DÍA 3: La Esperanza del Reino
Lectura
Sin embargo, lo que ahora sufrimos no es nada comparado con la gloria que él nos revelará más adelante. Pues toda la creación espera con anhelo el día futuro en que Dios revelará quiénes son verdaderamente sus hijos. Contra su propia voluntad, toda la creación quedó sujeta a la maldición de Dios. Sin embargo, con gran esperanza, la creación espera el día en que será liberada de la muerte y la descomposición, y se unirá a la gloria de los hijos de Dios. Pues sabemos que, hasta el día de hoy, toda la creación gime de angustia como si tuviera dolores de parto; y los creyentes también gemimos—aunque tenemos al Espíritu Santo en nosotros como una muestra anticipada de la gloria futura—porque anhelamos que nuestro cuerpo sea liberado del pecado y el sufrimiento. Nosotros también deseamos con una esperanza ferviente que llegue el día en que Dios nos dé todos nuestros derechos como sus hijos adoptivos, incluido el nuevo cuerpo que nos prometió. Recibimos esa esperanza cuando fuimos salvos. (Si uno ya tiene algo, no necesita esperarlo; pero si deseamos algo que todavía no tenemos, debemos esperar con paciencia y confianza).
Romanos 8:18-25
En este pasaje, Pablo nos muestra una perspectiva eterna sobre el sufrimiento presente. Nos recuerda que el dolor y las dificultades actuales no se comparan con la gloria venidera que Dios tiene preparada para nosotros.
Además, nos habla de la creación misma, que gime con anhelo esperando la redención final. Así como nosotros anhelamos la plenitud de la gloria de Dios, toda la creación también espera ser liberada de la corrupción del pecado. Esta esperanza es nuestra fortaleza en tiempos difíciles.
Versículo Clave
Sin embargo, lo que ahora sufrimos no es nada comparado con la gloria que él nos revelará más adelante.
Romanos 8:18
Reflexiona
La esperanza del reino de Dios nos da una perspectiva diferente sobre el sufrimiento presente. Nos recuerda que hay una gloria futura que supera cualquier dificultad actual, además nos enseña que el sufrimiento no es el final de la historia. Nuestra vida aquí está marcada por pruebas, pero Dios nos promete una gloria futura que hará que cada dificultad valga la pena.
Pensemos en esto:
El sufrimiento es temporal, pero la gloria de Dios es eterna.
Toda la creación espera la redención, lo que nos recuerda que hay un propósito en nuestra espera.
Nuestra esperanza no es incierta, sino segura en Cristo.
-¿Cómo puedo compartir esta esperanza con alguien que está sufriendo?
-¿Cómo te ayuda la esperanza del reino de Dios a enfrentar las dificultades actuales?
-¿Cómo puedes compartir esta esperanza con otros?
Oración
Señor, gracias por la esperanza de tu reino. Ayúdame a mantener mis ojos en la gloria futura y a compartir esta esperanza con quienes me rodean. Amén.