Dependencia y Obediencia
Iglesia Gracia Campus Pastor
Continuamos con nuestra serie en la vida de José, que nuevamente no se trata solamente de la vida de José, sino que hemos visto que hay muchas otras historias entrelazadas. Vemos la vida de su padre, Jacob, la vida de sus hermanos. Pero hay algo que se roba la atención, porque es algo más grande que está sucediendo en esta historia. ¿Y qué es eso más grande que está sucediendo? Es que vemos el cumplimiento de la promesa que Dios le había dado a Abraham. Abraham es el abuelo de Jacob. Jacob es el papá de José y de los otros hermanos de los que hemos estado hablando.
Pero hay algo más grande sucediendo, porque Dios le hizo la siguiente promesa a Abraham en Génesis 12. Dios le dijo a Abraham: "Vete a la tierra que yo te mostraré". Le está diciendo: "Ve a un lugar", habla de una promesa de tierra, lo que llamamos la Tierra Prometida. "Vete del lugar donde estás, ve a la tierra que te mostraré". Después dice: "Haré de ti una gran nación". En Génesis 12 encontramos esta promesa un poco extraña, porque no sé si recuerdas, pero Abraham estaba en su vejez y Dios no le había permitido tener ningún hijo.
Entonces, recibe esta promesa y Abraham dice: "¿Cómo una gran nación si no tengo ningún hijo y mi esposa Sara también está mayor? Esto no tiene sentido". Y después dice: "Te bendeciré y serás una bendición para otros". Hay una bendición para las otras naciones, para todo el mundo. Entonces, en la vida de José, en la vida de sus hermanos, en la vida de Jacob, más allá de lo que les está pasando a ellos, vemos algo más grande y es Dios cumpliendo esta promesa que le había dado a Abraham, no porque él era muy especial ni por sus méritos, sino por gracia.
Dios escogió hacer una nación a través de él y él creyó, esa fe fue clave. Y eso pasó, pero ojo, esto es muy interesante para el capítulo que vamos a estudiar hoy. Resulta que después de que Dios le prometió eso, Dios también le dio más detalles. En el capítulo 15 de Génesis, Dios le dice al mismo Abraham lo siguiente: "Ten por seguro que tus descendientes serán extranjeros", interesante, "serán extranjeros en una tierra ajena", interesante, "donde los oprimirán como esclavos durante 400 años", muy específico, "pero yo castigaré a la nación que los esclavice y al final saldrán", que no será para siempre, será temporal, "con muchas riquezas".
Entonces, Dios le da una promesa a Abraham, tierra, nación, bendición para todo el mundo, pero también le dice: "Tus descendientes van a ir a esta tierra ajena donde serán esclavizados". Y todo eso, ¿sí o no que suena familiar? Extranjeros en una tierra ajena donde serán esclavos y después van a salir. Eso suena al éxodo que estudiamos hace un año, que es la historia del pueblo de Israel saliendo de Egipto. Pero, ¿qué es lo que está pasando hoy en el capítulo 46 que vamos a estudiar? Son los inicios de cómo el pueblo de Israel llegó a Egipto.
Vemos a Jacob junto a sus hijos trasladándose a Egipto para ver a José, pero Dios está usando esas circunstancias para cumplir un plan aún más grande. ¿Pueden verlo? Y así empezamos con el capítulo 46, que dice lo siguiente: "Entonces, Jacob emprendió el viaje a Egipto con todas sus posesiones y cuando llegó a Beerseba ofreció sacrificios al Dios de su padre Isaac". Hoy vamos a cubrir todo el capítulo, pero en este versículo uno vamos a dedicar bastante tiempo. Me fue muy difícil despegarme de él. Esto es lo que pasa en casi todas las otras traducciones bíblicas, en la Reina Valera, la Biblia de las Américas, aquí se utiliza el nombre de Israel.
"Entonces, Israel emprendió el viaje a Egipto". ¿Quiere decir que Jacob está mal? No, simplemente que al hablar de Israel cambia la connotación. Cuando hablamos de Jacob, estamos hablando de un hombre. Cuando hablamos de Israel, que fue el nombre que Dios le dio a Jacob también, estamos hablando de una nación. El contexto se amplía. No solamente estamos hablando de un hombre que se mueve con su familia en busca de comida, sino que vemos una nación que Dios está formando para cumplir la promesa que le había dado a Abraham. ¿Si pueden ver esto? Eso es a nivel grande lo que Dios está haciendo.
