La verdadera masculinidad no se mide por fuerza o éxito, sino por la disposición a asumir responsabilidad delante de Dios, en el hogar, en la iglesia y en el trabajo. Hombres que siguen a Cristo no se esconden ni se victimizan; dan el paso incómodo, se mueven hacia las personas y los problemas, aun cuando les cueste. Cristo nos llama a dejar la pasividad y el egoísmo, para vivir como hombres que protegen, sirven y se comprometen con la santidad y la verdad, y como Iglesia Gracia te invitamos a participar en este espacio de discipulado para crecer junto a otros hombres en ese llamado.