Era Parte del Plan de Dios
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Y es acá que estamos en el capítulo 45. Y antes de comenzar esta mañana, como siempre, vamos a abrir con una oración. Entonces, oremos juntos.
Padre, gracias por esta mañana, que nos permitas estar acá reunidos. Gracias por tu gracia. Gracias por tu misericordia. Gracias porque tú eres bueno, porque tú eres santo, porque tú eres el que nos sostienes, porque tú eres el que nos guías, porque tú eres fiel, porque tú eres grande, porque nada sale de tus manos.
Y ese es el Dios a quien queremos escuchar esta mañana a través de tu palabra. Padre, abre nuestros corazones, nuestras mentes, que podamos recibir lo que tú tienes a través de esta historia.
Y como siempre, pedimos que seas tú el que mueva nuestros corazones hacia ti y solamente hacia ti. Te agradecemos, Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén. Y comienzo con otra historia. Allá por el año 1660, había un predicador inglés que se llamaba John Bunyan. En ese tiempo, fue arrestado. Iba a ser arrestado por poco tiempo, fue arrestado porque predicaba.
Y como a los tres meses le ofrecen a Bunyan que si él dejaba y prometía no volver a predicar, lo iban a dejar libre. Bunyan dice: "No, eso no es un trato para mí. Tan pronto salgo, yo sigo predicando". Lo cual conlleva 12 años de él estar en prisión. 12 años donde no está con su familia, 12 años donde cuenta la historia que su hija, que era ciega, le llevaba la comida a la cárcel todos los días, 12 años donde desde ahí tiene que mantener a su familia, 12 años donde él tiene la oportunidad también de escribir.
Y escribe varios libros, entre uno de ellos es "El progreso del peregrino", que a través de la historia, después de esos años, ha sido de bendición para muchas personas en su caminar con Cristo. Y para los que estamos de este lado, podemos ver ese tiempo y podemos ver lo que Dios estaba haciendo ahí, que al final Dios utiliza ese tiempo de prisión en la vida de Bunyan para poder escribir esto y para poder ser impacto para muchas personas.
Pero él no lo puede ver. Él está ahí, está en la cárcel. Él está haciendo lo correcto delante de Dios, diciendo: "No, yo voy a predicar las buenas noticias, voy a hacer lo correcto delante de Dios. Puede ser que venga rápidamente mi salvación", pero tiene que pasar 12 años y las consecuencias que conlleva esa decisión. Y esa es una de las preguntas que a veces nos hacemos mientras que estamos en medio de esas situaciones que no entendemos. Y la pregunta es: ¿qué está haciendo Dios durante este tiempo?
Aun cuando vemos para atrás y vemos ciertas situaciones en nuestra vida, podemos preguntarnos qué estaba haciendo Dios durante ese tiempo. Y a veces miramos hacia atrás y miramos esos momentos donde descubrimos ciertas conexiones, lugares que nos pusieron incómodos, situaciones que no pensábamos que iban a estar y ahora sufrimos las consecuencias. Estamos en unas consecuencias y muchas veces ni siquiera es nuestra culpa. ¿Qué está haciendo Dios en medio de todo ese momento?
Pero la otra pregunta que va acompañado a eso, especialmente a aquellos que hemos puesto nuestra fe en Cristo y creemos quién es Él, la pregunta es: ¿podemos confiar en la providencia de Dios cuando todavía no comprendemos lo que está sucediendo? ¿Podemos confiar en la providencia de Dios, de que Él tiene el control, aun cuando lo que está pasando no tiene ningún sentido o no estamos entendiendo? O tal vez ni vamos a entender por qué sucedieron ciertas circunstancias.
Y la historia de José, como la hemos visto en las últimas semanas, trae todos esos sabores. Y en el capítulo 45 llega este momento esperado, donde pasamos la semana pasada, donde Brandon nos traía el capítulo 44 y nos trae esta situación donde José está delante de sus hermanos y queda algún suspenso en el capítulo 44, y el capítulo 45 comienza de la siguiente manera.
