DÍA 4: Esperanza que purifica: aguardarlo con la vida en orden.
Lectura
Antiguo Testamento: Malaquías 3:2–3
Se describe al Señor como fuego purificador y jabón de lavanderos, que limpia y refina a Su pueblo para que pueda presentarse delante de Él.
Nuevo Testamento: 1 Juan 3:3
Juan concluye que todo el que tiene esta esperanza en Cristo se purifica a sí mismo, así como Él es puro. La esperanza verdadera produce cambio de vida.
Versículo Clave
Y todos los que tienen esta gran expectativa se mantendrán puros, así como él es puro.
1 Juan 3:3
Reflexiona
La esperanza bíblica no es pasiva. No es “algún día Jesús vendrá y mientras tanto hago lo que quiero”. Juan es directo: quien de verdad espera a Cristo, se toma en serio la pureza. No una pureza legalista, sino una respuesta de amor: si voy a encontrarme con Él, quiero que mi vida esté alineada a Su corazón, no en dirección opuesta.
En lo cotidiano, purificarse significa hacer ajustes reales: romper con lo que sabes que te aleja de Dios, revisar lo que consumes, cómo hablas, cómo manejas tu cuerpo y tus relaciones. No se trata de obsesionarte con no fallar, sino de caminar con un corazón sensible: cuando pecas, vuelves; cuando ves un patrón dañino, lo enfrentas; cuando Dios señala algo, no lo pospones eternamente. La pregunta no es solo “¿creo que Cristo vendrá?”, sino “¿qué está cambiando en mí porque lo espero?”.
Preguntas de reflexión
-¿Hay áreas de mi vida que sigo posponiendo entregar a Dios, aunque sé que no están alineadas con Su pureza?
-¿Qué paso concreto de purificación (confesión, corte, límite, cambio de hábito) necesito dar esta semana?
-¿Cómo puedo cultivar una esperanza activa, que me mueva a crecer y no solo a saber más sobre la segunda venida?
Oración
Jesús, tú vienes otra vez y no quiero esperarte dormido. Llena mi corazón de una esperanza que me mueva a limpiar, ordenar y rendir mi vida para agradarte. Amén.