Pero ahora ajustemos nuestro lente y fijémonos en los detalles pequeños, personales, y pongámonos en los zapatos de Jacob. Piensa esto. Él está a punto de emprender un viaje de más de 250 millas de distancia a sus 130 años. ¿Alguien aquí con 130 años?
Eso es más del doble, triple o hasta cuatro veces la edad de las personas que están aquí sentadas. Piense qué sería para un hombre de 130 años emprender este viaje. Yo diría que uno con 130 años tiene derecho de quedarse donde quiere estar y no andarse moviendo de un lugar para otro ¿cierto? Jacob pudo argumentar: "No, muchachos, eso es demasiado largo. Yo no sé si voy a aguantar ese viaje". Jacob pudo haber dicho: "No, esta es mi tierra, la tierra que Dios prometió a mi abuelo Abraham. ¿Cómo voy a salir de la Tierra Prometida?"
Jacob pudo decir: "No, si José está vivo, que él venga a verme a mí, o que él nos mande comida para nosotros sobrevivir aquí". Pudo haber pensado muchas cosas que no están en las Escrituras, pero lo único que hace sentido a este acto de valentía, de determinación, es casi una locura emprender este viaje. Lo único que da sentido a ese paso es la fe. La fe de Jacob. Jacob creyó que José estaba vivo y ¿saben qué hizo? Arriesgó todo.
Se movió hacia adelante, no dejó un pie aquí y otro pie allá para jugar a la segura. No, él apostó para irse, empacó todo y se fue. Y esto es algo bastante común en las Escrituras, donde vemos a hombres y a mujeres moviéndose de no creer a creer, y al ahora creer, eso va acompañado de pasos de fe, que los obligan a dar un paso no sabiendo qué va a pasar después, no teniendo la claridad de todo el panorama, pero teniendo la convicción de que tienen que dar ese paso incómodo, arriesgado, impulsados por la fe.
Pero ojo, este detalle significativo, resulta que cuando ellos emprenden el viaje hacia Egipto, llegan a Beerseba. Y resulta que cuando llega ahí, él hace una pausa, se detiene y ofrece sacrificios a Dios. Este es un lugar de mucha importancia. Tanto su padre Isaac como su abuelo Abraham habían tenido encuentros con Dios en este lugar donde Dios les había recordado que él estaba con ellos, que estaba cumpliendo un plan más grande. Ahora, Jacob se detiene en el mismo lugar importante, que en realidad es el límite sur de la tierra de Israel.
La tierra de Israel se amplía o se encoge dependiendo de quién esté gobernando. En los tiempos de David conquistaron más regiones, pero en términos generales, el límite norte ha sido la ciudad de Dan y el límite sur es la región de Beerseba. Entonces, ¿qué es lo que está pasando? Que justo cuando Jacob está a punto de salir de la Tierra Prometida, justo cuando está a punto de dar ese paso donde deja todo atrás Y avanza a donde va dirigiéndose, es justo en ese momento donde él se detiene y corre a Dios y acude a Dios.
Y eso, iglesia, es una postura de dependencia. ¿Podemos nosotros imaginar lo que cruzaba por su mente? "Dios, esto se ve como una pésima idea. ¿Cómo voy a dejar atrás la tierra que tú nos diste? No tengo garantías de que me va a ir bien. No tengo garantías de que todo va a salir como yo quiero que salga. Estoy arriesgándolo todo. Tengo miedo a equivocarme. Tengo miedo a tomar malas decisiones y afectar a mis hijos. Dios, ayúdame, guíame, guárdame".
Y ojo a esto: las dos cosas están sucediendo a la misma vez. Jacob está moviéndose. Ya inició el recorrido, porque él salió como de por acá. Ya había avanzado en el camino y a la misma vez busca dirección y busca la presencia de Dios. Él se mueve y a la vez busca la dirección de Dios, las dos cosas pasando a la misma vez. Y antes de nosotros avanzar, porque este tan solo es el versículo uno, tenemos que preguntarnos: ¿acudimos a Dios por dirección? ¿Acudimos constantemente, continuamente a Él por su guianza? ¿Dependemos de Él en cada paso que damos?