Leamos. Capítulo 45, versículo uno. Y dice: "José ya no pudo contenerse. Había mucha gente en la sala y él les dijo a sus asistentes: 'Salgan todos de aquí'. Así que estuvo a solas con sus hermanos en el momento de decirles quién era. Entonces, perdió el control y se echó a llorar. Lloraba con tanta fuerza que los egipcios podían oírlo. Y la noticia pronto llegó hasta el palacio del faraón. '¡Soy José!, dijo a sus hermanos. ¿Vive mi padre todavía?' Pero sus hermanos se quedaron mudos. Estaban atónitos al darse cuenta de que tenían a José frente a ellos. 'Por favor, acérquense', les dijo.
Entonces, ellos se acercaron y él volvió a decirles: 'Soy José, su hermano, a quien ustedes vendieron como esclavo en Egipto'". Nuevamente, regresamos un poquito al capítulo 44, donde en este momento José había puesto a prueba a todos sus hermanos. Los había puesto a prueba donde Benjamín tenía que quedarse como esclavo, donde Judá viene y regresa y dice: "No, no puede pasar esto. Nos vamos a quedar todos como esclavos". Y José dice: "No, eso no va a ser así, no va a ser justo, tiene que ser Benjamín".
Pero Judá sigue insistiendo que él es el que se va a quedar en vez de su hermano. Y es eso donde está acá José con gran emoción, ya no puede sostener sus emociones. Ese momento, en ese cuarto, dice: "Salgan todos. Este es el momento que tengo que presentarme a mis hermanos, quién soy yo y descubrirme para que ellos puedan ver lo que Dios ha estado haciendo".
La reacción de sus hermanos no es como la que nosotros esperaríamos. Porque cuando yo leo este pasaje, lo primero que pienso es que dice: "Yo soy José". Yo pensaría que sus hermanos habían salido corriendo a abrazarlo y habían podido estar ahí con él. Pero en vez de eso, no salen, no corren a abrazarlo, no comienzan a celebrar. Tampoco hay una respuesta de ellos.
Pero al mismo tiempo tiene sentido por qué no hacen eso, porque en ese momento dicen: "Yo soy José", y ellos dijeron: "Oh, no. Este es el José al que vendimos de esclavo. Okey, él tiene el poder de nuestras vidas en sus manos".
La situación es también superincómoda para los hermanos, porque están ahí sin saber lo que va a pasar con ellos. O los va a recibir bien, o los va a meter presos a todos, o los va a hacer esclavos a todos, o los va a eliminar. Es José, él tiene el control y el poder de hacer lo que él quiera.
Pero al mismo tiempo, mientras que vemos el pasaje, el versículo cuatro dice: "Por favor, acérquense", les dice. Y ellos se acercan con miedo, y José viene y les dice a sus hermanos: "A quien ustedes vendieron como esclavo en Egipto". Y esa parte también es importante de observar, porque les dice: "Ustedes fueron los que me vendieron como esclavo a Egipto". No lo llama malentendido, no lo está llamando "fue un error que ustedes cometieron", no lo está llamando como que sí, fue algo que ustedes no trataron de hacer.
No, él está diciendo: "Sí, fueron ustedes los que me vendieron como esclavo". Pero al mismo tiempo, él los está llamando a acercarse a él. Y esto nos lleva un poco también a lo que vemos de lo que es el perdón. Y desde una perspectiva bíblica, tenemos que comprender también que perdonar no significa llamar bueno a lo que fue malo.
No significa justificar a la persona que hizo daño. No significa minimizar las acciones de otra persona para poder encontrar el perdón Jesús mismo llama a esto y nos llama a que debe haber un arrepentimiento para que también haya un perdón. Muchas veces queremos que las situaciones se acomoden y a veces el que comete la falta en el ámbito cristiano quiere que simplemente haya un perdón y se olvide y se mueva, a pesar de que el daño ha sido grande. Muchas veces, la parte de perdonar requiere una aceptación del daño que se ha cometido. Y sin tratar de esconder lo que está pasando, sino realmente poder tener la conversación de que hubo un daño, que hubo una acción que trajo consecuencias, pero también, en medio de la historia que estamos viendo, también hay una gracia que se extiende hacia esa persona.
