DÍA 2: Hijos amados que esperan a su Padre.
Lectura
Antiguo Testamento: Oseas 11:1–4
Dios se presenta como un Padre que enseñó a caminar a Israel, lo levantó en brazos y lo atrajo con lazos de amor, aunque Su pueblo muchas veces le dio la espalda.
Nuevo Testamento: 1 Juan 3:1
Juan nos invita a contemplar el gran amor del Padre, que nos llama hijos de Dios. El mundo puede no entenderlo, pero es nuestra verdadera identidad en Cristo.
Versículo Clave
Miren con cuánto amor nos ama nuestro Padre que nos llama sus hijos, ¡y eso es lo que somos! Pero la gente de este mundo no reconoce que somos hijos de Dios, porque no lo conocen a él.
1 Juan 3:1
Reflexiona
Antes de hablar de la segunda venida, Juan nos recuerda quiénes somos: hijos amados. No esperamos a un juez distante solamente, sino a un Padre que ya nos ha adoptado en Cristo. La identidad cambia la manera en que esperamos. Un esclavo espera con miedo; un hijo espera con confianza, aunque tenga que corregir cosas en su vida.
Tu día a día se llena de sentido cuando recuerdas: “soy hijo de Dios ahora mismo, no solo en el futuro”. Eso toca tu autoestima, tus decisiones, tu forma de enfrentar tentaciones y fracasos. Cuando el mundo te mida por lo que tienes, haces o logras, vuelve a esta verdad: el Padre te ha puesto Su nombre. Esperar la venida de Cristo, desde ahí, no es terror al castigo, sino anhelo de completar una relación que ya empezó.
Preguntas de reflexión
-¿Estoy viviendo más como empleado, extraño o como verdadero hijo/hija de Dios?
-¿Cómo cambiaría mi forma de reaccionar ante problemas si creyera de verdad que soy amado por el Padre?
-¿Qué práctica diaria (agradecer, declarar la Palabra, orar como hijo) puedo incorporar para afianzar mi identidad?
Oración
Padre, gracias por llamarme tu hijo. Que tu amor sea más fuerte que las voces de culpa o de menosprecio. Enséñame a esperar a Cristo como un hijo que espera a su Padre. Amén.