Porque si no, puede ser que tú no creas que necesitas de Dios. Puede ser que no lo digas en voz alta, pero tus acciones pueden estar demostrando: "Dios, yo estoy bien. Por ahora creo que puedo salir adelante con lo que tengo aquí. Tú ve y atiende a los que sí están en necesidad. Yo por ahora me la juego, yo por ahora estoy bien". Y eso precisamente es un gran peligro que yo puedo apreciar en el contexto peculiar, único, en el que vivimos, particularmente en este país. ¿Y qué es lo que pasa?
Que podemos a veces llevar vidas tan convenientes, tan cómodas, con tantas facilidades, que llegamos a pensar que estamos bien. Y llegamos a pensar que no necesitamos la intervención divina de Dios y eso adormece nuestra urgencia de correr a Él, de depender de Él, de buscarlo a Él, y nos convertimos en seres que están espiritualmente dormidos, que están en otras. Y ojo lo que he visto, no solo en otras personas, en mi propia vida. Cuando vivimos así y de repente enfrentamos circunstancias difíciles y pruebas y estamos cansados y enfrentamos dificultades, esas circunstancias difíciles que nos deberían guiar a Dios para encontrar su consuelo, muchas veces cuando enfrentamos esas situaciones difíciles, ¿saben qué hacemos?
Nos entretenemos, nos distraemos con "scrolling", con "hobbies", con fútbol, con cualquier otra cosa para tratar de escapar del sufrimiento que experimentamos. Y yo me pongo a pensar: ¿y Dios? ¿Y Dios para cuándo? ¿Dónde lo dejaste? ¿Será que para ti Dios es alguien a quien vienes a ver el domingo, pero de lunes a sábado tú vas solo y tú te encargas de todo solo y vuelves a acudir a Él el domingo casi que por tradición? Y si faltas un domingo, son dos semanas que te fuiste solo. Esa no es una idea que encontramos en las Escrituras.
Las Escrituras nos mueven a depender de Él, a habitar en Él, a estar cerca de Él. ¿Entonces lo estás haciendo? Y estas dos ideas me han ayudado a ponerle un poco de palabras a las ideas que encontramos en este pasaje. Yo creo que tal vez nos pueden ayudar y es que nos habla de cultivar una dependencia constante. Cultivar habla de intencionalidad, de regar la tierra, de sacar las malas hierbas, habla de trabajo, de intencionalidad, de poner manos a la obra, de esforzarnos. ¿Para qué? Para depender en Dios. ¿Cuándo?
Constantemente, siempre, en todo tiempo, buscando su dirección, buscando su guianza, en lo cotidiano, en lo del día a día. Si eres papá, mamá, buscar su dirección antes de disciplinar a tu hijo, buscar tu dirección cuando tus emociones están a flor de piel en una situación con tu esposa, buscar dirección de Dios en el trabajo antes de una reunión que tienes todas las semanas que crees que ya puedes solucionar juntos, tomar unos minutos para buscar la dirección de Dios. "Dios, dame tus palabras, guíame, que pueda cumplir tu voluntad". Antes de entrar a trabajar a una casa nueva, antes de sea lo que hagas usualmente, habitualmente, desarrollar esta postura de dependencia, donde decimos: "Dios, no quiero ir solo, no puedo. Te necesito".
Pero a la vez, en lo habitual, en lo cotidiano, desarrollamos eso, pero a la vez cultivamos, somos intencionales en desarrollar una obediencia valiente, una obediencia radical, una obediencia descabellada, que hasta que asuste. ¿Y de qué habla eso? Precisamente de estar dispuestos a movernos. Así como Jacob tuvo esta obediencia valiente al dejar su tierra, que nosotros también nos pongamos en situaciones fuera de nuestra comodidad, donde en esa situación no haya otra salida más que depender de Dios. ¿Te explico?
Ponerte en un lugar donde no sé cómo me va a ir, pero sé que Dios me va a guardar y confío en Él. Y eso se ve diferente para cada uno de nosotros. Yo solo voy a darte ejemplos. Para muchos de nosotros, el vivir una obediencia valiente se ve como servir a otros. Involucrarme en el dolor, en la situación difícil de una persona, no solo verlo desde la barrera, sino meterme en el lodo, involucrarme, salir de mi zona de confort para ser las manos y los pies de Cristo en la vida de las personas que me rodean, aunque no sé cómo me va a ir, aunque me sienta incapaz, confiando en que Dios me va a guiar en ese proceso.