Para José, cómo sus hermanos están reaccionando en este momento después de ponerlos a prueba, está viendo que hay un cambio real en ellos, que hay un arrepentimiento en la vida de ellos, que él puede observar en medio de lo que está pasando. Y es por eso que él puede también extender esa gracia hacia ellos. Al mismo tiempo, también vemos a José viendo su vida y viendo quién es Dios y viendo lo que Dios ha hecho en su vida, que él puede extender esa gracia, no porque él es bueno, sino porque él puede ver quién es bueno, que es Dios, quién ha sido bueno en su vida y por eso él mismo puede extender esa gracia hacia sus hermanos, sin esconder lo que ha estado pasando en la vida de José y lo que sus hermanos provocaron.
Y sigue la historia, versículo cinco. Creo que estos siete versículos, cinco al ocho, son el centro de este pasaje. Y dice: "Pero no se inquieten ni se enojen con ustedes mismos por haberme vendido". Tampoco los deja que se les olvide. "Fue Dios", esto es importante, "fue Dios quien me envió a este lugar".
Fue Dios. "Antes que ustedes, a fin de preservarles la vida". Está presentando el propósito de por qué está ahí. Y continúa: "El hambre que ha azotado la Tierra estos dos últimos años durará otros cinco años más y no habrá ni siembra ni siega. Dios me hizo llegar antes que ustedes para salvarles la vida a ustedes y a sus familias y preservar la vida de muchos más". Sigue presentando quién ha sido el autor al final de que él esté ahí, la razón por la cual él está ahí.
"Y por lo tanto, fue Dios quien me envió a este lugar y no ustedes. Y fue él quien me hizo consejero del faraón, administrador de todo su palacio y gobernador de todo Egipto".
Fue Dios quien lo llevó ahí, fue Dios quien lo puso en esa posición. Tampoco era una posición en que estaba José. José dice: "Fue mi inteligencia, fue mi trabajo duro, fue lo que yo pude hacer. No, fue Dios también quien me puso en esta situación por un propósito mucho más grande de que yo podía entender, pero fue Dios quien me envió a este lugar". Tres veces. Tres veces José está mencionando que fue Dios quien lo envió. Y esa repetición nos muestra que quiere que sus hermanos entiendan que sí fueron ellos quienes lo vendieron, pero Dios tenía un plan para la vida de José.
Y lo que tenemos que tener cuidado mientras leemos este pasaje, y lo vemos de esta manera, es que José no está diciendo que sus hermanos hicieron algo bueno. José no está diciendo eso, porque nuevamente, el versículo cuatro les está diciendo: " Ustedes me vendieron. Ustedes pecaron. Ustedes me traicionaron. Ustedes fueron los que cometieron este crimen". Entonces, José los está dejando como responsables de su maldad, de sus acciones, pero por el otro lado, también está reconociendo que Dios es el que está obrando en medio de todo ese pecado.
No está influyendo en que ellos pequen, pero en el pecado de esas personas, Dios va a hacer aún sus propósitos. Porque nuevamente, la pregunta es: ¿qué significa que José diga: "Dios me envió"?
Y lo que significa es que la decisión de sus hermanos no tuvo la última palabra sobre la historia de José. No tuvo la última palabra. Porque si nos recordamos, comienza la historia de José con un sueño donde sus hermanos en un momento iban a estar arrodillándose o sometiéndose delante de él. Esto iba a pasar. En la providencia de Dios, esto va a pasar sí o sí. ¿Cómo? Pudo haber sido a través del plan de Dios o a través del pecado de sus hermanos.
Pero esto va a suceder y Dios lo iba a hacer en su providencia. En este caso, los hermanos cometen un pecado contra José y ese pecado, pensaría cualquiera, que destruyó el plan de Dios, pero Dios sigue llevando en su providencia la conclusión de que iba a llegar este momento donde José iba a estar en este palacio, no solamente para él, sino para salvar la vida de su familia y la vida de muchos.
El poder explicar por completo esa relación entre el gobierno de Dios y las decisiones del libre albedrío o la culpabilidad de las personas es complicado, porque la Biblia no nos explica en detalle cómo se relacionan la voluntad humana con la providencia de Dios. Pero como este es uno de los pasajes que podemos ver ambas cosas interactuando al mismo tiempo. En ambos lados podemos ver que esas verdades existen en la Escritura, donde no todo es simplemente libre albedrío, se hace todo lo que uno quiera.
