DÍA 2: La presencia que transforma lo común en santo
Lectura
Antiguo Testamento: Éxodo 40:9–16
Dios manda a ungir el tabernáculo, sus muebles y a Aarón y sus hijos. Todo queda consagrado: separado del uso común, marcado como propiedad del Dios que habita allí.
Nuevo Testamento: 1 Corintios 3:16–17
Pablo afirma que los creyentes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios vive en ellos; por eso, la vida cristiana no puede tratarse como algo común.
Versículo Clave
»Toma el aceite de la unción y unge el tabernáculo junto con todo el mobiliario, a fin de consagrarlos y para que queden santos.
Éxodo 40:9
Reflexiona
La unción no era un rito decorativo; era la declaración pública de que ese lugar y esas personas ahora pertenecen a la presencia de Dios. Lo mismo sucede contigo en Cristo: ya no eres “terreno neutro”. Eres un espacio habitado por el Espíritu, y eso cambia la forma de ver tu cuerpo, tu mente, tus decisiones y tus relaciones. No eres un hotel donde Dios entra y sale; eres Su casa.
Vivir como casa de la presencia significa preguntarte: ¿esto que estoy pensando, viendo, diciendo o decidiendo es coherente con Aquel que vive aquí? No es vivir con miedo, sino con conciencia. La consagración no te aleja del mundo; te permite estar en el mundo como un recordatorio vivo de que Dios todavía quiere habitar entre las personas, y empieza haciéndolo en ti.
Preguntas de reflexión
-¿Vivo más como “propiedad propia” o como casa de la presencia de Dios?
-¿Qué hábito o área específica necesito consagrar de nuevo al Señor, recordando que Él habita en mí?
-¿Cómo podría cambiar mi manera de tratar mi cuerpo, mis palabras o mi tiempo si recordara a cada momento que soy templo del Espíritu Santo?
Oración
Padre, gracias porque has decidido habitar en mí. Aparta mi corazón, mi mente y mi cuerpo para ti, y haz que todo lo que soy honre tu presencia en mi vida. Amén.