Servir aquí en la Iglesia, claro, llegar más temprano es una opción, pero también servir fuera, a veces una misión internacional, no sé. ¿Cómo te puedes empujar, dar un paso, para ponerte en una situación donde dependas de Dios? Para otros es abrir las puertas de la casa, aun cuando la casa no está recogida. Para ponerme en una posición donde sirvo a otros, donde cocino, donde puedo practicar la hospitalidad, donde puedo involucrarme en sus vidas. Para otros, tal vez es algo más específico y es explorar la opción de adoptar a un niño. Tal vez es abrir las puertas para "foster" una familia también, que es cuidado temporal de niños en necesidad.
Para muchos de nosotros es el manejo del dinero. Y eso también, Dios está trabajando aún conmigo, esta idea donde doy, y no estoy hablando solo de la Iglesia, a una persona sin necesidad. Dar no solo lo que me hace sentir cómodo por cuánto me dejo, sino aún dar radicalmente y ponerme en una situación donde Dios, tú me cuidas, no yo. Yo confío en que tú vas a guardarme. Tal vez para otros es cambiar de trabajo, tal vez para otros no sé cómo se ve, pero esta es la idea. Es soltar el control de tu vida y confiar en que Dios va a cuidar de nosotros mejor de lo que nosotros podemos cuidarnos a nosotros mismos.
Estás dispuesto a vivir una obediencia valiente donde te pones, donde te tiras de un barranco confiando en que Dios te va a guardar, en que Dios te va a sostener. Y seamos claros, esto es dificilísimo.
Y para mí es difícil como esposo, como papá, porque tiendo a pensar que nadie tiene que cuidarme a mí. Yo los cuido a ellos, yo soy responsable. Entonces, por eso hay que ahorrar y por eso hay que tener seguro de carro, seguro de casa, seguro de vida y seguro de eso, seguro de lo otro, y ahorros de retiro y todo, para tener todas las bases cubiertas y no depender de nadie. Y aunque nada de eso es malo a la vez, esas herramientas a veces me seducen a mí a confiar más en mi habilidad de protegerme que en confiar en que Dios va a protegerme Y el cristianismo no nos habla de ir solo, nos habla de correr a Dios, depender de Él. Ponte en situaciones, da pasos de fe donde vas a comprobar que Él te cuida.
Y eso es lo que hace Jacob. En su vejez, a los 130 años, él dice: "Me voy. Voy a obedecer a Dios, pero Dios, te pido hacer una parada en Berseba. Guíame, guárdame". ¿Y cómo responde Dios a esa fe de Jacob? Estamos en el versículo uno.
El versículo dos dice: "Durante la noche, Dios le habló en una visión. 'Jacob, Jacob', lo llamó. 'Aquí estoy', respondió Jacob". Y versículo tres dice lo siguiente: "Yo soy Dios, el Dios de tu padre. No tengas temor de descender a Egipto, porque allí haré de tu familia una gran nación. Yo descenderé contigo a Egipto y te volveré a traer. Morirás en Egipto, pero José, que pensabas que estaba muerto, estará contigo para cerrar tus ojos". Esta es la primera vez en el relato del capítulo 37 donde se nos dice que Dios habló, que Dios se comunicó de manera directa.
Dios había estado orquestando todo, Dios había permitido que todo pasara, pero esta es la primera vez que Él habla directamente a alguien. ¿Y qué es lo que le dice a Jacob? Él le dice: "Yo soy Dios. Sigo siendo Dios. Tú no tienes que saber todo lo que ha de venir, yo sé lo que ha de venir y tú vas a estar bien conmigo. Tú vas a estar tranquilo porque yo sigo en control. Tú vas a estar tranquilo porque yo estoy reinando sobre todo. Yo soy Dios".
Y después le dice: ¿sabes cuál es tu parte? No tengas miedo. Esto es un imperativo, es una orden. No tengas miedo, Jacob, a tus 130 años. ¿Por qué? Porque yo soy Dios y porque estoy cumpliendo la promesa que le hice a tu abuelo, Abraham. ¿Y cuál es esa promesa que estoy haciendo? Una gran nación. Yo soy el Dios de tu padre Isaac, yo soy el Dios, no tengas temor, estoy trabajando, estoy haciendo una gran nación. Y encima de eso, tranquilo, porque yo estoy contigo.