Por otro lado, no podemos caer en la parte de que solo la soberanía de Dios, entonces, no tenemos responsabilidad. No, ambas cosas están sucediendo acá. La responsabilidad humana con la soberanía de Dios y la providencia de Dios. Y nuevamente, es algo complicado para poder explicarlo, pero como en este pasaje podemos ver que ambas situaciones sí están pasando.
Y debemos recordar nuevamente que el propósito que Dios está utilizando acá era para que José pudiera salvar vidas. El propósito de José no era simplemente poder llegar a su palacio y vivir como rey y vivir como faraón y tener todas las riquezas y poder tener prosperidad y poder tener todo eso. No. Dios tiene un plan aún mucho más grande que ese, que es el poder salvar a muchas familias, especialmente esta familia, que nuevamente viene conectada al Mesías, que viene más adelante.
Pero también para seguir en esta idea de la providencia de Dios y el libre albedrío, hay otro pasaje en el Nuevo Testamento, especialmente en Hechos 2. Hay un momento en que Pedro y los discípulos de Jesús, después de la muerte de Jesús, empiezan a esconderse y empiezan a tener miedo de lo que va a pasar con ellos. Pero viene la resurrección y después de la resurrección, Pedro dice: "Okey, hagamos con todo, que hay poder". Y empieza a predicar y en una de sus prédicas nos está presentando, viene, les habla a los judíos y les dice: "Pero Dios sabía lo que iba a suceder y su plan predeterminado se llevó a cabo cuando Jesús fue traicionado".
Entonces, Pedro está diciendo: "La cruz no fue un plan B, no porque se le salió de las manos a Dios. La cruz es un plan predeterminado de Dios. Dios está en control de eso". Pero luego les dice: "Con la ayuda de los gentiles, sin ley, ustedes lo clavaron en la cruz y lo mataron".
Les da la responsabilidad a esos judíos de lo que hicieron, de sus acciones. Responsabilidad humana, providencia de Dios. Dios va a mantener su plan. Pero no nos equivoquemos, porque muchas veces pensamos que podemos tomar decisiones que no tienen consecuencias. Y muchas veces estamos viviendo las consecuencias de nuestras propias decisiones y es mucho más fácil culpar a Dios por lo que estamos pasando, sin tomar la responsabilidad que fueron mis decisiones que me llevaron a este punto de sufrimiento, de tensión, de situaciones incómodas en las que estamos viviendo.
Y decimos que fue el diablo. También es fácil culpar al diablo. Fue Dios, que en su plan me tiene acá. Sí, pero hay responsabilidad humana.
Hay responsabilidad de cómo tomamos decisiones. Por eso, vivir bíblicamente, vivir con el marco bíblico delante de nosotros, cómo tomamos decisiones, cómo estamos viviendo, tiene sentido, porque estamos viviendo bajo la voluntad de Dios. Por supuesto, vamos a poder sacar provecho a esa voluntad de Dios en nuestras vidas, disfrutar de los frutos de eso. Pero nos convencemos de que nosotros tenemos suficiente sabiduría y suficiente conocimiento de hacerlo de la manera en la que nosotros creemos que es bueno.
Y luego, cuando estamos sufriendo las consecuencias, es más fácil culpar a otros, incluyendo a Dios, de lo que estamos viviendo. Responsabilidad humana, providencia de Dios, Dios va a llevar su plan, pero las consecuencias del pecado siguen siendo responsabilidad nuestras.
Dios puede gobernar una historia marcada por el pecado humano sin ser, esto es importante, sin ser el autor moral de ese pecado. Su buen propósito no vuelve buenas las malas intenciones de las personas.
Eso lo repito nuevamente. Dios puede gobernar una historia marcada por el pecado humano sin ser el autor moral de ese pecado. Dios no provoca el pecado, Dios no se mete con el pecado. Dios no es el autor del pecado, pero puede trabajar en medio de nuestras fallas y su buen propósito no vuelve buenas las malas intenciones de las personas. Esa es la providencia de Dios.
