglesia de Laodicea había reemplazado su dependencia de Cristo con una confianza engañosa en sus recursos materiales. Esa tibieza espiritual era una forma de idolatría: vivir como si Dios no fuera absolutamente necesario.
Cuando el ángel en Apocalipsis 22:9 le dice a Juan “no me adores”, está haciendo una declaración teológica poderosa: solo Dios merece adoración. Aún los mensajeros celestiales rechazan el lugar que solo le corresponde al Creador. Esto nos confronta: ¿qué cosas en nuestra vida reciben un lugar que solo le corresponde a Dios?
Éxodo 20 nos recuerda que Dios es celoso no por inseguridad, sino por amor. Él sabe que cualquier objeto de adoración que no sea Él mismo destruirá nuestra alma. Por eso, su llamado no es solo una orden, sino un acto de protección y gracia.
Volviendo a Laodicea, notamos que Cristo no abandona a su iglesia infiel. Él llama, espera, ofrece comunión. La verdadera adoración comienza al reconocer nuestra necesidad, abrirle la puerta del corazón y entronarlo nuevamente como Señor.
Oración
Señor, perdóname por las veces que he colocado otras cosas en el lugar que solo tú mereces. Examina mi corazón y muéstrame si hay ídolos escondidos que debo derribar. Enséñame a adorarte con todo lo que soy, en espíritu y en verdad. Restaura mi pasión por ti y hazme sensible a tu voz. Amén.