Yo descenderé contigo en cada paso a Egipto y te volveré a traer, lo que quiere decir que Egipto no es la tierra prometida, es algo temporal con un propósito específico. Después de eso vas a volver. Yo soy Dios, no tengas miedo, estoy trabajando, estoy contigo, palabras grandes. Y después de eso, casi que por añadidura, dice: José estará contigo también. José, el hijo que amas, estará contigo también. Cuánta misericordia de Dios encontrar a Jacob en este momento de fe significativo para recordarle que Él es Dios, que Él está reinando, que Él está obrando con un propósito y que Él lo va a acompañar.
Lo que Dios está haciendo es trayendo consuelo a la vida de Jacob. ¿Y cuál es ese consuelo? Ese consuelo radica en que Jacob recuerde quién es Dios y que Él es fiel. El consuelo que Jacob necesita no es saber que todo va a salir bien. El consuelo que Jacob necesita es recordar que así como Dios ha sido fiel, Él seguirá siendo fiel y que Él está trabajando y que Él estará con él en cada paso del camino. La añadidura es la vida personal. Y por si fuera poco, José va a estar contigo. ¿Y saben qué es lo que me encanta de todo este pasaje?
Que lo mismo es verdad para nosotros. El confort que nuestra alma necesita radica en recordar que Dios sigue siendo Dios, que Él sigue cumpliendo sus promesas en nuestra vida, que Él está obrando con un propósito que no es aleatorio, que nada se le escapa. Y el mandamiento que nos manda es: no tengan miedo, tranquilos, porque yo estoy con ustedes. Y cuando recordamos la fidelidad de Dios, lo que Él ha hecho, eso nos impulsa a vivir una obediencia valiente. Y al vivir esa obediencia valiente como Jacob, entonces nos alineamos a su plan y encontramos satisfacción. Escucha esto.
La satisfacción no está en que las cosas salgan como nosotros queremos. La satisfacción está en que alineamos nuestra vida a Dios por nuestra obediencia valiente, que es respuesta de recordar su fidelidad. ¿Ven eso? Es como que Dios le dice a Jacob y nos dice a nosotros también: enfóquense en lo importante, en lo que yo estoy haciendo, dependan constantemente de mí, obedezcan cuando tienen que obedecer, aunque eso les dé miedo, y yo me encargo de ustedes. Ustedes no se encargan de ustedes mismos, yo me encargo de ustedes. ¿Saben cómo lo dice Jesús? Jesús lo dice de esta manera: busquen primeramente el reino de Dios y su justicia.
Enfóquense en lo grande. Dependan de mí para vivir en misión, en el reino que yo estoy haciendo, vivan una vida justa, ¿y qué? Y Él les dará todo lo que necesiten. Todas las cosas pequeñas, pero reales, legítimas de tu vida, lo que te preocupa, el mañana, tus hijos, el trabajo, las finanzas, todo eso, déjenmelo a mí.
Que yo los cuido a ustedes. Ustedes enfóquense en lo grande, en lo importante, dependan de mí, vivan una obediencia valiente. ¿Estás dispuesto a confiar en el cuidado de Dios o quieres seguir confiando en tu propio cuidado para proteger tu vida y tus planes y tus sueños? ¿O estás dispuesto a dar ese paso y ponerte en una situación donde solo puedes depender de Él? Esa es la idea. Después de eso, resulta que Jacob sale de Berseba y se va hasta Egipto. Y lo que encontramos es que las Escrituras nos dan una lista de todas las personas que formaron parte de ese viaje.
Una lista detallada que ahorita no voy a leer, pero básicamente es lo siguiente. Jacob tuvo una esposa que se llamaba Lea. Lea tuvo estos hijos que tenemos aquí, pero las Escrituras dicen, que lo pueden leer en casa, en total eran 33 personas, los hijos de Rubén, de Simeón, de Leví, de Judá, de Isaacar y de Zabulón. Pero Zilpa, quien era la sierva de Lea, Lea le dio a Zilpa como mujer también a Jacob para ser más fructífera y tener más hijos, ese es otro relato. El total de sus descendientes fueron 16 personas.