Es donde Dios sigue gobernando, sigue en control de la historia de la humanidad. Regresando a la historia de José. Ahora José está en una posición de autoridad, como lo hemos visto.
Tiene oportunidades, tiene recursos, tiene la administración de todo un reino. Y nuevamente, él puede llenarse de esa posición, de ese poder, esos recursos, decir: "Esto es lo que Dios tenía para mí, es la bendición que Dios tiene para mí y esto para mí". Pero en cambio de eso, él reconoce que lo que él tiene es como administrador para salvar muchas vidas. La pregunta que tal vez nos podemos hacer es: ¿estoy utilizando mis capacidades, mis oportunidades, mis recursos, que Dios ha dado para mí para servir a otros? ¿O estoy usando mis capacidades, las oportunidades, los recursos para mi propio beneficio, para mi propia satisfacción? Porque nuevamente, si podemos llegar a esta conclusión, lo que ustedes y yo y todos acá hemos recibido, mucho o poco, como lo queramos llamar, es algo que Dios nos ha dado para administrar y poder ser bendición para otros.
Y a lo mínimo, creo que podemos tomar eso en consideración y preguntar a Dios: ¿qué puedo hacer con los dones y recursos, lo que tú me has dado para bendecir a otras personas? ¿A dónde me estás llevando? En medio de la situación en la que José está viviendo acá y está utilizando lo que él tiene. Él ha conocido a Dios, él ha experimentado a Dios, que ahora que está en esa posición, nuevamente, hasta este momento, podemos ver que puede perdonar, que puede moverse y que puede utilizar lo que Dios le ha dado para servicio de otros. Ahora la pregunta para nosotros es: ¿podemos confiar en el carácter de Dios en nuestras vidas, en medio de las situaciones en que estamos viviendo?
Porque es ahí donde, cuando están pasando las circunstancias difíciles, donde tenemos que ver: ¿puedo confiar en este Dios, en su carácter, que él es santo, que él es bueno, que su amor es inagotable, que es misericordioso, que extiende su gracia, que tiene un propósito bueno, que todo está bajo su control? ¿Puedo confiar en el carácter de Dios en medio de esta tormenta? Y creo que la respuesta debería ser sí, pero creo que también requiere poder creer que este Dios, su carácter, está ahí y podemos confiar en él. Sí requiere fe, requiere creer en él y requiere poder tomar esa decisión de que sí, tú eres bueno en medio de esta injusticia en la que estoy viviendo. Sí, tú eres misericordioso en medio de donde estoy ahorita.
Sí, tu amor es constante en medio de donde yo estoy acá. Es creerlo, es tener fe. Estamos teniendo fe en el carácter de Dios en nuestra vida. Ahora, sigue la historia. Versículo nueve.
Dice: "Ahora, apresúrense, regresen a donde está mi padre y díganle: 'Tu hijo, José, dice: Dios me ha hecho señor de toda la tierra de Egipto. Así que ven a verme de inmediato. Podrás vivir en la región de Gosén, donde estarás cerca de mí junto con tus hijos y tus nietos y tus rebaños y tus manadas y todas tus posesiones. Allí te cuidaré, porque aún quedan cinco años de hambre. De lo contrario, los de tu casa y todos tus animales morirán de hambre'".
Vemos un eco de la respuesta de José de poder cuidar a su familia. Y sigue la historia, versículo 12. Dice: "'Miren' —agregó José—, pueden comprobarlo con sus propios ojos y también pueden hacerlo a mi hermano Benjamín, que de veras soy José. Díganle a mi padre acerca de la posición de honor que tengo aquí en Egipto. Descríbanle todo lo que han visto y después traigan a mi padre aquí lo más pronto posible".
Hay una invitación profundamente personal que hace José a sus hermanos, especialmente a su padre, y le dice: "Ven a mí, vivirás cerca de mí, yo te cuidaré". Él está proveyendo, le dice: "Ven, acércate a mí. Ven, que venga mi padre, que él va a poder disfrutar también de la bendición, de mi cuidado, de la posición de poder que Dios me ha puesto". Y extiende ese cuidado hacia su familia, hacia su padre.
