Boletín Mujeres en Gracia | Elegir la Verdad en lugar de las Mentiras | Marzo 2026
Hoy llegamos al final de nuestra serie “Elegir la verdad en lugar de las mentiras” enfrentando una de las mentiras más profundas y silenciosas que muchas veces se alojan en el corazón: “Dios no me ama.”
Solo leerlo pesa. Aunque rara vez lo confesamos en voz alta, nuestras acciones, pensamientos y temores muchas veces revelan que hemos permitido que esta mentira eche raíz. Hoy quiero tomarte de la mano con ternura y con firmeza para recordarte una verdad esencial del evangelio: Dios te ama. Con un amor eterno, real e inigualable.
Desde pequeña escuché acerca de ese amor que lo cubre todo. Sin embargo, al crecer, comencé a vivir como si el amor de Dios fuera condicional, como si dependiera de mi comportamiento o desempeño espiritual. Llegué a creer que Dios me amaba más cuando yo era más obediente o “espiritual”. Vivía con el temor constante de fallar y perder ese amor.
Aunque sabía que el amor de Dios era real, me costaba creer que lo fuera para mí. Pensaba que mis pecados y luchas me descalificaban, así que intentaba compensar con más esfuerzo, como si la gracia pudiera ganarse. Pero la verdad es clara: el amor de Dios no depende de mí.
El amor ágape es un amor que decide buscar el bien del otro. Es voluntario, fiel y sacrificial. Se caracteriza por la buena voluntad y un deleite intencional en la persona amada. No es solo un sentimiento, sino una decisión que se demuestra con acciones. El amor de Dios es el ejemplo perfecto de este amor, visible en la cruz.
En 1 Corintios 13, Pablo describe cómo debe verse el amor en la vida del creyente: un amor paciente y benigno, que no busca lo suyo, que todo lo soporta y que nunca deja de ser. Aunque este pasaje se dirige a nuestras relaciones, refleja el carácter del Dios que es la fuente de ese amor. El amor que somos llamadas a vivir fluye del amor que primero vemos y recibimos de Él.
El amor de Dios no se basa en emociones cambiantes ni en nuestro desempeño. Es un amor que se entregó completamente en la cruz. Como vemos en 1 Juan 4, el amor verdadero no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó primero y envió a Su Hijo para darnos vida.
Allí vemos la expresión más profunda de Su amor: la cruz. Aún cuando estábamos muertos en pecado, Cristo murió por nosotros (Romanos 5:8). Nada puede hacernos ganar más de Su amor ni perderlo; Su amor permanece.
¡Qué libertad trae esta verdad! Saber que el amor de Dios hacia nosotras no depende de lo que hagamos ni de cuán bien lo hagamos, sino completamente de quién es Él y de quiénes somos en Cristo.
Mi oración es que esta verdad ancle nuestra fe cuando la mentira intente convencernos de que no somos amadas. Que volvamos una y otra vez a la cruz, recordando que nada puede separarnos del amor de Dios que es en Cristo Jesús (Romanos 8:37–39).
Y precisamente porque hemos sido amadas con este amor ágape —un amor que se da a sí mismo y no cambia— somos llamadas a amar a otros de la misma manera.
Con mucho amor,
Emily Hernandez
Leer:
Toma un tiempo para leer el pasaje completo y meditar en las siguientes Escrituras:
Dios mostró cuánto nos ama al enviar a su único Hijo al mundo, para que tengamos vida eterna por medio de él.
Y estoy convencido de que nada podrá jamás separarnos del amor de Dios. Ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni demonios, ni nuestros temores de hoy ni nuestras preocupaciones de mañana. Ni siquiera los poderes del infierno pueden separarnos del amor de Dios.
Pues Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.
El amor nunca se da por vencido, jamás pierde la fe, siempre tiene esperanzas y se mantiene firme en toda circunstancia.
Reflexionar:
Te animamos a que utilices estas preguntas para pensar, meditar y para compartir tus respuestas con alguien cercano (una amiga, un familiar o tu comunidad).
- ¿En qué momentos o áreas de mi vida tiendo a creer, aunque sea en silencio, la mentira de que Dios no me ama?
- ¿Cómo puedo volver intencionalmente a la cruz cuando mi corazón duda del amor de Dios?
- ¿Qué significa para mí, en lo práctico, vivir desde el amor de Dios y no para ganar Su amor?
- ¿Cómo amar desde la plenitud del amor de Dios cambia mis actitudes, palabras y acciones hacia los demás?