Raquel, la madre de José y Benjamín, tuvieron unos descendientes totales que suman 14 y Vila, siete. Entonces encontramos este relato y yo quiero mencionar un par de cosas llamativas, interesantes. En el versículo 10 se nos dice que Simeón, uno de los hijos de Lea, tuvo un hijo que se llamaba Saúl, cuya mamá era una mujer cananea. ¿Qué quiere decir eso? Que era una mujer que no formaba parte de la descendencia directa de Abraham.
Y el versículo 20 nos habla que José, como bien recuerdan, tuvo dos hijos, Efraín y Manasés, y se nos recuerda que la mamá de esos hombres era una mujer egipcia, la hija de un sacerdote pagano llamado Potifera en Egipto. Entonces, escucha esto. Dios le hizo una promesa a Abraham de hacer una nación. Estos son los inicios de esta nación, los "OG" que llaman, los primeros. Y en esa lista inicial, las Escrituras nos dicen de dos mujeres en particular y no nos dicen mucho de las otras mujeres. ¿Por qué? ¿Por qué ese detalle es importante?
Yo creo que estos son destellos de cómo la bendición de Dios no se limita a la descendencia étnica del pueblo israelita ¿Qué quiere decir esto? Que Dios había permitido en su soberanía que estas dos mujeres extranjeras formaran parte del número inicial del pueblo de Israel. ¿Qué quiere decir eso? Está apuntando al cumplimiento de la promesa. ¿Se acuerdan de la promesa de Abraham? Tierra, nación y bendición a todas las naciones. La bendición a todas las naciones se iba a cumplir por medio de Jesús, quien ahora por medio de la fe en él, no solo los descendientes étnicos de Abraham tenemos acceso al reino de Dios, sino los colombianos, venezolanos, hondureños, mexicanos, franceses, españoles, todos por medio de la fe.
Y aunque eso viene años después, Dios está permitiendo que en los inicios hayan destellos de cómo él ha incorporado a extranjeros a este pueblo. Sumamente interesante. Y el otro detalle es que en el versículo 27 se nos dice que el total de los descendientes eran 70 personas. Si usted es bueno en matemáticas, 33 más 16 más 14 más 7 suma 70. ¿Y por qué esto es importante? Porque es un número que habla de plenitud, de algo completo. ¿Y por qué es importante esto? Porque está diciendo: Dios ha venido cumpliendo la promesa que le hizo a Abraham.
Esa promesa que le hizo a Abraham inició con un niño llamado Isaac, solo uno. Y de ese uno, ya tenemos 70. Y estos 70, que ya habla más de un pueblo, está entrando a Egipto y en Egipto estos 70 se van a convertir en millones.
Dios está trabajando. La audiencia original que leía esto está diciendo: "De ahí vengo, esas son mis raíces". Tal vez nosotros no lo entendemos de esa manera, pero está dejando un precedente de cómo Dios permitió que Israel llegara a ser lo que es. Versículo 28, dice lo siguiente: "Cuando ya estaba cerca de llegar, Jacob mandó a Judá a que se adelantara a fin de encontrarse con José y averiguar el camino a la región de Gosén". Notemos algo. ¿Quién es el líder de esta familia ahora? Judá.
No es Rubén, el primogénito, el mayor. Judá, a través del arrepentimiento de unas semanas atrás, vayan y vean la prédica si no se la perdieron, Dios lo había ahora empujado a asumir una responsabilidad, una iniciativa especial como respuesta a su arrepentimiento. Sumamente interesante. "Cuando por fin llegaron", versículo 29, "José preparó su carro de guerra y viajó hasta Gosén para recibir a su padre Jacob". José sale con un carruaje, con un carro de guerra. Me lo imagino vestido con sus túnicas egipcias.
Imaginen esto, es el gobernador de este imperio. Viene con todo su esplendor a necesitar a su padre. Pero cuando José llegó, corrió a los brazos de su padre y lloró sobre su hombro un largo rato. Aunque venía el gobernante del imperio mismo, ante su papá, todo eso se cae y se presenta como tan solo su hijo. Y los dos se funden en un abrazo después de 22 años de no verse. Tal vez algunos de nosotros hemos experimentado un abrazo como ese.