Y a pesar que no es uno a uno, pero no puedo dejar de ver que es lo mismo que ofrece Jesús a cada uno de nosotros. Porque cuando José entiende que él está puesto en esa silla de honor, en esa posición de honor, él les dice a sus hermanos: "Vayan, vayan y díganle a mi padre todo lo que han visto, que ustedes pueden ser testigos de lo que ustedes han observado acá para que él sepa que el cuidado que yo quiero darle es real".
Y sería tonto pensar que Jacob diga: "¡Oh, qué bueno! Pero yo me quedo acá, en medio de la hambruna, en medio de esta situación, y qué bueno que está ahí. Yo sé que eso tiene un plan, pero yo me quedo acá, creo que estoy mejor acá". Claro que sería tonto pensar que la historia agarraría esa dirección Pero a veces siento que hacemos algo similar cuando reconocemos que Jesús está a la diestra del Padre. Colosenses nos recuerda que todo fue creado por él, por medio de él y para él. Nos recuerda que todo es hecho y todo tiene el control de todo.
Y él dice: "Vengan a mí, acérquense a mí, yo los cuidaré, yo los protegeré, yo proveeré por ustedes. Estén cerca de mí, tengamos esa relación juntos". Pero nuestra acción es: "Creo que estoy mejor acá. Creo que donde estoy en este momento es mucho mejor que estar cerca de ti o tener esa relación íntima contigo. Creo que me quedo acá. Qué bueno que ofreces, pero creo que estoy bien acá".
Y la invitación que Dios nos hace a través de Cristo es: "Vengan, descansen, confíen, que yo sí puedo cuidarlos, que yo sí puedo proveer, que yo sí tengo la autoridad de que ustedes estén bien". Pero nuevamente, a nosotros sí nos cuesta creer que Dios tiene ese pensamiento hacia nosotros y ese cuidado que él ofrece a cada uno de nosotros. Pero por otro lado, cambiando un poco el tema, también seguimos viendo la providencia de Dios que empieza a tomar forma acá. Nuevamente, empezamos a ver que el plan de Dios era cuidar a esta familia, que les recuerdo, es la promesa que Dios le hace a Abraham, es la promesa que encontramos en Génesis 3:15.
Es la promesa que viene acá y es acá donde empieza la providencia de Dios, del cuidado de esta familia para que continúe el plan de Dios hasta llegar a Jesús. Esa es la providencia. Dios está obrando, Dios está haciendo su plan, que al final, todos los que estamos en este cuarto tenemos el beneficio de ese plan perfecto, porque solamente a través de Cristo, que ahora nosotros tenemos acceso a Dios, separados por nuestro pecado, separados, destituidos de la gloria de Dios, ahora es a través del sacrificio de Cristo que podemos presentarnos delante de Él como santos y tener esa relación con Él. Somos parte de esa historia. Somos parte del beneficio de esa historia que Dios ha escrito.
Somos parte de la familia de Dios. Entonces, José nos muestra que reconocer la providencia de Dios no conduce a la pasividad. Al comprender que Dios lo había puesto ahí, se pregunta qué puede hacer con lo que tiene en sus manos y su respuesta es cuidar, alimentar y acercarse a su familia. Hay una acción que lo lleva a tomar por lo que ha recibido. Sigue la historia.
Llorando de alegría, José abrazó a Benjamín y Benjamín hizo lo mismo. Luego, José besó a cada uno de sus hermanos y lloró sobre ellos y después comenzaron a hablar libremente con él. Han visto que José los ha perdonado hasta este momento, han visto que pueden hablar, ya están más calmados de lo que ha estado pasando en este momento. Versículo 16: "La noticia pronto llegó al palacio del faraón: 'Han llegado los hermanos de José'. El faraón y sus funcionarios se alegraron mucho al saberlo. El faraón le dijo a José: 'Dile a tus hermanos esto, qué es lo que deben hacer. Apúrense, carguen sus animales y regresen a la tierra de Canaán. Luego, vayan a buscar a su padre, a su familia, y vuelvan aquí. Yo les daré la mejor tierra de Egipto y comerán de lo mejor que esta tierra produce'.