Entonces, finalmente Jacob le dijo a José: "Ahora estoy listo para morir, porque he vuelto a ver tu rostro y sé que aún vives". Recuerden el paso de fe que dio Jacob y ahora cómo está pagando esa fe. Está recibiendo los frutos de poder abrazar a su hijo. Si se hubiera quedado de brazos cruzados, nada de esto hubiese pasado. Versículo 31: "Entonces José dijo a sus hermanos", ese es el plan que José tiene para ellos, "le dijo a sus hermanos y a toda la familia de su padre: Iré al faraón, al jefe, y le diré: 'Mis hermanos y toda la familia de mi padre han venido a verme desde la tierra de Canaán. Son pastores y crían animales. Han traído sus rebaños y sus manadas y todo lo que poseen'".
Mi familia está aquí. Versículo 33: "Después dijo: Cuando el faraón los llame y les pregunte a qué se dedican, ustedes deben decirle: Nosotros, sus siervos, hemos criado ganado toda nuestra vida, igual que nuestros antepasados. Cuando le digan eso, él los dejará vivir aquí en la región de Gosén, porque los egipcios desprecian a los pastores". Ese es el capítulo.
Un viaje, una jornada desde la Tierra Prometida hasta Egipto. Y cuando llegan aquí encontramos este plan de José, que en realidad es parte del plan de Dios. ¿Y cuál es el plan de Dios? Instalar al pueblo de Israel, a estos 70, en un territorio seguro, Gosén. ¿Por qué es seguro? Porque es el territorio ideal para criar ganado. ¿Y por qué eso es importante? Porque es necesario para que Israel prospere. Y otra cosa es que Gosén está a los márgenes de la tierra de Egipto. ¿Qué quiere decir?
Están en Egipto, pero no están tan cerca de las ciudades principales. ¿Y por qué eso es importante? Para que ellos no se asimilen al paganismo y a todos los elementos negativos de la cultura de Egipto. Entonces, es sumamente interesante, porque Dios no solo está preservando sus vidas al traerlos a un lugar donde sí hay alimento, sino que también está preservando su identidad, porque van a estar ahí cientos de años, para que a lo largo de esos cientos de años su identidad permanezca intacta. La identidad como pastores, sí, pero más importante que eso es su identidad religiosa como el pueblo de Dios.
Entonces, tenemos esto. ¿Qué hacemos? Para mí es evidente, al leer esta historia, que me apasionó muchísimo estudiar, es ver cómo Dios está haciendo algo más grande de lo que Jacob pudiera dimensionar, pero ese algo más grande iba a requerir que él se incomodara, iba a requerir que él hiciera un viaje bien largo, iba a requerir que diera un paso que implicaba muchos riesgos.
Dios está haciendo algo más grande que los descendientes de Israel, los hijos de Jacob, pudiesen imaginar, pero ese algo más grande iba a requerir incomodarse, iba a requerir asentarse en un nuevo lugar. Posteriormente, iba a implicar una esclavitud, iba a implicar sufrimiento. Y lo mismo es cierto para nosotros hoy. Al nosotros seguir a Cristo y querer ser parte de lo que él está haciendo, que es algo más grande que nuestras propias vidas, si nosotros queremos hacer eso, también va a implicar incomodidad, también va a implicar pasos de fe, también va a implicar que tomemos riesgos, también va a implicar que dependamos de él constantemente, que tengamos una valentía para tomar decisiones que lo honren a él. Entonces, ¿cuál es la idea?
Que no podemos participar del plan de Dios y vivir una vida cómoda. Esas dos cosas no van. A lo largo de la historia, eso ha sido sumamente claro. El que sigue a Cristo no va a ser cómodo, lo van a rechazar, va a perder clientes, pero de alguna u otra manera, en nuestra sociedad moderna, hoy, aquí y ahora, hemos casado esas dos ideas y pensamos que podemos vivir una vida cómoda, conveniente y ver a Dios aquí los domingos y saludarlo y seguir como si nada pasara. Pero esas dos ideas no tienen fundamento bíblico.
Entonces, la pregunta para ti es: ¿estás dispuesto a incomodarte? ¿Estás dispuesto a tomar pasos de obediencia que requieren valentía? Para muchos aquí presentes, el paso que tienen que dar hoy es precisamente confiar en Jesús. Ese es el paso de fe que tienes que dar. Es creer que él es quien dice ser, que él es el Señor, que él es el Salvador y al final del día, que él es el perfecto ejemplo de una dependencia constante al Padre cuando vino a este mundo para rescatarnos, que él es el perfecto ejemplo de una obediencia valiente que lo llevó a ser fiel hasta la muerte, para que por medio de su muerte pudiésemos recibir perdón de pecados y ahora se abra un camino para que nosotros podamos ser reconciliados con el Padre, lo cual en sí mismo, el que nosotros seamos reconciliados con el Padre, es el cumplimiento de la promesa que Dios le hizo a Abraham de bendecir a todas las naciones.
Miren cómo todo está conectado. Tal vez el paso que tú tienes que dar hoy es dejar de protegerte a ti mismo, dejar de velar solo por ti, confiar en que Jesús puede protegerte mejor de lo que tú puedes protegerte, que puede darte vida nueva, que puede darte vida eterna y que él puede darte lo que tú no puedes fabricar con tus fuerzas y solamente puedes recibir por gracia Pero para muchos otros de nosotros, que nos llamamos a nuestra fe en Cristo, ese próximo paso se puede ver de muchas distintas maneras y eso es para que tú trabajes con Dios, hacia dónde te está empujando Dios, hacia dónde te está guiando, y que le pidas la valentía para tomar esos pasos. Pero antes de terminar, yo quiero que recordemos un par de cosas.
A la hora de que Jacob tomó esa obediencia valiente y dio ese paso, hubieron dos cosas claves. Él recordó la fidelidad de Dios. Recordó el Dios de mi padre, Isaac, cómo fue fiel con Isaac, cómo ha obrado al llegar hasta acá. Y también fue clave recordar que Dios prometió que lo iba a acompañar en el camino, su presencia iba a estar con él. Y eso empujó a Jacob a seguir dando los pasos necesarios y eso nos debe impulsar a nosotros también, porque nosotros podemos también mirar a la fidelidad de Dios al mirar a la cruz y ver a Cristo y ver lo que él ha hecho y ver lo que ha conquistado y ver la nueva vida que nos ha dado.
Y a la vez, nosotros tenemos la misma certeza de que su presencia nos acompaña en cada paso del camino. Mira como Jesús lo dice en Mateo 28, cuando les dice que vayan a ser discípulos. Él les dice: "Tengan por seguro esto, que estoy con ustedes siempre hasta el final de los tiempos". Iglesia, si nosotros podemos ver la fidelidad de Dios al mirar a la cruz y tenemos la certeza de que su presencia nos va a acompañar en cada paso, entonces, ¿por qué no estamos viviendo una obediencia valiente? ¿Por qué estamos abrazando la comodidad? ¿Por qué estamos abrazando la conveniencia? ¿Por qué estamos paralizados? ¿Por qué estamos viviendo una espiritualidad adormecida?
Mi oración es que como iglesia podamos ser caracterizados por personas que están dispuestos a dar el siguiente paso, cueste lo que cueste, porque vivimos para algo más grande que nosotros mismos y tenemos claro que la satisfacción está no en que nuestros planes se cumplan, sino en alinearnos a su voluntad. Oremos juntos.
Padre, te damos gracias porque nos recuerdas que tú eres Dios y que tú eres fiel. Así como fuiste fiel con Abraham, Isaac y Jacob, así sigues siendo fiel para con nosotros. Y esa fidelidad es representada ante nuestros ojos al ver a Cristo, quien fue fiel hasta la muerte. Padre, te pido que nos des la valentía necesaria para alinear nuestras vidas a tu propósito. Te pedimos perdón por a veces distraernos, por entretenernos, por adormecernos con cuanta cosa y no fijar nuestra mirada en lo que tú tienes preparado para nosotros.
Te pido por las personas que están aquí sentadas, que tú les des la claridad de cuál es ese paso que tienen que dar y que ellas puedan honrarte por medio de su obediencia. Padre, te amamos y te pedimos, Señor, que nos recuerdes día a día, que podamos depender constantemente y recordar que tu cuidado es infinitamente mayor al cuidado que nosotros mismos podemos proveer para nosotros. Te amamos y oramos esto en tu nombre, Jesús. Amén.