Después, el faraón le dijo a José: 'Dile a tus hermanos, lleven carros de Egipto para transportar a sus niños, a sus esposas, y traigan a su padre aquí. No se preocupen, porque aquí, porque sus bienes personales, lo mejor de la tierra de Egipto, será de ustedes'. Así que los hijos de Jacob hicieron lo que les dijo José, les proporcionó carros, tal como el faraón había ordenado, y les dio provisión para el viaje. Cada uno le dio ropa nueva, pero a Benjamín le dio cinco mudas de ropa y 300 monedas de plata. También le envió a su padre 10 burros cargados con los mejores productos de Egipto, 10 burros cargados con grano, pan y otras provisiones que necesitarían para el viaje. Entonces, José despidió a sus hermanos y cuando se iban, les dijo: 'No se peleen por todo esto en el camino'. Los conoce, ya los conoce.
Ellos salieron de Egipto y regresaron donde vivía su padre Jacob, en la tierra de Canaán. Le dijeron a su padre: 'José todavía vive y es el gobernador de toda la tierra de Egipto'. Jacob se quedó atónito al oír la noticia y no podía creerlo. Sin embargo, cuando le repitieron todo lo que José les había dicho y cuando vio los carros que había enviado para llevarlo, su alma se reanimó. Entonces, Jacob exclamó: 'De verdad, mi hijo José está vivo. Tengo que ir a verlo antes de morir'". Terminamos el capítulo 45, este momento donde Jacob, después de varios años, 13, 14, 15 años, pensando que su hijo amado había estado muerto, ahora escucha que está vivo.
Y termina la historia donde dice: "Mi hijo José está vivo". La historia comienza el capítulo 45 con José preguntándose: "¿Todavía vive mi padre?" Y la historia termina diciendo: "Mi hijo José todavía vive".
Es una historia completa, 45 emociones, donde vemos a Dios trabajando en esta familia, aún experimentando la provisión y la generosidad de Dios, porque nuevamente es Dios, que ellos llegan sin nada y regresan cargados de todo tipo de cosas, de dinero, de vestiduras, de granos, de comida. Y aun así, eso no es suficiente, porque el plan es que ellos puedan regresar a vivir con José para realmente disfrutar de la bendición completa de poder vivir ahí.
Por un lado, en esta historia vemos nuevamente la providencia de Dios preservando a los descendientes de Abraham, a quienes le había dado la promesa. Pero, por otro lado, también vemos la cruz. Vemos lo que Dios ha hecho por cada uno de nosotros. Vemos que Dios, en su misericordia que ha tenido hacia nosotros, ha dado a su hijo como su plan perfecto para poder rescatarnos a personas que están hundidas en su pecado, que no pueden ver más allá de sus propios beneficios, que no pueden ver más allá de poderse salvarse a sí mismos.
Y Dios, en su misericordia, ha creado todo este plan y mantuvo todo ese plan hasta llegar a Cristo para que nosotros pudiéramos tener una relación con Él. Y termino con esto. Termino con esta misma idea con la que José, es la invitación que Dios nos hace a cada uno, tanto los que lo hemos conocido como a los que no lo han conocido todavía, es la misma. Ven, acércate, descansa. Prueba mí, prueba que yo puedo cuidarte, prueba que yo quiero caminar contigo, prueba que podemos tener esta relación, porque yo he probado que te amo y en la cruz podemos ver su amor incondicional para cada uno de nosotros.
Oremos. Padre, gracias por esta mañana que nos permites estar acá reunidos. Padre, agradecemos, porque por medio de esta historia, nuevamente podemos ver tu poder, que tú gobiernas cada segundo de nuestras vidas, pero al mismo tiempo nos recuerda que somos responsables de nuestras acciones. Padre, ayúdanos a vivir de acuerdo a tu voluntad, ayúdanos a vivir de acuerdo a tu sabiduría. Ayúdanos a tomar decisiones que reflejen tu carácter. Ayúdanos a confiar en ti en medio de dificultades de estas vidas y ayúdanos a recordar que tu plan va más allá de nuestro propio plan.
Gracias por tu gracia. Gracias por tu misericordia. Gracias por esta mañana que nos permites abrir tu palabra y ser confrontados, al mismo tiempo, ser animados. Te amamos, Padre, en el nombre de Cristo Jesús. Amén.